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Un alivio, pero escaso

Hay dos ganadores en las elecciones del 28 de abril, el PSOE y C’s; y dos perdedores, PP y UP. Victorias y derrotas lo son en distinto grado y, por eso, admiten lecturas en diferentes perspectivas.

En lo coyuntural e inmediato, la mayoría social respira aliviada, porque ha cortado el paso a una extrema derecha, que se anunciaba peligrosa, “sin complejos”. Las conquistas sociales no desaparecerán y podrán incrementarse en algunos aspectos. A medio plazo, este resultado electoral influirá en las elecciones de mayo, favoreciendo especialmente al PSOE y contribuyendo a demoler al PP. Por lo demás, pocos cambios pueden esperarse. Y, con toda probabilidad, el PSOE formará un gobierno con independientes y apoyos amplios del Parlamento para un programa común, pero nada de coaliciones.

A largo plazo, el resultado de estas elecciones anuncia mayores consecuencias. La consolidación de la renovación del PSOE hará silenciar definitivamente a sus “barones”, que tanto daño vienen haciendo a la socialdemocracia española. Pero, sobre todo, se anuncia un largo proceso de renovación en la derecha, ahora definitivamente diferenciada. Habrá que ver si, con el franquismo ya fuera de su seno, el PP es capaz de subsistir. Los efectos de la corrupción, que irán cayendo gota a gota de los tribunales, tal vez lo hagan desaparecer. Más aún, teniendo, como tiene, sustitutos, tanto para el nacionalcatolicismo, como para el liberalismo económico.

Más dudoso es el futuro de Unidas Podemos. La quiebra electoral ha sido tan notable, como anunciada. De poco ha servido la rectificación subliminal de Pablo Iglesias, con su moderado aire profesoral, contrapuesto a la cal viva que le sigue abrasando. El anuncio, que ha repetido ya dos veces, de una próxima sustitución de su puesto por una mujer quizá pueda encarrilar algo a ese sector de la izquierda. Aunque el asunto aquí no es sólo de personas, sino de proyecto. Sin apertura democrática, la construcción de la izquierda no tiene futuro. O cesan los autoritarismos de las ejecutivas y se da la voz a las bases territoriales o veremos retroceder los apoyos sociales inexorablemente.

Hay otro asunto oculto, que sólo ha podido ser observado desde el interior, en estas elecciones: la ruptura de EQUO. El partido ecologista, que nunca logró ocupar un puesto relevante en el panorama político, es ahora una entelequia. El escaño de Juanxo López Uralde no será suficiente para reparar el último desgarro en su seno. La vía del ecologismo tendrá que buscar otros caminos y eso será en la refundación general que reclama toda la izquierda.

Marcelino Flórez

Valladolid, en confluencia

Hay palabras que cuesta más explicar que otras. Una de ellas es confluencia. Llevamos cinco años practicándola en Valladolid y todavía algunos medios de comunicación no lo han entendido. Estos días podéis haber escuchado o leído que IU celebraba elecciones primarias, cuando quien las celebraba era VTLP, donde también está IU, pero que no es IU, sino una confluencia de partidos y movimientos sociales.

¿En qué consiste esa confluencia? Primero, en aceptar no presentar listas electorales propias por parte de los partidos confluyentes. Segundo, en animar a sus seguidores a inscribirse en VTLP. Tercero, en participar en la asamblea para dotarse de normas de comportamiento o código ético y de un programa electoral, así como para elegir a sus representantes mediante elecciones primarias abiertas.

La asamblea resultante de la confluencia no representa a nadie, ni depende de nadie; es autónoma y practica una democracia transparente e inclusiva, por lo que se busca siempre el consenso y no la imposición de mayorías. Tiene que haber, claro está, un acuerdo mínimo de partida, que se concreta en el Código Ético y en los programas electorales. Esa es toda la ideología. Las particularidades se ejercen en los partidos y movimientos de los que proceden las personas y a los que todo el mundo respeta.

VTLP se inició en el verano de 2014 con la intención de aglutinar a las personas ubicadas políticamente a la izquierda, de manera que se ofreciese a la ciudadanía una única opción más allá del PSOE. Se consiguió esa unificación con la sola excepción de Podemos, que creó un partido funcional, Sí Se Puede, con el que obtuvo tres concejalías a pesar de tratarse de personas poco conocidas y poco integradas en el movimiento social.

En septiembre de 2018, VTLP ofreció nuevamente a Podemos confluir en esta Plataforma y comenzó a esperar una respuesta, que se retrasaba constantemente. El 8 de noviembre se celebró una reunión, urgida por VTLP. Otras reuniones, siempre urgidas por VTLP, se repitieron los días 22 de noviembre, 4 y 19 de diciembre. En esas reuniones se invitó a Podemos a participar en el proyecto Valladolid-2030, que se venía desarrollando para comenzar a redactar participadamente un programa electoral. La invitación, acordada verbalmente, se cursó formalmente por escrito. Pero nadie asistió al Valladolid-2030. El día 19 Podemos propuso un calendario, en el que se fijaba una primera asamblea conjunta para el día 2 de febrero, con la decisión de confluir ya tomada y aprobada por las respectivas asambleas. VTLP aportó, por su parte, tres documentos en borrador, para ir iniciando tareas y ante la urgencia de los plazos con vistas a las elecciones municipales. Los documentos eran un reglamento de primarias, un código ético y una propuesta específica de confluencia.

El día 24 de enero, viendo que no había ninguna respuesta y que se acercaban las fechas para tomar decisiones, VTLP urgió una nueva reunión, en la que Podemos dijo que no estaba en condiciones de cumplir su propio calendario. Finalmente, hemos sabido por la prensa que el Consejo Ciudadano (en la fotografía oficial aparecen ocho personas en círculo cerrado y dos sillas vacías dentro del círculo) había decidido por unanimidad no confluir con VTLP. Eso fue el 15 de marzo, pero seis días antes se había celebrado una asamblea local o provincial, a la que no se le dio la oportunidad de emitir su voto sobre esta cuestión, después de que “dos tercios” de ella se manifestasen partidarios de la confluencia, como me han asegurado dos personas diferentes, de las 27 que estuvieron presentes. El tercio que no estaba de acuerdo es el que aparece en la fotografía oficial. Relato esta crónica pormenorizada, porque nadie ha podido seguir el proceso a causa de la manipulación informativa de que ha sido objeto.

Una decisión de ese tipo necesita ser justificada ante la sociedad. Tres “razones” aduce Podemos para tomar esa decisión; dos de tipo programático: el soterramiento y la ley mordaza; y una referida al nombre de la confluencia, donde la sigla Podemos debería figurar en las papeletas.

Hay que afirmar que las razones no son tales, sino que se trata de excusas, pues nunca se ha llegado a hablar en las reuniones de esos asuntos, aunque hayan podido ser mencionados en alguna ocasión, y lo que figura en la propuesta escrita de acuerdo, cuyo borrador VTLP entregó, es lo siguiente en cuanto al programa:

PROGRAMA ELECTORAL PARTICIPATIVO

Se promoverá un proceso de debate abierto a la ciudadanía, a partir de un borrador redactado por una comisión programática. Esta tendrá en cuenta las conclusiones del proceso Valladolid 2030, así como el balance de la experiencia de gobierno, tanto para planificar el desarrollo de los proyectos iniciados en el actual mandato, como para abordar aquellas cuestiones que no se hayan acometido en estos años.

Los partidos políticos, así como cualquier otro grupo organizado que lo desee, podrán realizar sus aportaciones colectivas al proceso de debate del programa.

La comisión que redacte el borrador propondrá una metodología que permita la presentación de enmiendas, la construcción de consensos y, en último caso, la resolución democrática de los disensos. No obstante, se garantizará una reflexión suficiente sobre aquellos asuntos en los que mayor debate se suscite, dedicándoles mayor tiempo y una metodología particular si fuera necesario. En todo caso, la decisión final sobre el contenido parcial y global del programa, corresponderá a la asamblea abierta”.

Que se trata de una excusa necesita pocas pruebas, después de la crónica que hemos hecho y del texto de acuerdo programático, donde no hay un solo obstáculo para tratar cualquier tema, pero tenemos un argumento más. En la explicación de su decisión de no confluir, tal y como la expresaba lo que parece ser el órgano oficial de comunicación de Podemos, dice: “para Podemos significaba más una integración que un proceso de confluencia”. Pues claro. ¿Es que, acaso, confluir no es integrarse? ¿Cuando un río confluye con otro, acaso no se integran? ¿Y cuando los ríos confluyen en el mar, acaso no se integran?

No son los medios de comunicación los únicos que no han entendido lo que significa confluencia. Podemos tampoco lo entendió en 2014 ni en 2019. Siguen pensando en coaliciones, en decisiones desde los despachos con un par de personas u ocho como mucho. La asamblea, abierta, libre, les produce pavor. Pero en VTLP quien manda es la asamblea y lleva ya cinco años demostrándolo.

Marcelino Flórez

Los símbolos y sus significados.

La vuELta.

El error del cartel, que sólo un enemigo pudo idear, más que por rezumar machismo, que también, lo es por la imagen de hiperliderazgo que propone. Queda muy claro que nada está por encima del líder. Ni siquiera las siglas, cosa increíble en este caso, donde tanto se idolatran, a pesar de sus pocos años, tienen primacía. Mucho menos lo tendrá el movimiento social o, incluso, las bases populares adscritas a las siglas. El cartel sería sólo un error, si no fuese un símbolo.

Porque lo malo es la concordancia del cartel con las políticas, invariables desde aquel indeleble 2 de marzo, que la moción de censura no ha logrado borrar. Esas políticas son la opción por las coaliciones frente a las confluencias, la designación de candidaturas frente a primarias abiertas, la exclusión del movimiento social y político frente a la apertura a la pluralidad. Ahora podemos afirmar con el profesor Cotarelo, maestro de nuestro líderes supremos, que “Podemos es lo peor que ha pasado a la izquierda española desde 1975”. Lo dijo en su blog, Palinuro, el día 27 de junio de 1916, y todos los pasos seguidos, incluído el cartel del vuELve, lo confirman. Hemos perdido una oportunidad y hay que ponerse a pensar en reconstruir desde la pérdida.

Ya nos ocurrió algo parecido en 1982, cuando las elecciones sepultaron al PCE, al tiempo que derribaban a la derecha del poder con un voto masivo, aunque prestado, al PSOE. Nos volvió a ocurrir con Izquierda Unida a causa de la estrategia de las dos orillas, practicada entre 1993 y 1996 con la táctica de la pinza, que protagonizó Anguita, hermanándose con Aznar. Y se vuelve a repetir con Podemos, incapaz de entender lo que significa confluencia y de lo que es la pluralidad, incapacidad que se rematará poblando de cuneros las cabeceras de las listas electorales en todas las provincias. Por muchas razones, el 28 de abril tiene un espejo en el 28 de octubre de 1982, cuando el PCE quedó reducido a cuatro escaños, y en el 9 de marzo de 2008, cuando Izquierda Unida se quedó con sólo dos escaños, culminando la decadencia que comenzó en la estrategia de 1993.

Sabemos también que la historia no se repite y que el 28 de abril tiene muchas diferencias con sus espejos, salvo en una cosa: ahora como antes, los votantes naturales de la izquierda están desanimados a la vez que temerosos de la derecha, que ya sólo es extrema. La duda es si irán a votar y la batalla es la batalla del voto, que sólo se ganará si se sabe señalar bien al enemigo y se deja abierto algún espacio que ampare el desaliento. Esto, el 28 de abril, porque lo que traerá mayo será bien diferente. Para entonces contarán menos esos líderes.

Marcelino Flórez

Madrid es un modelo político

Pablo Iglesias está gestionando la crisis con Más Madrid a su estilo, incluyendo en ese estilo el insulto, el circunloquio, la metáfora y cuantas figuras literarias sirvan para decir lo que se desea, sin que lo parezca.

Decir, por ejemplo, “Íñigo, a pesar de todo, no es un traidor” significa introducir la idea de traidor en el debate. Como cuando decimos retóricamente “no voy a afirmar que el suyo sea un partido corrupto, pero ahí esta la Gürtel y cien casos más”, lo hacemos para recordar la corrupción. Pablo Iglesias utiliza figuras literarias, Echenique o Monedero son directos, insultan y se lavan las manos. Pero esto no es más que un velo que oculta lo que importa.

La decisión que ha tomado el Consejo Ciudadano de elegir primero una candidatura para la Comunidad de Madrid y negociar después con Más Madrid responde a la opción por buscar una coalición y no una confluencia. Del mismo modo, el empeño en afirmar que Errejón y Carmena han creado un nuevo partido, además de manifestar un deseo de diferenciación y aun de exclusión, tiene igualmente la voluntad de negar el principio de la confluencia. Cada paso va en la misma dirección y, de ahí, el empeño en que el nombre “Podemos” figure en papeletas, carteles y cada acto público que pueda celebrarse. El partido es la prioridad y su control ha de ser férreo. Hasta aquí, todo igual que en 2015. La única diferencia es que entonces el enemigo era Izquierda Unida y ahora se llama Errejón.

Bueno, hay otra diferencia. En 2015 Podemos estaba en la cresta de la ola y ahora se ve arrastrado por la arena de la playa. Los resultados de Andalucía, que confirman la tendencia imparable hacia la irrelevancia, ya no se pueden excusar con echar la culpa a los socios.

Por eso, Podemos lo tiene ahora más difícil. Ya no manda en los procesos de confluencia y, ni siquiera, en los procesos de coalición. De hecho, Izquierda Unida de Madrid ha convocado a sus socios de coalición, EQUO y Podemos, para tratar de tomar una postura conjunta respecto a Más Madrid. Lo que en esa reunión se decida, acuda quien acuda, es muy importante para la relación con Podemos, pero no determina nada respecto a Más Madrid.

Más Madrid es quien hegemoniza este proceso y, si manda, es porque esa marca es mucho más que Carmena y Errejón. Me sorprende observar cuánta gente habla de personalismo o de hiperliderazgos y, como concluyendo, de ambiciones personales al analizar lo que está ocurriendo en Madrid. Lo entiendo en el caso de periodistas y tertulianos, que son profundamente ignorantes de lo que no se halle en la superficie, a causa de su alejamiento del compromiso participativo, pero no lo entiendo en el caso de los militantes de la izquierda.

Más Madrid es hegemónico porque se nutre de una base social, del movimiento social realmente existente, el mismo que hizo posible Ahora Madrid o la las movilizaciones del 15-M. Por eso, es fuerte, es comunitario y no personalista, y es confluyente. Más Madrid no desprecia a los partidos. Al contrario, defiende el derecho a las diversas identidades. Lo que Más Madrid pone en cuestión es la forma de los partidos hasta ahora existentes, la jerarquía de su organización y de su toma de decisiones, el anteponer los intereses de partido a las necesidades de grupos sociales extensos. Pone también en cuestión las siglas de esos partidos, porque están gastadas y son rechazadas por mayorías crecientes de personas, como demuestra la abstención en Andalucía.

Me atrevo a vaticinar que Más Madrid será la forma de confluencia en la capital y en la Comunidad Autónoma, que lo es ya. Allí podrá integrarse quien lo desee, pero sin añadir guión Podemos o guión Unidas Podemos o cualquier otro guión. Eso es así ya y las encuestas dicen que la fórmula tiene futuro. Lo otro, lo que ocupa los titulares de la prensa, no es más que la crónica de la pérdida de la hegemonía de los viejos partidos de la izquierda y su resistencia al cambio.

Marcelino Flórez

El terremoto político de Madrid


La Carta de Carmena y Errejón, manifestando su hermanamiento, ha sido presentada en los medios como si de un terremoto se tratase. Nada de eso, es la última secuencia, por ahora, de un conflicto que recorre a la izquierda plural desde hace más de veinte años. Simplificando, el debate se había concretado en los últimos años en un conflicto entre radicalidad y transversalidad. Algunas personas preferían mantener puras sus esencias, aunque no lograsen agrupar a mucha gente, mientras que otras personas preferían prescindir de algunas esencias y poner en común con mucha gente lo que fuese posible y, así, ir consiguiendo cosas, aunque fuese a pasos lentos.

En medio de ese conflicto y ese debate se insertó el 15-M, que lanzó algunos mensajes claros. El primero, que prescindía de las esencias, las cuales ya no les representaban, y que optaban por la deliberación, esto es, el diálogo para llegar al convencimiento y al acuerdo en lo común. Por eso, en las asambleas del 15-M no se votaba, sino que se aclamaba lo razonable, lo que llegaba a ser compartido, o sea, lo común. El segundo mensaje nítido es que se negaba a delegar la opinión, el voto, la decisión en ninguna estructura constituída, reclamando, por el contrario, la palabra, la asamblea, la calle.

En términos políticos, tanto el viejo conflicto de la izquierda plural, como el mensaje de la juventud en las plazas el 15 de mayo de 2011, dejaba claro que los partidos políticos, tal y como Lenin los imaginó para hacer la revolución, habían llegado a su fin. O se aprendía a mandar obedeciendo o se iba a la quiebra. Izquierda Unida, que ya había tenido varias oportunidades para captar el mensaje nuevo, desoyó a la multitud, optó por el leninismo bajo la forma de anguitismo y fue a la quiebra. Entonces surgió Podemos, que aparentó durante unos meses aportar el aire fresco de las plazas de mayo. Pero enseguida demostró que aquello era un espejismo: comenzó intentando controlar al nuevo municipalismo; cometió el enorme error de impedir el paso al PSOE y consentir la continuidad del PP en el gobierno; y terminó demostrando en Vistalegre II que era más leninista que el más viejo de los partidos comunistas. La decepción se confirmó elección tras elección, hasta obtener el resultado de Andalucía, donde se logra que acceda al poder un partido en quiebra, que ha perdido dos tercios de los votos que obtuvo hace ocho años. No hay forma más evidente de mostrar la inutilidad de una fuerza política.

Errejón sabe esto muy bien, lo mismo que Carmena. Hace unos meses, Carmena y su equipo y sus apoyos externos dejaron claro a Pablo Iglesias y a su estructura ejecutiva que esta vez no iban a consentir el control externo del municipalismo, que no se iban a someter a ninguna coalición de partidos, sino que allí participaba toda la gente en libertad, en igualdad y en deliberación. Si Pablo Iglesias y Julio Rodríguez cedieron aquí, es porque sabían que perdían la partida.

Ahora Errejón ha hecho lo mismo. Al día siguiente de que la estructura ejecutiva le intentase hacer una lista de coalición de partidos, dijo que él iba con Carmena a la asamblea. No hay más terremoto que éste. Y este órdago lo ha ganado ya Errejón y su equipo y sus apoyos externos. En mayo, cuando termine la partida en la capital de España y en su Comunidad Autónoma, se sabrá si la gente prefiere coaliciones o confluencias, ejecutivas o asambleas, normativa o deliberaciones. No es otra cosa lo que está en discusión. Y en Madrid hay sitio para todas las opciones. Bueno, también se ponen a prueba los líderes, pero ese es asunto menor.

Marcelino Flórez

Andalucía vuelve a aclararnos

La derecha ha ganado las elecciones en Andalucía y la izquierda ha perdido. La derecha ha ido a votar y la izquierda se ha quedado en casa. En general, ha sido así, pero lo interesante está en lo particular.

En la derecha, el PP ha perdido. Han sido sólo 7 escaños menos y en torno a trecientos mil votos, respecto a las últimas elecciones. Pero si retrocedemos diez años, el PP suma un millón de votos menos, casi dos tercios menos. Y eso yendo a votar los restos de fieles en su totalidad. Mi augurio para el PP es desastroso y lo es, porque es definitivo: los franquistas que navegaban en su seno han ido a VOX para quedarse; los liberales ya están asentados en Ciudadanos; le quedan los católicos y esos también pueden encontrar otros acomodos. Mal se le pone el ojo a la burra. Por mí, pueden seguir celebrando el triunfo.

En la izquierda han perdido los dos, pero son pérdidas distintas. El PSOE pierde cuatrocientos mil votos, cien mil más de los que han ido a Ciudadanos, que se han quedado en casa. Son votos recuperables esos cien mil, pero sin Susana Díaz. Es la presidenta la que ha perdido, porque goza de un rechazo general. Rechazo, por supuesto, de la derecha y de la izquierda, pero rechazo también de los votantes socialistas, que son un millón menos que en 2008. Susana Díaz se lo ha ganado a pulso, desde aquel Consejo Político que defenestró a Pedro Sánchez. Lo único que aquí me sorprende es que aún no se haya ido. Tendrán que echarla.

Y pierden Podemos e Izquierda Unida, la coalición de las coaliciones. Con lo fácil que lo tenían, y es la segunda o tercera vez, pero han logrado que se queden en casa doscientos mil votantes, además de no recoger un solo voto del millón de las izquierdas, que vagan sin dueño. Es lo que tiene despreciar confluencias y pretender hegemonías. En España casi ni nos enteramos, pero en Andalucía sabían que la coalición había prescindido de EQUO por no querer darle visibilidad garantizando un puesto de salida. El resultado han sido tres puestos menos y la pérdida creciente de credibilidad. El espíritu de Vistalegre sólo tiene un destino, el fracaso. Se va repitiendo elección tras elección y ya está todo preparado para las próximas con primarias domésticas. Carmena ha logrado contenerlo en el Ayuntamiento de Madrid, aunque Íñigo Errejón lo va a tener más difćil. El municipalismo ha de ser el muro de contención, la confluencia sincera, la asamblea sobre los líderes alfa, la creación de liderazgos que sepan mandar obedeciendo, justo lo contrario de Vistalegre II.

No estoy triste, porque terminar con el susanismo era una tarea de higiene imprescindible, porque dejar el espacio de la extrema derecha bien definido es mejor que mantenerlo enmascarado con catolicismos y liberalismos. No estoy triste, porque las coces contra el aguijón de la izquierda plural ya no pueden resistir más tiempo.

Marcelino Flórez

Vistalegre versus Carmena

Se ha insistido tanto en que Podemos gobierna en el Ayuntamiento de Madrid, que hemos llegado a creérnoslo. Ha sido una tarea de los medios de comunicación con la colaboración de la dirección de Podemos. Pero en Madrid no gobierna Podemos, sino una confluencia municipalista con el nombre de Ahora Madrid, de la que forman parte algunos partidos políticos, como Izquierda Unida, Equo y también Podemos, además de otros varios. Sin embargo, los medios no han cesado de decirnos que en Madrid gobernaba Podemos, no sé si con intención o por pura ignorancia, pero nos lo habíamos llegado a creer.

Desde que el municipalismo se insertó en un sector de la izquierda, no ha cesado la lucha por su control. La actitud de Podemos hace cuatro años fue modélica, luchó para que su nombre apareciera en las papeletas, inventó nombres similares, batalló sin descanso para evitar las confluencias y sustituirlas por coaliciones que se decidiesen en los despachos, en definitiva, puso de manifiesto que no quiere ni oír hablar de asambleas municipales, sino que se oiga sólo la palabra Podemos. Todo controlado desde la cúpula. En Valladolid lo sabemos bien, pero aquí el municipalismo siguió adelante a pesar de los obstáculos y ha ganado un espacio definitivamente.

La actitud de Podemos no fue la única leninista, también un sector de Izquierda Unida hizo la misma guerra, aunque resultó ser minoritario, en Madrid y en España; y, sobre todo, batallaron por esta causa los anticapitalistas, precisamente el grupo que hizo posible con su logística el éxito inicial de Podemos. Paradójicamente, es el PCE, originariamente controlador como ninguno, el que mejor ha comprendido qué es eso del municipalismo y el único que no pone palos en las ruedas.

El conflicto que acaba de estallar en Madrid con los seis concejales de Ahora Madrid expulsados de Podemos es la repetición de la historia cuatro años después. Pero ya nos enseñó Marx que la historia no se repite y lo que una primera vez resulta ser una tragedia, suele devenir en comedia en el segundo intento, como ejemplificaba con El 18 de brumario de Luis Bonaparte. Efectivamente, esta vez el “Coup d’Etat”, que diría Proudhon, se ha visto congelado desde el primer instante. Los medios lo presentan como una resistencia hasta la victoria final de Manuela, pero no es así, sino que es el reforzamiento del municipalismo en Madrid.

Se comprende mejor si nos fijamos en el hecho concreto: Julio Rodríguez pretendía hacer primarias en Podemos, con una lista encabezada y confeccionada por él. Esa sería la lista de la que extraer ordenadamente el número de nombres que se decidiese en una coalición de partidos. Los seis concejales expulsados han dicho que no, que su lista la encabeza Carmena y se vota en las primarias de la asamblea, allí donde confluyen cuantos partidos políticos y movimientos sociales lo desean, además de personas a título individual.

Los medios siguen presentando el asunto como un conflicto personal entre Pablo Iglesias y Manuela Carmena. Nada más lejos de la realidad. Es un conflicto entre el espíritu de Vistalegre, que aún no ha sido aminorado, y el municipalismo, donde la asamblea es soberana, no mercenaria.

Marcelino Flórez