Archivo de la etiqueta: Podemos

Toma la Palabra. Crónica y análisis

I

La Asamblea de 18 de enero de “Valladolid toma la palabra” ha tomado importantes decisiones. La primera, formar una coalición de partidos para presentarse a las elecciones municipales en toda la provincia. La coalición es una mera fórmula jurídica, porque la propuesta manifestada en julio de 2014 sigue siendo la misma: asambleas democráticas para decidir cada cosa. Los partidos hasta ahora coaligados, IU y Equo, han dado muestras de una generosidad inusual. No sólo han puesto toda su infraestructura y sus recursos al servicio del común, sino que renuncian a reservar cuotas en las listas electorales. Más pureza es imposible, quizá por eso estaba la gente tan contenta en la Asamblea del 18-E. Además de personas de los partidos, forman esta asamblea personas del movimiento vecinal, del movimiento sindical, de la cultura, de la cooperación, de la economía solidaria y la banca ética, del ecologismo. Realmente, no falta nadie. Por eso, la Asamblea ha perdido el miedo sobre si se apunta o no algún otro partido. Como la puerta está abierta a personas y organizaciones, quien lo desea puede estar. Quien prefiera otra cosa está en su derecho, pero el tiempo de las excusas ha terminado.

La otra cosa esencial que decidió la Asamblea fue el reglamento de elecciones primarias. Gratifica mucho ver a la gente joven, cargada de saberes, explicar las opciones que se han barajado y las propuestas que se llevan a la Asamblea. Habrá dos votaciones, una para la cabecera de la lista, otra para el resto de la lista. Cada proceso se hará en una sola votación, para lo que se ha elaborado un método del que resulte el consenso, a la vez que impida que se imponga cualquier lobby. Para la cabecera se votarán hasta tres nombres y para las listas cada persona podrá votar hasta cuatro mujeres y cuatro hombres en series diferentes, que luego se ensamblarán en cremallera. Los votos, en este caso, tienen una ponderación diferente según el lugar jerárquico que ocupen en la lista. El resultado de estos métodos aporta pluralidad y consenso. Es la nueva democracia deliberativa hecha realidad.

Sólo falta por ser aprobado el código ético, al que tendrán que someterse las candidatas y los candidatos que se presenten y donde se especificarán otros compromisos participativos, como la consulta ciudadana antes de tomar decisiones importantes. Por lo demás, los grupos de trabajo establecidos continúan con su labor e invitan a quien lo desee a sumarse.

II

Se tomó otra decisión el día 18: aprobar un nombre para la coalición. Un grupo de trabajo se había ocupado previamente de recibir propuestas sobre el nombre y de hacer algunos talleres para seleccionar entre esas propuestas. Se decidió por aplastante mayoría que ese nombre fuera Valladolid toma la palabra (al principio se escribía con el acrónimo VTP), el mismo que llevaba el manifiesto que dio origen a este proceso en el mes de julio de 2014. ¿Por qué era importante decidir en asamblea el nombre?

Detrás de esta decisión hay una larga historia. Nada más presentarse el manifiesto de VTP, dos o tres personas se dirigieron a los representantes para ofrecer una confluencia ciudadana bajo la denominación de ‘Ganemos’. La Asamblea de Toma la Palabra lo aceptó gustosa y una mayoría de miembros asistió a la presentación de ‘Ganemos’. Aquella fue la primera y la última asamblea de esa denominación. Después, VTP se ha dirigido, directamente y a través de los partidos presentes en el movimiento, a las tres o cuatro personas que controlan la denominación ‘Ganemos’ , pero no han obtenido respuesta. Ha tenido lugar un verdadero secuestro de una denominación que existe en otros lugares, como Barcelona o Madrid. Este insólito caso pone de manifiesto que el movimiento participativo puede correr peligro cuando cae en manos de personas aisladas y desconocidas. Aunque en otros lugares de España los mismos partidos y los mismos movimientos sociales concurren bajo la fórmula de ‘Ganemos’, eso no será posible en Valladolid, debido al secuestro del nombre que les cuento. De ahí la importancia de decidir en asamblea con qué nombre concurrir a las elecciones municipales en toda la provincia de Valladolid.

Hay otra cosa más detrás de esta decisión. Desde el mes de julio, Toma la palabra se ha dirigido, de forma insistente y repetida hasta la humillación, al nuevo partido político ‘Podemos’ para invitarle a participar en el movimiento. Un rosario de excusas ha sido la única respuesta hasta el día de hoy y así seguiríamos si VTP no hubiese decidido ponerse nombre definitivamente y dejar de depender de una estrategia oculta de un partido nuevo, cuyo único fin da la impresión que es debilitar a Toma la palabra, retardando lo más posible su conocimiento por parte de la sociedad vallisoletana. Aunque sabemos perfectamente quiénes somos cada cual, porque los teóricos de ‘Podemos’ se han definido en varias ocasiones y yo mismo les he hecho algunos comentarios de texto, es la práctica lo que mejor define a las organizaciones. En este caso, esa práctica denota mucho leninismo y poca aceptación de la pluralidad social. Advierto, además, otra contradicción: se desprecia a los partidos políticos existentes, aplicando el insultante término de “sopa de letras” a un movimiento político modélico en transparencia y participación, mientras se constituye un nuevo partido que renuncia a toda colaboración con los que aparentan ser próximos. Eso sólo se entiende si la voluntad es llegar a ser un partido único. Mala cosa.

Marcelino Flórez

 

Lo que importa en la izquierda

Uno se alegra cuando su análisis de la realidad se ve refrendado por el propio acontecer. Eso no ocurre cuando se confunde la realidad con el deseo, como nos suele pasar a los optimistas. Esta es la razón por la que intento separar las opiniones de los hechos y en el momento político que estamos viviendo hay algunos hechos destacados:

– ‘Podemos‘ se ha convertido en una fuerza hegemónica. Ya es el primer partido en intención de voto. Salen a ganar, al asalto del cielo, y lo van a conseguir. Está constatado también que no quieren compañeros de viaje para compartir esa victoria; y menos, si son “cadáveres políticos”. Aunque su programa no está conformado, se presentan como una opción moderada, ni de derecha ni de izquierda; y limpia, aunque sólo sea por ser nueva y negar cualquier origen o referencia anterior, coincida o no con la realidad esa negación.

Yo no estoy de acuerdo con la oferta de ‘Podemos‘, principalmente porque no reniego ni de mi origen, ni de mi identidad, pero no me preocupa el nuevo partido. Es más, sigo con gusto su trayectoria y disfruto al ver los nervios que provoca en la derechona, algunos de cuyos votantes van a cambiar de bando, como el miedo. Que siga su camino y cuantos más éxitos, mejor.

– El PSOE también es izquierda y tiene muy poco que ver con el PP, por más que hayan coincidido en someterse a la troica europea. Sigo defendiendo que es un error de bulto esa identificación que un grupo social expresa con el dicho “PSOE-PP, la misma mierda es”. Sin embargo, el PSOE es uno de los dos partidos hasta ahora hegemónicos y turnantes. Ahí se ha encontrado tan a gusto y ha disfrutado de las mieles del poder y del mal uso de los bienes públicos, sin querer oir ni hablar de una nueva ley electoral. Mi opinión es que ahí se decidirá su futuro: si sigue la vía del bipartidismo, correrá la suerte que este sistema tenga reservada.

El PSOE ha de resolver sus propios problemas, elegir los campos de acción y de encuentro. Por el momento, le toca seguir en su soledad y no sólo es impensable que forme parte de cualquier coalición o agrupamiento, sino que los posibles pactos postelectorales no podrán ser nunca un reparto de poder, sino de consenso de programas, quitando y poniendo de unos y otros hasta coincidir en lo que sea posible. El PSOE tiene aún mucho recorrido, aunque el camino que le espera es muy incierto. Tienen tarea, desde luego.

Izquierda Unida es quien presenta los mayores problemas en la izquierda, porque a las dificultades objetivas une una fuerte división interna. Ya casi nadie en IU niega la implacable evidencia del techo electoral raquítico de que dispone la coalición ( o partido o movimiento o lo que sea). Lo malo es que tiene un suelo móvil y descendente, y las últimas elecciones y las últimas encuestas no hacen más que confirmarlo. En el calor del debate interno, sin embargo, la realidad es sustituida por el sentimiento y una buena parte de IU se resiste a renunciar al enorme potencial político del que en este instante aún dispone. IU tiene un problema grave y de la forma de resolverlo depende su futuro, resolución que ahora ya es inaplazable a causa de ‘Podemos‘.

Equo, el otro partido que está en la arena política, lo tiene más fácil, porque tiene poco que perder y porque sus propuestas están cargadas de futuro. Es, además, un partido joven, fue el primero en usar métodos de participación realmente abiertos, apenas ha participado del poder y, aunque sólo fuese por eso, no cabe en el calificativo de casta. Quizá por estas razones tenga más facilidad para ejercer de mediador en los encuentros que se producen entre las izquierdas. Equo ha optado en su reciente Asamblea congresual por la confluencia en candidaturas ciudadanas, de manera que esa alternativa se convierte en irreversible.

En el inmediato futuro, por lo tanto, habrá candidaturas conjuntas de las izquierdas. Esto es lo importante. Aún no sabemos cómo van a ser, si coaliciones abiertas de partidos y personas o agrupaciones de electores. Hasta donde yo conozco y conozco lo que se viene haciendo en mi ciudad desde el mes de junio de 2014, no se ha discutido realmente sobre candidaturas y formas de configurarlas. Se está empezando a reunir fuerzas e invitando a construir programas de forma participada.

Ciertamente, hay opiniones distintas sobre la forma de confluir. Alguna persona plantea, incluso, un ultimátum: si no es con las siglas, no vamos -dicen unas-; si hay siglas, no vamos – dicen las otras-. Las primeras no quieren renunciar a su personalidad en beneficio del común; las segundas rezuman tal aversión a los partidos políticos, que contradice su propia presencia en estas actividades. Conozco el caso paradójico de dos o tres personas que se oponen a la existencia de siglas y, al mismo tiempo, secuestran la representación de la asamblea y se atribuyen el poder de convocatoria y de comunicación, como si fuese de inspiración divina. El problema, ya se ve, no son las siglas, sino cómo actúan las siglas y las personas. Hay debate, pero no es el que se ha producido hasta ahora.

Hasta aquí los hechos, pero también tengo opinión y es mi deseo que se forme una agrupación de personas y de partidos muy abierta, con funcionamiento democrático y participativo, aprovechando la era de internet. A los partidos presentes se les exigiría renunciar a presentar candidaturas propias en el espacio de que se trate. En cuanto a las siglas, de ninguna manera se trataría de hacer una sopa de letras y, menos aún, un Frente de partidos. Si para facilitar el proceso preelectoral o para no confundir las identidades, fuese necesaria la presencia de alguna sigla, una alternativa podría ser que apareciesen las siglas de los partidos con representación parlamentaria y las de aquellos que hubiesen obtenido más del 3 por 100 de los votos en la circunscripción electoral de que se trate. En todo caso, la denominación debería ser nueva y diferente de lo hasta ahora existente. Ya tenemos algunos nombres: municipalia, Valladolid toma la palabra, Ganemos. A mí me gusta otro: Agrupación Electoral de la Izquierda Organizada y Unitaria, cuyo acrónimo es bien bonito: AEIOU.

No pienso hacer ninguna pelea por los nombres, pero no me cansaré de buscar una agrupación electoral que sea de izquierdas, que admita a todo lo que está organizado y a lo no organizado, y que lo haga de una forma tan asertiva y consensuadora, que logre la unidad de ese espacio electoral, el espacio que se sitúa a la izquierda de los votantes del PSOE y de ‘Podemos‘, donde no valen cambalaches ni consignas propagandísticas, sino compromisos constatados y coherentes con la forma de vivir: acabar con la pobreza, detener la destrucción de la naturaleza, asegurar la equidad de género, garantizar las libertades y los derechos civiles y sociales, reducir la desigualdad y no distraerse en la confección de banderas y otras identidades particulares. Esto es lo importante.

Marcelino Flórez

 

“Claro que Podemos” -Comentario de texto-

Juan Carlos Monedero y Jesús Montero han publicado en La Cuarta de El País del día 17 de octubre un artículo titulado “Claro que Podemos”, que merece un comentario de texto.

Este es el argumento: la suma de ajustes y corrupciones visibles en España sólo han merecido la resignación por parte de los políticos, pero ‘Podemos’ ha traído la ilusión para dar una respuesta.

El voto a ‘Podemos’ en las elecciones europeas provino de los indignados de las plazas, de las mareas, de las marchas de dignidad; y también del deseo de cambio: recuperar la democracia, ahora “desmoralizada”, de lo que resulta el mal gobierno (gestión de la epidemia de ébola, del independentismo catalán, de Bankia, recuperación de los males decimonónicos relativos a la salud, la educación, a la dependencia extranjera. “Un siglo tirado por la borda”).

‘Podemos representa el cierre de esa etapa. “Sin transacciones”. De modo que ha hecho “cambiar al miedo de bando”: el rey, Rubalcaba, algunos usuarios de las tarjetas negras ya lo han experimentado.

Ahora ‘Podemos’ ha decidido convertirse en un partido y lo hace con una novedad absoluta (“partido de nuevo tipo”, “ex novo”, “desde cero”), no como todos los partidos anteriores, que son fracciones descontentas de partidos existentes. Por eso, se plantean algunas dificultades en la asamblea constituyente, aunque destacan las novedades: avales y primarias, cuentas claras y sin bancos, presencia en las redes, llegando a usar una herramienta tan novedosa, que es merecedora de la atracción por parte de la Universidad.

En conclusión, ‘Podemos’ ha venido a remoralizar, a democratizar, a devolver la felicidad. Eso será en las elecciones generales de 2015, “elecciones destituyentes”. Seguirá un proceso constituyente, nacido del “pueblo”.

En todo el texto destaca una idea: la novedad que representa ‘Podemos’, lo que le convierte en exclusivo, y su perfecta adaptación a la realidad; es decir, es la respuesta lógica de la gente a los ajustes y la corrupción.

El éxito político y social de ‘Podemos’ es tan evidente, que casi parecen certeras las afirmaciones de Monedero y de Montero. Pero nada de lo que califica de novedoso es propio de ‘Podemos’. Antes de que ‘Podemos’ existiese, otro partido, Equo, hizo repetidamente primarias abiertas, renunció a la financiación bancaria, publicó todas las cuentas en la web y usó novedosas herramientas virtuales de participación. Equo no triunfó en las elecciones europeas, pero cada una de las novedades que se atribuye ‘Podemos’ ya habían sido ensayadas dos o tres años antes. Además, Equo no se formó con ninguna fracción descontenta de otro partido viejo, como mucho se puede decir que lo hizo con la unión alegre de varios partidos verdes.

No tanta novedad, pues. Y que lo diga esto una persona que ha sido asesor de Gaspar Llamazares, que lo diga gente de un grupo cuyos líderes se formaron en las Juventudes Comunistas o donde la actuación inicial de Izquierda Anticapitalista ha sido no sólo relevante, sino determinante, parece más que una osadía. No es, por otra parte, la única hipérbole. Como ya hizo en una ocasión anterior, Monedero se atribuye la abdicación del Rey y la dimisión de Rubalcaba. Parece un poco exagerado y no merece más comentario.

Me interesa comentar, en cambio, dos cosas que subyacen en el artículo, que no se formulan como lo nuclear del argumento, pero que son esencia del pensamiento que van trasparentando los dirigen tes de ‘Podemos’: el inicio de un nuevo periodo constituyente y el sujeto de ese proceso, “el pueblo”.

Ese pensamiento básico subyacente tiene algún problema. Primero, el proceso constituyente no introduce ninguna propuesta constitucional, sólo vagas referencias a democratizar, moralizar y dar felicidad. Podrían decirnos algo, por ejemplo, sobre el tipo de Estado; o sobre la jefatura del Estado; podrían concretar los derechos y libertades que desean constitucionalizar; o el tipo de economía. Ni una palabra. Eso lo reservan para el Congreso, no para la información de un escrito, que deriva enseguida en propaganda.

Y lo de “pueblo”, ¡qué poca confianza aporta ese concepto! El pueblo es la totalidad de la gente. ¿Qué pasa, entonces, conmigo, por ejemplo, que no coincido con ‘Podemos’? Dejo de ser pueblo, ya sé; pero ¿qué va a ser de mí, podré seguir pensando libremente y expresándolo, aunque se oponga al pensamiento del “pueblo”? Me intranquiliza un poco ese concepto, que tanto me recuerda “el siglo tirado por la borda” y los nacionalismos de todo tipo. No me gusta nada.

Hay otra cosa en el artículo que atrae mi atención. Es una frase rotunda, un pensamiento completo. “Sin transacciones”. Escrito así, entre dos puntos. El cambio, el proceso constituyente será sin transacciones. Es una de las claves para entender lo que está pasando con ‘Podemos’. No es de derechas ni de izquierdas y no hará pactos con nadie, tampoco buscará el consenso. Va a por todas, al asalto del cielo: el pueblo, al poder, con el único partido nuevo, democrático, ético, que existe. “Sin transacciones”. Da miedo, realmente.

‘Podemos’ ha venido para quedarse y para ganar, como repiten, a modo de mantra, los dirigentes. Ha tenido un importante éxito; ha logrado atraer a los descontentos que votaban indistintamente a derecha e izquierda; ha conseguido llevar a votar a los descontentos desengañados; atrae a esa multitud, ni de derechas ni de izquierdas, que no milita en nada; en fin, tiene una base grande y ampliable. En algunos momentos ha encontrado, incluso, el guiño de algunos militantes de la izquierda, de todas las izquierdas.

Ha llegado la hora, sin embargo, de cada cual se ubique en su lugar. ‘Podemos’ tiene su público, que nos es el “pueblo”, y la izquierda tiene el suyo: los propios militantes, la gente del movimiento social, la gente organizada y comprometida, el mundo alternativo y de la solidaridad. La alianza con ‘Podemos’ no es posible, porque el nuevo partido lo rechaza expresamente. Si de algo huye, es de la contaminación con la izquierda organizada. No es posible la alianza, pero tampoco es deseable. El éxito de ‘Podemos’ ha deslumbrado inicialmente, pero su fulgor tiene que pasar la prueba de la práctica política, que acaba de comenzar constituyéndose en partido político. Por lo pronto, las palabras de los dirigentes son muy sospechosas y poco fiables, aunque solo fuese por lo enigmático y propagandístico de las mismas. Esperemos que la izquierda deje de deslumbrarse.

Lo que también dejaron claro las elecciones europeas para quien no era capaz aún de verlo, aparte del fulgurante éxito de ‘Podemos’, fueron los límites de las izquierdas, con sus partidos, sus siglas y sus dirigentes realmente existentes. Esta lección parece que, por fin, va siendo aprendida, de modo que el futuro está abierto y no acaba en ‘Podemos’. Que terminen las dudas y cada cual a su tarea.

Marcelino Flórez

‘Podemos’ y la unidad

Si no la mayor, una de las mayores decepciones que sufrí en las pasadas elecciones europeas fue que mucha gente, incluídos amigos cercanos a los que había informado de un programa realmente transformador y de un método realmente democrático, prefirieron votar a ‘Podemos’, carente de programa, sin existencia propiamente dicha, y sustentado en cuatro eslóganes y en un tribuno. Me decepcionó, pero entendí enseguida y así lo puse por escrito, que ‘Podemos’ era el verdadero y único triunfador de las elecciones europeas. La intranquilidad de la casta y las encuestas confirman, a día de hoy, que así fue y así sigue siendo.

Hasta que no llegue noviembre y se haya celebrado la asamblea, no sabremos muchas cosas más de ‘Podemos’, aunque los tres o cuatro dirigentes principales siguen desgranando en los medios lo que ya parece esencial en el movimiento: no es algo “de derechas ni de izquierdas” y quiere romper con todo lo existente, con la casta. Declaran el fin del régimen de la Transición y anuncian un nuevo proceso constituyente.

Confieso que, salvo en ese matiz sobre “derechas e izquierdas”, coincido prácticamente en todo con los dirigentes de ‘Podemos’, que actúan de hecho como portavoces del movimiento. Yo quiero igualmente un nuevo proceso constituyente y ansío ver desaparecer a la casta, a la política y a la social, de la esfera pública. ¿Por qué, entonces, no termino de identificarme con ‘Podemos’?

También me parece que empiezo a encontrar la respuesta. Es ese matiz de “derechas e izquierdas” el que me afecta. Y ahora entiendo mejor la decepción con mis incluso amigos y votantes en las europeas. Esos amigos y esos votantes son gentes normalmente poco implicadas en el movimiento social y, menos, en la militancia política. Son gente corriente, alguna incluso progresista, pero no afiliada ni a partidos ni a sindicatos, ni a asociaciones vecinales, la mayoría ni siquiera afiliada a una ong. Por no ser, muchas de ellas no son ni de iglesia. Algunas veían bien, incluso, que hiciésemos huelgas contra el gobierno y sus leyes, pero no participaban en las mismas, como mucho en las manifestaciones de por la tarde. Nunca fueron ni de derechas ni de izquierdas. Es lo que Pablo Iglesia llama gente normal. Y ahora veo con más claridad que nunca lo anormal que soy (y que seguiré siendo, porque esto no tiene remedio).

A mí no me da miedo ‘Podemos’, discurra por donde discurra su trayectoria. Es más, estoy encantado de que haya sido ‘Podemos’ quien haya aglutinado a la gente normal. Lo prefiero a cualquiera otra de las posibilidades de agrupación, incluídas algunas que se dicen izquierdistas.

Dice una cosa Pablo Iglesias con la que estoy más de acuerdo que con el resto de sus dichos. Me refiero a esa voluntad que manifiesta de sustituir a la casta por la asamblea ciudadana. Por eso, no quiere ni oir hablar de frentes electorales o suma de siglas. Eso mismo pienso yo y he dejado testimonio escrito en varios artículos que hablan de unidad. La diferencia es que Pablo Iglesias habla de unidad del pueblo y yo hablo de unidad de la izquierda. Esa es la diferencia. El problema se va a presentar cuando ‘Podemos’ sea un partido, esto es, en noviembre. ¿Consistirá, entonces, la unidad en integrarse en ‘Podemos’, nueva casa común, o su afiliación estará dispuesta a juntarse con otra gente de otros partidos (tan legítimos como ‘Podemos’, formal y materialmente) en foros y asambleas abiertas? Esa será la prueba del nueve, aunque yo ya tengo claro dónde voy a estar.

Marcelino Flórez

‘Podemos’ y las municipales

Hace unos días, El Diario.es daba la noticia de que ‘Podemos’ renunciaba a presentar candidaturas para las elecciones municipales y añadía la razón que aducían: evitar que se cuele gente indeseable. Pero ‘Podemos’ no ha renunciado sólo a eso, también ha renunciado a liderar la unidad de la izquierda en un momento en que la buena imagen conseguida le daba toda la autoridad para ello; y no sólo renuncia a liderar la unificación, sino que no quiere ni oir hablar de eso. Al mismo tiempo y por el contrario, ha decidido articularse inmediatamente como partido político.

Creo que las tres decisiones son coherentes con el pensamiento de ‘Podemos’ hasta ahora explicitado. Van a por todas, es decir, a ganar las elecciones generales. Para ello, construirán un programa “nacional-populista”, como explicaba Íñigo Errejón, programa lleno de afirmaciones generales y atractivas: más democracia, menos casta, ilegitimidad de la deuda, servicios sociales públicos. Nada, en ese programa, que no pueda ser aceptado por esa enorme masa social desorganizada y descontenta. Y nada que ver con esa definición geográfica llamada izquierda, aunque, paradójicamente, fuera Izquierda Anticapitalista la merecedora de buena parte del éxito electoral europeo.

Coherente con la decisión de ganar, de hacerlo solos y con un programa del “pueblo”, es también la decisión de organizarse como partido político. (En esto, deben haber aprendido de la experiencia de Izquierda Unida, que todavía no se sabe si es un partido, una coalición o un movimiento). Se trata de un partido de nuevo tipo, con apariencia asamblearia, que se articula en círculos temáticos y territoriales. Parece, sin embargo, que es un reducido grupo, muy selecto y señalado, el que está elaborando la propuesta organizativa; y se prevé la formación de un consejo central, más o menos numeroso, que decidirá lo que haya de hacerse en cada momento. Todo es coherente con el proyecto, calculadamente pensado, y continúa mereciendo el apoyo creciente de la “gente plebeya” o “pueblo no representado”, utilizando los conceptos de Íñigo Errejón.

Entiendo que a mucha gente hasta le parezca bien que ‘Podemos’ no se presente a las elecciones municipales para evitar que se apunten personas desconocidas, algunas de ellas de procedencia ideológica “inimaginable”, como ha escrito Íñigo Errejón. Pero yo tengo otra hipótesis: ‘Podemos’ no quiere mezclarse con las iniciativas ciudadanas que están surgiendo en los municipios, no quiere que las asambleas enturbien su discurso y, sobre todo, no quiere renunciar a su marca, porque en el proyecto inicial está decidido ser el nuevo partido “nacional-populista”, con su líder, que llegue a ser mayoritario. En ese camino, las elecciones municipales y regionales próximas son un trámite, que pasará pronto, y ‘Podemos’ presentará sus listas y sus programas para las elecciones generales. Si las encuestas aciertan, sobrepasará al PSOE y reducirá a IU a la insignificancia. Esto ya ha ocurrido más veces en la historia en circunstancias similares y no debe extrañarnos. Pero el proyecto de ‘Podemos’ puede encontrarse con una dificultad: que las asambleas ciudadanas ocupen el lugar que les corresponde en la izquierda y aparezca un competidor organizado, comprometido, reconocible por su presencia en la lucha social y al que no se le pueda tildar de casta. Todo puede ser diferente entonces.

Marcelino Flórez

 

La definición de ‘Podemos’. -Comentario de texto-.

 

Íñigo Errejón, el tercero de la jerarquía de ‘Podemos’ y diputado electo europeo, ha explicado en el número 225 de la edición española de Le Monde Diplomatique “¿Qué es ‘Podemos’?”. Haremos un comentario de texto, siguiendo un método que ensayé durante muchos años con el alumnado de secundaria: análisis del texto, que incluye una lectura comprensiva, un esquema y un resumen; idea principal e ideas secundarias; y explicaciones de esas ideas.

El resumen del texto, después de leerlo y esquematizarlo, podría ser como sigue. Debo pedir disculpas por la densidad conceptual, pero el artículo comentado no permite otra cosa:

I. En el contexto de la crisis económica y política, se realizaron importantes manifestaciones sociales, que “el bloque de poder” resistió con facilidad. Eso produjo un desánimo, traducido en “descontento inorgánico” a causa de la escasa organización de la sociedad civil. Las elecciones europeas celebradas en ese contexto tuvieron una lógica doméstica, de lo que resultó el descalabro de los “partidos dinásticos” o “del turno” y la aparición de un nuevo espacio, donde se situó ‘Podemos’, que recogió un voto de diversa procedencia, a veces de procedencia “inimaginable”, aunque prioritariamente provino de antiguos votantes socialistas.

‘Podemos’ es, entonces, la “herramienta para la unidad popular y ciudadana”, que logró articular el descontento flotante. Fue ideado por un grupo de personas procedentes “del activismo y de la Universidad”, conscientes de que España estaba viviendo un cambio de régimen (fracturas de consensos, desarticulación de identidades), que favorecía “un discurso populista de izquierdas” con voluntad mayoritaria, lo que había venido a ser posible gracias al “clima impugnatorio de las élites” que consiguió el 15-M-2011.

Los teóricos fundamentaron el proyecto en tres columnas:

a) “los indignados” (o “gente plebeya” o “pueblo no representado”), producto cultural surgido del 15-M que supera “las metáforas izquierda y derecha”;

b) la acción en los medios de comunicación para crear el espacio de identificación, conscientes de que la política no depende de ninguna condición social previa (eufemismo del autor para referirse a la conciencia de clase);

c) el modelo de los procesos latinoamericanos o “nuevas mayorías nacional-populares” (“hemos reconocido que sin aquel aprendizaje, ‘Podemos’ no habría sido posible”).

Y decidieron prescindir de tres “tabúes” de la izquierda:

1. el de lo “social” o construcción de un movimiento social previo a la política, optando por construir la oferta “desde arriba”;

2. el del liderazgo, aceptando llevar la fotografía hasta en la papeleta del voto;

3. el rechazo del eje izquierda-derecha, sustituído por la transversalidad, gracias a oposiciones del tipo “democracia-oligarquía”, “ciudadanía-casta” o “nuevo-viejo”.

El proyecto tuvo éxito el 25-M-2014 y ‘Podemos’ se convirtió al mismo tiempo en un proyecto de esperanza y en un mundo de interrogantes, cuyo triunfo dependerá de la audacia de sus militantes.

——-

II. Según uno de los fundadores, por lo tanto, ‘Podemos’ es una construcción intelectual que se autocalifica como populismo (de izquierdas) y como transversal ideológicamente, que busca el apoyo de la gente indignada (o descontento inorgánico) a través del uso de la propaganda tanto en las modernas redes de comunicación, como en los medios tradicionales, y a través de la imagen de los líderes.

Debe destacarse en esta idea la transversalidad o indefinición ideológica, expresada en dicotomías del tipo democracia versus oligarquía o ciudadanía versus casta, muy acordes con el público al que se dirige (pueblo no representado o gente plebeya).

——-

III. El exitoso experimento de ‘Podemos’ está basado en un análisis científico y muy correcto de la realidad. Efectivamente, la sociedad española vive una crisis política, que tiene todos los visos de anunciar el final del régimen de la Transición: el consenso ha sido aniquilado a causa de la forma de oposición ejercida por el Partido Popular y refrendada con su ejercicio de gobierno, enteramente alejado de todo movimiento social y del resto de los partidos políticos; el bipartidismo dominante está en quiebra y la demanda de una reforma del sistema electoral es ya un clamor; la desconfianza en todas las instituciones del Estado se ha extendido por doquier, como reconocen las encuestas del CIS, y el sistema de autonomías territoriales hace también agua. La reforma de la Constitución se ve como inevitable, pero “el bloque de poder” se resiste a hacerlo, y ahí cobra fuerza el grito de “no nos representan”.

Sobre la crisis política se ha extendido la fortísima crisis económica, que ha roto en pedazos el orden social vigente, extendiendo el paro y el empobrecimiento. Las protestas han sido desoídas y aun despreciadas y fue ahí donde nació el grito de “no nos representan”. Todo ello, en una sociedad muy poco articulada, lo que ha conducido a ese “ánimo destituyente, difuso y fragmentado”, que dice Íñigo Errejón. Los “indignados” son un grupo hasta ahora desorganizado, desconocedor de las formas de asociación y de participación social vigentes, que de pronto ha visto perdida la seguridad que le ofrecían el Estado del Bienestar y un entorno familiar acogedor. ‘Podemos’ se ha dirigido a esa población y ha logrado captar su apoyo y, tal vez, logre organizarla.

Los creadores de ‘Podemos’ han prescindido de la ideología y han optado por el populismo, que han expresado con los términos de democracia o de ciudadanía y, a veces, simplemente con el término pueblo. También lo han formulado con conceptos opuestos, que son los que han logrado mayor impacto mediático, como son los términos oligarquía y, sobre todo, casta. Pero, ¿no existe más ideología bajo el manto de un difuso “activismo” o de la profesionalidad de unos jóvenes “universitarios”? Aquí, Errejón deja de decir algo, que es mucho más preciso que la equívoca referencia al nacional-populismo de los procesos latinoamericanos, deja de nombrar al partido Izquierda Anticapitalista, quien, por su parte, sí se arroga un gran protagonismo en la génesis de ‘Podemos’, como lo expresa en un comunicado que emitieron el día 23 de junio de 2014 (“Izquierda Anticapitalista impulsó el proyecto de PODEMOS inicialmente junto con Pablo Iglesias y otras personas de su entorno. Nunca hemos ocultado ni vamos a ocultar que participamos en esta iniciativa, porque nos sentimos plenamente identificados con PODEMOS.”) y que puede leerse en su página web (http://www.anticapitalistas.org/spip.php?article29801). La fuerte presencia de los anticapitalistas se constata también por los muchos nombres de ese partido que formaban la lista electoral europea y se pudo notar igualmente en la difusión de la propaganda electoral, donde esa infraestructura política cumplió un papel esencial,como puede comprobar quien lo desee, comparando la incidencia de ‘Podemos’ en Burgos, donde Izquierda Anticapitalista tiene un grupo muy organizado, con la incidencia, por ejemplo, en Valladolid. Además, Izquierda Anticapitalista, por primera vez en su historia, no se presentó a las elecciones europeas, cediendo todo su espacio político a la nueva fórmula. El éxito del resultado es indudable, aunque los ocultamientos no sean buenos augurios.

Poco a poco se va desvelando el proyecto ‘Podemos’, más allá de la propaganda mutua que se hace con el Partido Popular a través de los insultos y de los debates, pero será la práctica la que haga concretar la ideología oculta, cuando “democracia” tenga que traducirse en votar a favor o en contra de una propuesta parlamentaria. También habrá un desvelamiento cuando tenga que concretar un programa municipal y, más, si se ven obligados a confrontarse con iniciativas ciudadanas abiertas. Esa sí será una prueba de fuego. Veremos.

Marcelino Flórez

 

Después de las elecciones

 

Dice el Partido Popular que ha ganado las elecciones. Digo yo que tal vez gane algún amigo en cuanto la soberbia y la propaganda den paso a la realidad. Quien dice que ha perdido, y así es, es el PSOE. Lleva trabajando esta derrota desde el 10 de mayo de 2010 y, al fin, ha conseguido lo que perseguía: una derrota sin paliativos. Esto es lo más importante, desde el punto de vista español, de estas elecciones: el principio del fin del bipartidismo. No obstante, tanto un partido como el otro tienen aún larga vida por delante.

El segundo hecho relevante de las elecciones es el triunfo de Podemos, un triunfo mucho mayor que los cinco diputados conseguidos. Podemos ha sido el cauce político de la protesta que inunda las calles. Todo un éxito. Ahora le corresponde dirigir la tarea de construir una alternativa real de gobierno desde la izquierda. A mis amigas y amigos les advertía yo que ésta era una de las cosas que se dilucidaban, respecto a España, en estas elecciones. Ha sido Podemos el elegido para liderar el futuro, ni más ni menos.

Izquierda Unida no sólo ha vuelto a tocar techo, sino que, al abrirse otras vías para la unidad, ha perdido definitivamente la oportunidad que, un día tras otro, se le venía ofreciendo desde 1986. Ahora tendrá que clarificar si es un partido o si son varios partidos y, sobre todo, si quiere participar en la unidad real, la que no pende nunca del centralismo democrático, sino del mero voto democrático. IU ha tocado techo y tiene un suelo quebradizo: bastará una imagen menos arcaica del PSOE para que se le escape un buen puñado de votos. El triunfo de IU en estas elecciones es muy parecido al del Partido Popular. En muy poco tiempo, la realidad se impondrá.

Y nos queda Equo, el gran derrotado de la izquierda, tanto como el PSOE, con una diferencia, que el mensaje y la campaña han sido incomparablemente mejores. Por eso, precisamente, la derrota de Equo es más importante y no sé si más significativa. La mejor explicación de esta derrota es el fracaso del pacto electoral. Primavera Europea ha sido una chapuza de arriba abajo. No hace falta decir una palabra para explicar el error de insertar a “partidos” como el “castellano” o las escisiones socialistas de Extremadura y otros lugares. Entre estas chapuzas, sólo Caballas ha demostrado ser algo más que una reunión de amigos. Pero son los dos grupos principales de la coalición los que han dado pruebas de debilidad: Compromìs ha pasado del tercer puesto de partida al sexto. Le han superado Izquierda Unida, Podemos y UPyD. ¡Qué difícil se le ha puesto en la Comunidad Valenciana a Compromìs! Y la Chunta exactamente igual. Con esta cooperativa, Equo ha quedado desdibujado y no ha cumplido la tarea encomendada: dirigir el descontento social, pero europeísta. Todo, incluso el nombre, ha sido ocultado por el localismo, que se dice nacionalista. Un error de bulto.

Equo, sin embargo, existe y representa la nueva era política mejor que cualquiera en la izquierda: nadie, salvo Equo, opta por el decrecimiento; es el primero y el más radical en la democracia directa, tanto en primarias, como en elaboración de programas; sus líderes son coherentes como el que más. Pero ha fracasado. No vale consolarse con haber obtenido un diputado. Eso servirá algo en Europa, pero en España es nada. Queda, por lo tanto, aceptar la derrota y ponerse a trabajar para la unidad, no como líderes, que no lo ha querido la población, pero sí como convencidos, que la razón no ha sufrido ninguna derrota en este caso.

Marcelino Flórez