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“Éramos pocos y llegó Sánchez”: Comentario de texto.

Hemos conocido, merced a eldiario.es, el documento completo en el que ‘Podemos’ analiza las repercusiones de la victoria de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE para toda la clase política. Estas son las ideas principales:

Aunque ‘Podemos’ podrá seguir marcando la agenda política hasta el 13-J, dice el argumentario, también reconoce la importancia que tiene la victoria de Sánchez, cosa que cifra en los siguientes aspectos:

1. En la propia moción de censura, que cobra nuevo interés por las expectativas que genera Sánchez.

La táctica que ‘Podemos’ propone a sus militantes es conservar el protagonismo hasta el día 13, insistiendo en la polarización: “corrupción frente a nuevo país” o “dignidad frente a indignidad”. Esto es, polarización transversal y no ideológica.

2. A partir del 14 de junio, Sánchez puede convertirse en la referencia para la dicotomía entre izquierda y derecha. Esto es calificado como regreso al bipartidismo, aunque reconociendo que puede ser un factor que desplace a ‘Podemos’ de su posición en la tabla demoscópica.

3. Tanto las primarias del PSOE, como otros factores han privado a Rajoy del arma de que disponía para el chantaje, la amenaza con el adelanto electoral. Esto puede suponer más refuerzo para Sánchez.

¿Cuál es la idea básica de este argumentario o, de otra manera, cuáles son las preocupaciones de ‘Podemos’ ante la irrupción de Sánchez?

Lo primero que hay que advertir es que se trata de un documento poco importante y meramente táctico o coyuntural. De hecho, sólo contiene un mandato: continuar insistiendo en la polarización y centrándolo en la corrupción. Todo lo demás es reconocimiento de la importancia que tiene el “renacimiento” de Sánchez y la lógica preocupación que de ahí se deriva para ‘Podemos’.

La táctica que propone seguir se basa en la búsqueda de la transversalidad o populismo, que venía defendiendo Errejón: todos (el pueblo) contra la corrupción. Esto tiene alguna eficacia, siempre que ‘Podemos’ logre mantener el protagonismo en la tarea, cosa que está por ver. Pero esa táctica tiene un problema, porque representa lo contrario a lo que resultó victorioso en Vistalegre II y que se plasmó en la organización del partido, donde desapareció la pluralidad. ‘Podemos’ tiene ahí una tarea que resolver.

Pero la clave del documento está en la dirección de la agenda política hasta el 13-J incluído, es decir, hasta la moción de censura. Aparentemente, ‘Podemos’ parte con una ventaja, ya que la mayoría de la población considera que hay que censurar la corrupción y la moción es una oportunidad para ello. Así lo reconoce el texto que comentamos, reconocimiento que lo es también del carácter eufemístico o de posverdad que tiene la moción presentada: no busca cambiar el gobierno, sino otras cosas, como suponía yo en un artículo anterior.

El problema es que hay que ganar la moción de censura, no ganar con votos, que esa derrota ya está descontada, sino ganar con argumentos. Y aquí las fuerzas están más igualadas. No entre el Partido Popular y ‘Podemos’, donde es muy probable que el Partido Popular sea derrotado, pues la corrupción es indefendible, sino entre las diversas posiciones políticas del Parlamento, donde el renovado PSOE tiene alguna ventaja. Puede denunciar la corrupción con la misma intensidad que ‘Podemos’, con el valor añadido de haber tratado de evitar que Rajoy gobernara. Y esto en dos ocasiones, el 2 de marzo con la formación de un gobierno alternativo para el que había votos suficientes y el 30 de octubre, cuando Sánchez mantuvo la postura del “no es no”, dimitiendo. Además, un partido con tan larga experiencia puede tener la habilidad de presentar alternativas realistas a problemas actuales, sea para Cataluña, sea para las relaciones laborales, sea para Europa, sea para las libertades y los derechos humanos.

La moción de censura, aunque eufemística, presagia que el Partido Popular salga derrotado, pero no está escrito quién resultará victorioso y las cartas no están en la mano de ‘Podemos’.

Marcelino Flórez

¿Moción de censura o posverdad?

Expulsar al Partido Popular del gobierno de España es una necesidad objetiva. Si ya es de extrema gravedad el saqueo al que han sometido a las arcas públicas, a causa del cual decenas o centenares de cargos públicos de ese partido están siendo juzgados o han sido condenados, a pesar de la destrucción de pruebas con las nóminas clandestinas de Bárcenas, más dañino es, si cabe, el deterioro al que han sometido y están sometiendo a las instituciones políticas y jurídicas. Esto, sin tener en cuenta la adhesión persistente al franquismo, el uso clientelar del poder o la expropiación de los bienes públicos, especialmente la sanidad y la enseñanza. El Partido Popular debe ser expulsado del poder, independientemente de que sea ilegalizado o no por los jueces.

La vía más eficaz, segura y democrática para esa expulsión es una moción de censura. Sin duda, este es el momento. Así lo viene diciendo mucha gente y yo he colaborado a difundir esa idea ajena en las redes sociales. Sin embargo, en cuanto ‘Podemos’ ha hecho precisamente esa propuesta de moción de censura, ha recibido un rechazo unánime de los partidos del Parlamento. ¿Cuál es la razón?

Más allá de los victimismos que escuchamos y que tanto recuerdan el pasado, yo sí encuentro alguna razón. Primero, la forma de presentarlo, porque recordamos con Gandhi que el fin está en los medios como el árbol en la semilla. Una moción de censura tendría que provenir de un acuerdo casi unánime en Las Cortes y eso habría que haberlo trabajado, si realmente se deseaba hacer una moción de censura. Tal y como se ha hecho, más parece afán de propaganda y más parece dirigirse contra el PSOE, que buscar el cambio de gobierno. En la tele he escuchado a Monedero, el mentor, sugerir prácticamente esto que digo. Lo malo de este error, por otra parte, reiterado, es que ya no es subsanable, por mucho que Baldoví intente enderezarlo o que los sindicatos se presten a echar una mano.

Otra razón del rechazo es el protagonista. Pablo Iglesias está quemado y eso también es irreversible. El peso del 2 de marzo de 2016 y de la cal viva no tienen escapatoria. Todavía escuchaba el mismo día a Monedero justificar aquel acto y no reconocerlo como error. Justo lo contrario a lo que percibe la inmensa mayoría de la población. Sigo resistiéndome, pero no me va a quedar más remedio que reconocerle un acierto a Ramón Cotarelo, cuando afirmó que “Podemos es lo peor que le ha pasado a la izquierda desde 1975”.

Marcelino Flórez

 

A propósito de Largo Caballero o del Pisuerga por Valladolid

Estoy leyendo un libro de un escritor novel, aunque avalado por Ángel Viñas. El Libro se titula Inseguridad colectiva y el autor se llama David Jorge. Trata de la Guerra de España desde la óptica de las relaciones internacionales y tiene mucho interés. Pero no es del libro de lo que quiero hablar, sino de un juicio que el autor formula en una argumentación marginal. Dice en la página 182: “La decisión de Largo Caballero terminó convirtiéndose en uno de los mayores errores históricos de la izquierda española”.

Se refiere David Jorge con esa contundente tesis a la actitud e Largo Caballero después de las elecciones de febrero de 1936, cuando logró imponer en el PSOE la no participación en el gobierno del Frente Popular, impidiendo, además y reiteradamente, el acceso de Prieto a la presidencia del gobierno. Es inútil especular sobre lo que hubiera podido ocurrir con Prieto en el gobierno, pero sabemos lo que resultó de la estrategia de Largo Caballero: un gobierno débil y un presidente inepto, bajo cuyo mandato se produjo un golpe de Estado anunciado, que derivó en una guerra internacional. Quizá Largo Caballero encontrase finalmente satisfechos sus deseos al acceder él mismo, unas semanas después de iniciada la guerra, a la presidencia del gobierno, pero ni paró la guerra, ni puso los cimientos para el triunfo de la revolución: un error estratégico en toda regla.

Sabemos con Marx que la historia no se repite y, si lo hace, no es en forma de tragedia, sino de comedia. No compararé, entonces, febrero de 1936 con marzo de 2016, ni señalaré con el dedo a cada uno de los líderes y a cada uno de los partidos retratados. Pero dejadme que hable por enésima vez de los resultados de las estrategias. Después del 2 de marzo de 2016, Rajoy está en el poder y el Partido Popular esparce su corrupción sobre el asfalto de pueblos y ciudades, y la gente, aquel 99 por 100, está decepcionada y huérfana de ilusiones. Si esto no es un error, decidme cómo hay que llamarlo.

¿Qué nos queda, entonces, cuando se pierde la esperanza de recuperar la ilusión? Los periódicos vienen cargados estos días con noticias sobre la reconstrucción del PSOE o sobre los pasos para fortalecer la alianza de Unidos Podemos. Algo así como resucitar a Largo Caballero, por continuar la metáfora, y reiniciar el camino, mejor organizados ahora y bajo el mismo principio de la hegemonía. Nada hace presagiar un cambio de estrategias.

Sólo nos queda el municipalismo. Hace ahora tres años comenzó a moverse una corriente social, que ya llevaba algún tiempo formándose, con la intención de agrupar pensamientos afines en candidaturas municipales autónomas. Esta corriente, si bien contaba con la presencia, incluso destacada, de personas procedentes de partidos de la izquierda, no nació de las ejecutivas de esos partidos, sino de las bases sociales, que se juntaban en la calle defendiendo los derechos cotidianos. Alguna de esa gente llevaba mucho tiempo reflexionando también sobre formas de organización política, de gestión económica, de cultura creativa, sobre formas, en fin, alternativas de organizar la vida. El concepto político que recoge este pensamiento es el de democracia deliberativa, en el que son componentes esenciales las ideas de pluralidad, respeto a la diferencia, participación o consenso. La movilización del 15M expresó de forma plástica este pensamiento  través de las manos elevadas, abiertas y batidas como señal de asentimiento, sin necesidad de votaciones, sólo con razonamientos. En algunos reglamentos municipalistas esas ideas se recogen expresamente: “Las decisiones se tomarán por consenso”, dice la norma para el Grupo de Coordinación, algo así como la Ejecutiva, de Valladolid Toma la Palabra.

Las candidaturas municipalistas han corrido un riesgo grande de ser fagocitadas por alguna formación política particular. De hecho, los medios de comunicación tienden a identificar a formaciones como Ahora Madrid o Barcelona en Común con el partido político ‘Podemos’, siendo como son cosas tan diferentes. Algunos líderes políticos, incluso, facilitan esa confusión y gustan de hablar de “candidaturas del cambio” o cualquier otro eufemismo favorecedor de la confusión. A veces, se sobrepasan todos los límites. Por ejemplo, el partido político ‘Podemos’ envió a sus 457.373 inscritos un boletín en enero con este titular: “Podemos recupera la gestión pública del agua en Valladolid”, que unas horas después cambió por este otro: “Sí se Puede contribuye a recuperar la gestión pública del agua en Valladolid”. Para quien no lo conozca, recordaré que en esa ciudad hay una candidatura municipalista, llamada Valladolid Toma la Palabra, en la que ‘Podemos’ no quiso participar y creó un partido instrumental paralelo con el nombre de “Sí se Puede”, con el que obtuvo tres concejalías. Apoya al equipo de gobierno, formado por PSOE (8 concejalías) y VTLP (4 concejalías), pero renunció también a formar parte del mismo. El titular que comentamos es un ejemplo perfecto del razonamiento sobre los peligros del municipalismo.

Salvar las asambleas es nuestra tarea y nuestra esperanza, al tiempo que fortalecemos su autonomía. En la asamblea caben todos, pero sobra cualquier artimaña de manipulación. Después de tres años de actividad y de las experiencias anteriores, estamos algo vacunados, aunque vemos las dificultades que salen al camino, como parece observarse desde lejos en Barcelona. Cuando llegue el momento clave, el de hacer candidaturas y programas municipales, se destapará la caja de los truenos y es ahí donde se dilucidará finalmente si queda alguna ilusión en la izquierda o sólo nos quedan largos caballeros.

Marcelino Flórez

 

Vistalegre II: unidad y humildad

Pablo Iglesias ha ganado. Dos cosas acarrea de inmediato su triunfo: la reorganización del partido y la estrategia de formación de un bloque social y político. Esto significa continuidad perfecta respecto al pasado, esta vez sin sobresaltos, porque la nueva estructura organizativa garantizará que nadie se salga de la vía trazada.

Pero el aval recibido por Pablo Iglesias tiene otros efectos. El primero, la ratificación de la bondad de la estrategia seguida en el último año, como expresamente dice el documento ganador. Ya no caben más discusiones sobre los procesos electorales. Aquella intervención de Pablo Iglesias rodeado de sus “ministros” anunciando a Pedro Sánchez el gobierno de coalición fue lo correcto. Del mismo modo, la cal viva expandida por los pasillos de la Cámara de Diputados el 2 de marzo era lo correcto. La pérdida de votos el 26-J se explica, entonces, por los esfuerzos de la caverna mediática para confundir al confiado votante. Ha terminado el tiempo de la autocrítica con el aval de un amplísima mayoría de inscritos en el partido. El método, segregación y soberbia, queda igualmente avalado o, al menos, olvidado. Aunque, siendo esto así, no se entiende bien cómo todos los comentarios posteriores al conocimiento de los resultados de la votación muestran tantas dudas y sospechas sobre el futuro.

Otra consecuencia importante del resultado de Vistalegre II es la definitiva consolidación de ‘Podemos’ como el partido articulador de la izquierda. Solo o en coalición, ‘Podemos’ es la única vía que existe a la izquierda del PSOE. Y Pablo Iglesias es su líder y, por lo tanto, el próximo candidato a la presidencia del gobierno. La mayor parte de los votos obtenidos el 26-J quedan consolidados, aunque pueda resultar difícil incrementarlos dada la valoración social del líder.

Creo yo que esta situación no va a crear conflictos ni con los partidos coaligados en el Estado, EQUO e Izquierda Unida, ni, mucho menos, con los partidos coaligados en los territorios con variantes nacionalistas, lo que se viene llamando sin precisión alguna las confluencias, donde ‘Podemos’ es subsidiario.

Otra cosa será con el municipalismo. La opción vencedora en Vistalegre II planteará lógicamente la misma alternativa en los municipios, que en los espacios regionales o en el Estado, una coalición de partidos, fórmula ya empleada para controlar los procesos. El problema es que en los pueblos chicos nos conocemos todos y, en algunos casos, funcionan hasta asambleas para organizar elecciones, siempre a través de primarias abiertas y libres, y mediante programas participativos; y las asambleas pueden negarse a delegar el poder en los líderes de los partidos, como se vieron obligadas a hacer recientemente. Puede que la próxima vez, incluso, no funcione la marca, como ocurrió en 2015. Será en las elecciones municipales donde Vistalegre II encuentre la horma de su zapato. Nada importante ocurrirá hasta entonces, excepto las tertulias televisivas.

Mi pronóstico puede fallar, si Pablo Iglesias y su entorno se dan la vuelta como un calcetín y aplican las consecuencias de su última promesa: unidad y humildad. Lo de la humildad se podrá constatar muy pronto, pues está anclado en actitudes y expresiones cotidianas. La unidad con la diferencia comenzará a ensayarse dentro del partido, donde habrá de desaparecer lo que venimos viendo en forma de autoritarismo e intolerancia, para ser sustituído por deliberación y consenso. Los documentos aprobados, las personas elegidas para llevarlo a cabo y las primeras intervenciones del entorno, simbolizadas en Monedero, no parece que vayan a desmentir mi pronóstico, pero iremos viendo.

Marcelino Flórez

Hacia Vistalegre II

No me arriesgo a hacer un pronóstico sobre el resultado de Vistalegre II. Si uno observa el entorno, parece que el control lo tiene Pablo Iglesias con sus aliados anticapitalistas, aunque se cuela una duda al ver la dificultad de integrar a los que representa Íñigo Errejón, o sea, al ver la resistencia que éstos oponen. Las actitudes también son desconcertantes: el grupo de Pablo Iglesias muestra agresividad y nerviosismo, mientras que la gente de Errejón exhibe calma y responde con asertividad.

Si uno lee las ponencias enfrentadas, advierte que hay un abismo entre ellas. Una se expresa con lenguaje suave, la otra con lenguaje duro; una es autocrítica, la otra justifica la estrategia seguida, amparándose en los refrendos de las bases; una opta por el trabajo parlamentario, la otra prefiere la calle; una es nítidamente identitaria con el color morado, la otra prefiere los frentes o formación de un bloque social y político; una se presenta como renovadora sin ligazón con el pasado, la otra opta por reagrupar a las fuerzas políticas existentes; una propone contenidos concretos, la otra se mueve en el lenguaje abstracto e ideológico; una prefiere no dar miedo, la otra asegura que se ha perdido el miedo.

Pero si hay una diferencia esencial, ésta es la que se fija en lo que está y en lo que no está. Sólo en una se habla de reforma electoral, de memorialismo en tanto que derecho humano contra la impunidad, de feminismo, de municipalismo, de juventud, de cultura, de ciencia, con propuestas concretas, reflexionadas y expresadas en forma de resoluciones.

Leyendo, aunque sea transversalmente, las ponencias, parece difícil el acuerdo. Nos hallamos ante dos formas antagónicas de entender la vida política. Una entronca con el 15M en todos los aspectos: es juvenil, es novedosa, se desliga del pasado, es populista, busca la transversalidad. La otra mantiene las formas antiguas, opta por agrupar a la izquierda existente y tiene un tono de política rancia. No veo posible la avenencia, menos aún si nos fijamos en la presencia de personajes tan poco conciliadores como Monedero, Monereo y el espíritu anguitista que cubre uno de los relatos. Si tuviese que verme obligado a pronosticar, no encontraría otra cosa que un choque de trenes, pero no sé cuántos viajan en cada uno.

Si gana Pablo Iglesias, tendremos “unidad popular”; esto es, una coalición electoral de partidos, que propondrán sus candidaturas, elegidas como cada uno considere más conveniente, probablemente con primarias internas en todos los casos. Es lo que se llama un bloque social y político. Aunque se pretenda denominar a esto confluencia, no es tal cosa, pues las decisiones importantes nunca procederán de una asamblea común, sino de las comisiones ejecutivas. La relación entre las fuerzas será jerárquica y de dominación, como ocurre ahora mismo.

Si gana Íñigo Errejón, no habrá coalición electoral en ningún caso. Parece deducirse que se buscará alguna confluencia, pero eso lo decidirá la formación morada, que también podrá optar por acudir en solitario a las elecciones. No está definida la opción en los textos, aunque se habla bien de las confluencias municipales existentes. En todo caso, con Errejón se da fin a los partidos de la izquierda ahora existentes, salvo, quizá, ‘Podemos’, que se ofrecería como nueva casa común.

Sea cual sea el resultado, el camino ya recorrido por el partido morado le incapacita para recuperar a grandes mayorías. El “efecto cal viva” permanece invariable a juzgar por las encuestas, de modo que habrá que esperar a la práctica de la nueva estrategia y a la permanencia o cambio de los rostros para recuperar alguna esperanza o sumirse en el definitivo desencanto con el cambio.

(Escribí esto el sábado, 28 de enero, para mis amigos de Semana56. Veo que la realidad está conmigo. Así que se lo doy a conocer a la gente amiga de este blog).

Marcelino Flórez

Los clásicos de ‘Podemos’

Para entender lo que pasa, nada mejor que leer a los clásicos. Monedero acaba de explicar en ‘20minutos’ el día 2 de enero lo que está ocurriendo: el sistema viene tratando de destruir a ‘Podemos’ para hacer pervivir al régimen bipartidista y “hemos sido tan tontos de ayudarles en esa tarea de intentar cargarse a Pablo Iglesias”. Así que el debate interno no es más que una colaboración de Íñigo y los suyos con los “franquistas”, con “políticos y banqueros”, con “los ricos” para obtener “más Rajoy” y “más pueblo sufriendo”. Es una tesis que pocos días antes mantenía otro clásico, Manuel Monereo.

Digo yo si estos profesores de la Universidad nos habrán visto cara de tontos para venirnos con estos razonamientos. Si tenemos más Rajoy es por una sola razón, por el error estratégico de Pablo Iglesias y los suyos, materializado con varias de cal y alguna de arena, el 2 de marzo de 2016. Sólo con que ese día ‘Podemos’ se hubiese abstenido en la votación, sin necesidad de votar favorablemente al PSOE, Rajoy sería hoy un cadáver político y el PP estaría purgando la corrupción. ¿Tanto cuesta reconocerlo? Un error estratégico es un error estratégico y punto.

Aquel error tuvo una segunda parte, el fracaso estruendoso del sorpasso. Y en esto Pablo Iglesias ha de tener alguna responsabilidad, no basta con echar la culpa al régimen. Pueden seguir los clásicos dando las vueltas que quieran a la alianza con IU, al poder mediático del sistema, a los auxiliares del régimen bipartidista, pero el candidato peor valorado era el 26J, y sigue siéndolo hoy, Pablo Iglesias. Miren a ver por qué y dejen de echar la culpa al empedrado.

Seguramente estos contextos son más explicativos de lo que ocurre en ‘Podemos’, que la “democracia liberal” caduca, “el tongo bipartidista” o el olor de “los pies a franquismo”. La desorientación de los clásicos está produciendo un verdadero extravío en los pablistas, que difícilmente logrará paliar Errejón con los suyos. Y recordemos, además, que, termine como termine Vistalegre II, eso es sólo el primer paso de una confluencia que ya está alejadísima del ‘Podemos’ realmente existente.

Marcelino Flórez

Amarga victoria, dulce derrota

Están todos de acuerdo y lo reflejan los rostros. La encuesta de ‘Podemos’ ha terminado con una leve victoria de Pablo Iglesias, de poco más del 40 por 100 de los votos, que sólo cabe calificar como amarga. Se ve en el rostro. La derrota de Iñigo Errejón ha sido dulce, casi el 40 por 100 de los votos, es decir, empate. También se ve en la cara. Para desempatar están los anticapi, si hablamos de partido, y la gente, si volvemos a hablar de confluencia, de primarias, de asambleas.

Esta consulta interna de ‘Podemos’ ha sido el acto más importante para este nuevo partido desde las elecciones europeas que le dieron nacimiento, mucho más importante que la asamblea de Vistalegre de hace dos años, mucho más importante que todas las consultas electorales que siguieron a las europeas. Es la primera clarificación de ‘Podemos’ y pone de manifiesto la caída de un líder. Pablo Iglesias, el político peor valorado de España, ya no es referente ni siquiera en el interior de su partido. Fin de una etapa. Con el líder se van al traste Monedero, Bescansa y el anguitismo, o sea, la estrategia que podemos denominar del “2 de marzo”, aquel día en que se podía haber dado fin a la era de Rajoy y, quizá, del Partido Popular.

No todo el mundo fue consciente de la magnitud de aquel error, que se plasmó en el efecto cal viva. Escucho a los tertulianos y certifico que son analfabetos políticos; leo al núcleo duro de ‘Podemos’ y veo que están anclados en el pasado; sólo unos pocos críticos y, desde luego, Errejón vienen haciendo una reflexión diferente. Ahora la estrategia ha quedado en minoría y se acabó la discusión.

Con Pablo ha caído Alberto Garzón, que aquel 2 de marzo perdió la ocasión de abstenerse, como ya he dejado escrito en este blog. Eso significa que la fórmula de Unidos Podemos ha llegado hasta aquí. Queda EQUO, debido a su insignificancia, pero no sé si podrá volver a ser “el pegamento de la izquierda” que fue en su momento o irá con los demás al desván de la historia, al asirse tanto a los platos de lentejas.

Nueve meses después, se hacen visibles los efectos políticos de una estrategia, donde sólo el sector que se agrupa en torno a Iñigo Errejón ha logrado mantener despierta la mirada. Siguen pensando que se puede ganar, como razonaba Iñigo en su artículo doctrinario comentado aquí. Pero para asegurarse la “mayoría transversal” ahora sabemos que no sólo hace falta reconstruir un partido en Vistalegre II, sino que hace falta un líder, una persona candidata a la presidencia del gobierno. Se busca, pues, a alguien popular y capaz de pasar la criba de unas elecciones primarias en el seno de una confluencia de partidos y movimientos. Demasiada tarea, si Rajoy opta en mayo por convocar elecciones y, más, si alguien no da un paso a un lado, como prometió.

Marcelino Flórez