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El error de Ciudadanos

Si el 2 de marzo de 2016 Podemos cometió un error de bulto, posibilitando la presidencia de Rajoy, por no abstenerse, al menos, en la votación de investidura de Pedro Sánchez, el 1 de junio de 2018 Ciudadanos ha repetido el mismo error al votar con Rajoy contra la moción de censura. Abstenerse habría sido su salvación, pero la envoltura rojigualda en la que se han refugiado les convierte en cómplices del Partido Popular, con su corrupción incluída.

Asombra sobremanera el argumentario de Ciudadanos, un argumentario idéntico al de los populares: que si Sánchez se ha vendido a los independentistas, que si es portavoz de los terroristas, que si es un traidor, que si accede al poder por la puerta de atrás y toda la retahíla consabida. Coincidir en la votación y coincidir en el argumentario es demasiada coincidencia. El fantasma de Rivera ha comenzado a desvelar su rostro.

Dos años ha tardado Podemos en reconocer de hecho su error del 2 de marzo, votando exactamente lo contrario que aquel día. En ese reconocimiento ha sido determinante la ciudadanía. Primero, mostraron su desafección en las encuestas, después le retiraron el voto en las urnas, finalmente mostraron la falta de aprecio al líder, situándole en el último lugar de valoración. El reconocimiento de hecho del 1 de junio no conjura todos los efectos del error de marzo, si se mantienen las formas que lo acompañaron, principalmente la pretensión de dictar el programa y los ministros del gobierno. Creo que todavía no estamos del todo salvados en esto. A esperar.

Puede que Ciudadanos sustituya al PP en intención de voto en las encuestas durante un tiempo. Lo mismo ocurrió con el PSOE no hace tanto. Pero los errores, aunque no tengan fijada la fecha, terminan pagándose. Y Ciudadanos ha cometido un enorme error el 1 de junio.

Marcelino Flórez

Pero ¿qué está pasando?

Un día de estos y a propósito de las declaraciones en la Audiencia Nacional sobre el caso Gürtel, Pepa Bueno se hacía esa pregunta en la Cadena SER: ¿qué está pasando? Expresaba así su sorpresa y su desaliento ante la parálisis de la sociedad española con la corrupción. Realmente, es asombroso que un partido político tan señalado por responsabilidades en la corrupción siga gobernando España.

No podemos esperar una dimisión de las personas responsables. Eso tenía que haber ocurrido hace muchos años. Tampoco podemos esperar nada del partido, cuyo único afán desde el principio ha sido negar la corrupción y obstaculizar su investigación, de lo que hay un símbolo indeleble: la destrucción de los discos duros. Lo triste es que tampoco podemos esperar nada de los votantes del Partido Popular. Más de cinco millones permanecen fieles a ese voto, no esperéis verlos salir en manifestación diciendo que se sienten engañados. En esa parte de la sociedad española no cabe ninguna esperanza.

Pero el asombro toma otra dimensión cuando recapacitamos y observamos que ese partido gobierna en minoría. ¿Quién lo mantiene en el poder y por qué lo mantiene en el poder? El principal apoyo y el único imprescindible es el de ‘Ciudadanos’, un partido que, paradójicamente, se presenta como abanderado contra la corrupción. Manchado, quizá no esté aunque sólo sea por falta de tiempo, pero este joven partido comparte la tesis expresada por Montoro: eso de la corrupción es una nimiedad moral, lo que importa es la estabilidad política. Y, por ahora, ‘Ciudadanos’ prioriza la estabilidad política, el gobierno del PP, frente a la corrupción. Nada que hacer por ahí tampoco, salvo algunos juegos florales. Las otras formaciones políticas, como las de identidad canaria o el PNV, vienen prefiriendo cualquier plato de lentejas a cambio del apoyo al gobierno. Y en eso siguen.

Queda la izquierda. ¿Por qué no derriba la izquierda al PP? Hay razones, las valoremos como las valoremos. Primero está el procès, un elemento que impide al PSOE ir de la mano de los nacionalistas catalanes a ninguna parte, no sólo porque esos nacionalistas venían pidiendo el voto condicionado al referéndum, sino porque, viendo lo que estamos viendo, no son de fiar. De la gente del procès no se puede esperar ninguna solidaridad, porque prima lo sagrado, la independencia, aunque sea desde Bruselas. Otro camino cerrado.

Cabría la posibilidad de terminar con Rajoy mediante una alianza del PSOE y ‘Podemos’, aunque habría que garantizar la abstención, al menos, de ‘Ciudadanos’ o el voto incondicionado de todo el resto del parlamento. Pero esa alianza es imposible también, no sólo porque ‘Podemos’ sigue insultando al PSOE siempre que tiene ocasión, fórmula poco eficaz para intentar hacer pactos, sino porque el PSOE no se fía de ‘Podemos’. Y no se fía con toda la razón de su parte, a causa de lo que me gusta llamar el efecto cal viva, aquel famoso discurso de Pablo Iglesias y aquella votación del 2 de marzo de 2016, de lo que ‘Podemos’ sigue sin hacer autocrítica, cuando no lo reivindica con todas sus fuerzas o desarrolla estrategias de idéntico sentido, como fue aquella moción de censura. Otro camino sin salida.

La sociedad española está paralizada ante la corrupción, aunque sienta una vergüenza insoportable, porque la situación política es paralizadora. Se necesitaría una catarsis general, catarsis de los partidos con purificación incluída de las personas que los dirigen. Y no parece que eso vaya a ocurrir, por lo que sólo nos queda el desaliento. Sin embargo, deberían hacérselo mirar, al menos los que sean capaces de anteponer una mínima ética a todo el peso de la inmundicia, para que la política no esté tan lejos de la sociedad.

Marcelino Flórez

RUPTURA, de Manuel Castells

Este año los Reyes me echaron un libro, que lleva ese título, Ruptura. Se lee con mucha facilidad y el autor tiene mucha autoridad. Así que lo devoré en dos ratos perdidos. El libro es una crónica sociológica, que cuenta el desencanto a causa de la crisis y el movimiento de los indignados al grito de “No nos representan”. Es la narración, como dice el subtítulo, de “la crisis de la democracia liberal”, agudizada por el recurso a la política del miedo, a causa del terrorismo global.

La indignación ha provocado una rebelión de las masas, que ha derivado por caminos negativos: Trump, el Brexit, el “macronismo” o la desunión europea. Pero Manuel Castells ve una luz en España, donde el 15-M dio fin al bipartidismo, y donde la rebelión se encaminó hacia una izquierda representada en ‘Podemos’ y hacia la salvación de la socialdemocracia con Pedro Sánchez. El libro termina relatando la crisis del Estado con el conflicto catalán.

Reconoce Manuel Castells que las cosas van muy rápidas en esta era de la información y, efectivamente, a su reflexión le ha caído encima el final del procès, cuyos efectos no ha podido analizar. Sería menos optimista en la conclusión esperanzadora del caso español en cuanto a modelo mundial. Menos optimista en lo que se refiere a la socialdemocracia, pues está por ver que su amigo y asesorado Pedro Sánchez logre “anclar al PSOE en la izquierda”, ya que los resultados en Cataluña, si bien no desbaratan la hipótesis, la debilitan.

En cuanto a la modernidad y la alternativa de ‘Podemos’, no puedo acompañar el optimismo de Castells. Aquí sí que ha habido una quiebra, respecto a diciembre de 2015. Y no sólo por el resultado de Cataluña, que es grave, sino por la desafección en el resto de España, que corre como la pólvora.

Reconoce Castells que el éxito de ‘Podemos’, aunque flotaba en la ola del 15-M, se debió en gran parte a “su estrategia comunicativa en los medios tradicionales: televisión y radio”, especialmente gracias al “liderazgo mediático de Iglesias”. Eso se acabó. No sólo se acabó, sino que, a juzgar por las encuestas, Pablo Iglesias ejerce ahora mismo un contraliderazgo, que es mortífero para ‘Podemos’. Diríamos que padece el efecto indeleble de la cal viva. Hay cosas que se dicen una vez y duran para siempre.

Hay un problema con el liderazgo, sí, pero lo que representó el 15-M iba mucho más allá de los líderes, era un empoderamiento de las multitudes. En esa ola cabalgó ‘Podemos’ mientras se constituía, pero la participación democrática y, sobre todo, la democracia deliberativa fracasó desde el minuto uno de la organización como partido. La Asamblea de Vistalegre 2 es la constatación de un partido autoritario y negador de la mínima pluralidad. El desprecio a los minoritarios y la imposición arbitraria en todas las coaliciones realizadas no hace más que constatar lo mismo. ‘Podemos’ rezuma autoritarismo por todos los costados. Ese es el problema.

No sé si Castells acertará en las predicciones sobre su asesorado Pedro Sánchez y si el PSOE logrará anclarse en la izquierda. Puede ser, pues está logrando mantenerse e, incluso, crecer un poco en las encuestas. Desde luego, la socialdemocracia española está saliendo mejor parada que la griega, la francesa, la italiana o la alemana, aunque no mejor que en Portugal o en el Reino Unido. Habrá que esperar.

Pero ‘Podemos’ camina irremediablemente hacia el abismo, si no logra una refundación. Esto va a depender en gran manera de la forma en que se planteen las próximas elecciones municipales. Si se logran recuperar movimientos de asambleas vecinales, capaces de construir programas y de proponer candidaturas de confluencia, más allá de todo tipo de coalición, será posible recuperar parte de la ilusión de las indignadas. Por la vía autoritaria de nuevos y viejos partidos, no hay nada que buscar. Y a las pruebas me remito.

Marcelino Flórez

“Éramos pocos y llegó Sánchez”: Comentario de texto.

Hemos conocido, merced a eldiario.es, el documento completo en el que ‘Podemos’ analiza las repercusiones de la victoria de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE para toda la clase política. Estas son las ideas principales:

Aunque ‘Podemos’ podrá seguir marcando la agenda política hasta el 13-J, dice el argumentario, también reconoce la importancia que tiene la victoria de Sánchez, cosa que cifra en los siguientes aspectos:

1. En la propia moción de censura, que cobra nuevo interés por las expectativas que genera Sánchez.

La táctica que ‘Podemos’ propone a sus militantes es conservar el protagonismo hasta el día 13, insistiendo en la polarización: “corrupción frente a nuevo país” o “dignidad frente a indignidad”. Esto es, polarización transversal y no ideológica.

2. A partir del 14 de junio, Sánchez puede convertirse en la referencia para la dicotomía entre izquierda y derecha. Esto es calificado como regreso al bipartidismo, aunque reconociendo que puede ser un factor que desplace a ‘Podemos’ de su posición en la tabla demoscópica.

3. Tanto las primarias del PSOE, como otros factores han privado a Rajoy del arma de que disponía para el chantaje, la amenaza con el adelanto electoral. Esto puede suponer más refuerzo para Sánchez.

¿Cuál es la idea básica de este argumentario o, de otra manera, cuáles son las preocupaciones de ‘Podemos’ ante la irrupción de Sánchez?

Lo primero que hay que advertir es que se trata de un documento poco importante y meramente táctico o coyuntural. De hecho, sólo contiene un mandato: continuar insistiendo en la polarización y centrándolo en la corrupción. Todo lo demás es reconocimiento de la importancia que tiene el “renacimiento” de Sánchez y la lógica preocupación que de ahí se deriva para ‘Podemos’.

La táctica que propone seguir se basa en la búsqueda de la transversalidad o populismo, que venía defendiendo Errejón: todos (el pueblo) contra la corrupción. Esto tiene alguna eficacia, siempre que ‘Podemos’ logre mantener el protagonismo en la tarea, cosa que está por ver. Pero esa táctica tiene un problema, porque representa lo contrario a lo que resultó victorioso en Vistalegre II y que se plasmó en la organización del partido, donde desapareció la pluralidad. ‘Podemos’ tiene ahí una tarea que resolver.

Pero la clave del documento está en la dirección de la agenda política hasta el 13-J incluído, es decir, hasta la moción de censura. Aparentemente, ‘Podemos’ parte con una ventaja, ya que la mayoría de la población considera que hay que censurar la corrupción y la moción es una oportunidad para ello. Así lo reconoce el texto que comentamos, reconocimiento que lo es también del carácter eufemístico o de posverdad que tiene la moción presentada: no busca cambiar el gobierno, sino otras cosas, como suponía yo en un artículo anterior.

El problema es que hay que ganar la moción de censura, no ganar con votos, que esa derrota ya está descontada, sino ganar con argumentos. Y aquí las fuerzas están más igualadas. No entre el Partido Popular y ‘Podemos’, donde es muy probable que el Partido Popular sea derrotado, pues la corrupción es indefendible, sino entre las diversas posiciones políticas del Parlamento, donde el renovado PSOE tiene alguna ventaja. Puede denunciar la corrupción con la misma intensidad que ‘Podemos’, con el valor añadido de haber tratado de evitar que Rajoy gobernara. Y esto en dos ocasiones, el 2 de marzo con la formación de un gobierno alternativo para el que había votos suficientes y el 30 de octubre, cuando Sánchez mantuvo la postura del “no es no”, dimitiendo. Además, un partido con tan larga experiencia puede tener la habilidad de presentar alternativas realistas a problemas actuales, sea para Cataluña, sea para las relaciones laborales, sea para Europa, sea para las libertades y los derechos humanos.

La moción de censura, aunque eufemística, presagia que el Partido Popular salga derrotado, pero no está escrito quién resultará victorioso y las cartas no están en la mano de ‘Podemos’.

Marcelino Flórez

¿Moción de censura o posverdad?

Expulsar al Partido Popular del gobierno de España es una necesidad objetiva. Si ya es de extrema gravedad el saqueo al que han sometido a las arcas públicas, a causa del cual decenas o centenares de cargos públicos de ese partido están siendo juzgados o han sido condenados, a pesar de la destrucción de pruebas con las nóminas clandestinas de Bárcenas, más dañino es, si cabe, el deterioro al que han sometido y están sometiendo a las instituciones políticas y jurídicas. Esto, sin tener en cuenta la adhesión persistente al franquismo, el uso clientelar del poder o la expropiación de los bienes públicos, especialmente la sanidad y la enseñanza. El Partido Popular debe ser expulsado del poder, independientemente de que sea ilegalizado o no por los jueces.

La vía más eficaz, segura y democrática para esa expulsión es una moción de censura. Sin duda, este es el momento. Así lo viene diciendo mucha gente y yo he colaborado a difundir esa idea ajena en las redes sociales. Sin embargo, en cuanto ‘Podemos’ ha hecho precisamente esa propuesta de moción de censura, ha recibido un rechazo unánime de los partidos del Parlamento. ¿Cuál es la razón?

Más allá de los victimismos que escuchamos y que tanto recuerdan el pasado, yo sí encuentro alguna razón. Primero, la forma de presentarlo, porque recordamos con Gandhi que el fin está en los medios como el árbol en la semilla. Una moción de censura tendría que provenir de un acuerdo casi unánime en Las Cortes y eso habría que haberlo trabajado, si realmente se deseaba hacer una moción de censura. Tal y como se ha hecho, más parece afán de propaganda y más parece dirigirse contra el PSOE, que buscar el cambio de gobierno. En la tele he escuchado a Monedero, el mentor, sugerir prácticamente esto que digo. Lo malo de este error, por otra parte, reiterado, es que ya no es subsanable, por mucho que Baldoví intente enderezarlo o que los sindicatos se presten a echar una mano.

Otra razón del rechazo es el protagonista. Pablo Iglesias está quemado y eso también es irreversible. El peso del 2 de marzo de 2016 y de la cal viva no tienen escapatoria. Todavía escuchaba el mismo día a Monedero justificar aquel acto y no reconocerlo como error. Justo lo contrario a lo que percibe la inmensa mayoría de la población. Sigo resistiéndome, pero no me va a quedar más remedio que reconocerle un acierto a Ramón Cotarelo, cuando afirmó que “Podemos es lo peor que le ha pasado a la izquierda desde 1975”.

Marcelino Flórez

 

A propósito de Largo Caballero o del Pisuerga por Valladolid

Estoy leyendo un libro de un escritor novel, aunque avalado por Ángel Viñas. El Libro se titula Inseguridad colectiva y el autor se llama David Jorge. Trata de la Guerra de España desde la óptica de las relaciones internacionales y tiene mucho interés. Pero no es del libro de lo que quiero hablar, sino de un juicio que el autor formula en una argumentación marginal. Dice en la página 182: “La decisión de Largo Caballero terminó convirtiéndose en uno de los mayores errores históricos de la izquierda española”.

Se refiere David Jorge con esa contundente tesis a la actitud e Largo Caballero después de las elecciones de febrero de 1936, cuando logró imponer en el PSOE la no participación en el gobierno del Frente Popular, impidiendo, además y reiteradamente, el acceso de Prieto a la presidencia del gobierno. Es inútil especular sobre lo que hubiera podido ocurrir con Prieto en el gobierno, pero sabemos lo que resultó de la estrategia de Largo Caballero: un gobierno débil y un presidente inepto, bajo cuyo mandato se produjo un golpe de Estado anunciado, que derivó en una guerra internacional. Quizá Largo Caballero encontrase finalmente satisfechos sus deseos al acceder él mismo, unas semanas después de iniciada la guerra, a la presidencia del gobierno, pero ni paró la guerra, ni puso los cimientos para el triunfo de la revolución: un error estratégico en toda regla.

Sabemos con Marx que la historia no se repite y, si lo hace, no es en forma de tragedia, sino de comedia. No compararé, entonces, febrero de 1936 con marzo de 2016, ni señalaré con el dedo a cada uno de los líderes y a cada uno de los partidos retratados. Pero dejadme que hable por enésima vez de los resultados de las estrategias. Después del 2 de marzo de 2016, Rajoy está en el poder y el Partido Popular esparce su corrupción sobre el asfalto de pueblos y ciudades, y la gente, aquel 99 por 100, está decepcionada y huérfana de ilusiones. Si esto no es un error, decidme cómo hay que llamarlo.

¿Qué nos queda, entonces, cuando se pierde la esperanza de recuperar la ilusión? Los periódicos vienen cargados estos días con noticias sobre la reconstrucción del PSOE o sobre los pasos para fortalecer la alianza de Unidos Podemos. Algo así como resucitar a Largo Caballero, por continuar la metáfora, y reiniciar el camino, mejor organizados ahora y bajo el mismo principio de la hegemonía. Nada hace presagiar un cambio de estrategias.

Sólo nos queda el municipalismo. Hace ahora tres años comenzó a moverse una corriente social, que ya llevaba algún tiempo formándose, con la intención de agrupar pensamientos afines en candidaturas municipales autónomas. Esta corriente, si bien contaba con la presencia, incluso destacada, de personas procedentes de partidos de la izquierda, no nació de las ejecutivas de esos partidos, sino de las bases sociales, que se juntaban en la calle defendiendo los derechos cotidianos. Alguna de esa gente llevaba mucho tiempo reflexionando también sobre formas de organización política, de gestión económica, de cultura creativa, sobre formas, en fin, alternativas de organizar la vida. El concepto político que recoge este pensamiento es el de democracia deliberativa, en el que son componentes esenciales las ideas de pluralidad, respeto a la diferencia, participación o consenso. La movilización del 15M expresó de forma plástica este pensamiento  través de las manos elevadas, abiertas y batidas como señal de asentimiento, sin necesidad de votaciones, sólo con razonamientos. En algunos reglamentos municipalistas esas ideas se recogen expresamente: “Las decisiones se tomarán por consenso”, dice la norma para el Grupo de Coordinación, algo así como la Ejecutiva, de Valladolid Toma la Palabra.

Las candidaturas municipalistas han corrido un riesgo grande de ser fagocitadas por alguna formación política particular. De hecho, los medios de comunicación tienden a identificar a formaciones como Ahora Madrid o Barcelona en Común con el partido político ‘Podemos’, siendo como son cosas tan diferentes. Algunos líderes políticos, incluso, facilitan esa confusión y gustan de hablar de “candidaturas del cambio” o cualquier otro eufemismo favorecedor de la confusión. A veces, se sobrepasan todos los límites. Por ejemplo, el partido político ‘Podemos’ envió a sus 457.373 inscritos un boletín en enero con este titular: “Podemos recupera la gestión pública del agua en Valladolid”, que unas horas después cambió por este otro: “Sí se Puede contribuye a recuperar la gestión pública del agua en Valladolid”. Para quien no lo conozca, recordaré que en esa ciudad hay una candidatura municipalista, llamada Valladolid Toma la Palabra, en la que ‘Podemos’ no quiso participar y creó un partido instrumental paralelo con el nombre de “Sí se Puede”, con el que obtuvo tres concejalías. Apoya al equipo de gobierno, formado por PSOE (8 concejalías) y VTLP (4 concejalías), pero renunció también a formar parte del mismo. El titular que comentamos es un ejemplo perfecto del razonamiento sobre los peligros del municipalismo.

Salvar las asambleas es nuestra tarea y nuestra esperanza, al tiempo que fortalecemos su autonomía. En la asamblea caben todos, pero sobra cualquier artimaña de manipulación. Después de tres años de actividad y de las experiencias anteriores, estamos algo vacunados, aunque vemos las dificultades que salen al camino, como parece observarse desde lejos en Barcelona. Cuando llegue el momento clave, el de hacer candidaturas y programas municipales, se destapará la caja de los truenos y es ahí donde se dilucidará finalmente si queda alguna ilusión en la izquierda o sólo nos quedan largos caballeros.

Marcelino Flórez

 

Vistalegre II: unidad y humildad

Pablo Iglesias ha ganado. Dos cosas acarrea de inmediato su triunfo: la reorganización del partido y la estrategia de formación de un bloque social y político. Esto significa continuidad perfecta respecto al pasado, esta vez sin sobresaltos, porque la nueva estructura organizativa garantizará que nadie se salga de la vía trazada.

Pero el aval recibido por Pablo Iglesias tiene otros efectos. El primero, la ratificación de la bondad de la estrategia seguida en el último año, como expresamente dice el documento ganador. Ya no caben más discusiones sobre los procesos electorales. Aquella intervención de Pablo Iglesias rodeado de sus “ministros” anunciando a Pedro Sánchez el gobierno de coalición fue lo correcto. Del mismo modo, la cal viva expandida por los pasillos de la Cámara de Diputados el 2 de marzo era lo correcto. La pérdida de votos el 26-J se explica, entonces, por los esfuerzos de la caverna mediática para confundir al confiado votante. Ha terminado el tiempo de la autocrítica con el aval de un amplísima mayoría de inscritos en el partido. El método, segregación y soberbia, queda igualmente avalado o, al menos, olvidado. Aunque, siendo esto así, no se entiende bien cómo todos los comentarios posteriores al conocimiento de los resultados de la votación muestran tantas dudas y sospechas sobre el futuro.

Otra consecuencia importante del resultado de Vistalegre II es la definitiva consolidación de ‘Podemos’ como el partido articulador de la izquierda. Solo o en coalición, ‘Podemos’ es la única vía que existe a la izquierda del PSOE. Y Pablo Iglesias es su líder y, por lo tanto, el próximo candidato a la presidencia del gobierno. La mayor parte de los votos obtenidos el 26-J quedan consolidados, aunque pueda resultar difícil incrementarlos dada la valoración social del líder.

Creo yo que esta situación no va a crear conflictos ni con los partidos coaligados en el Estado, EQUO e Izquierda Unida, ni, mucho menos, con los partidos coaligados en los territorios con variantes nacionalistas, lo que se viene llamando sin precisión alguna las confluencias, donde ‘Podemos’ es subsidiario.

Otra cosa será con el municipalismo. La opción vencedora en Vistalegre II planteará lógicamente la misma alternativa en los municipios, que en los espacios regionales o en el Estado, una coalición de partidos, fórmula ya empleada para controlar los procesos. El problema es que en los pueblos chicos nos conocemos todos y, en algunos casos, funcionan hasta asambleas para organizar elecciones, siempre a través de primarias abiertas y libres, y mediante programas participativos; y las asambleas pueden negarse a delegar el poder en los líderes de los partidos, como se vieron obligadas a hacer recientemente. Puede que la próxima vez, incluso, no funcione la marca, como ocurrió en 2015. Será en las elecciones municipales donde Vistalegre II encuentre la horma de su zapato. Nada importante ocurrirá hasta entonces, excepto las tertulias televisivas.

Mi pronóstico puede fallar, si Pablo Iglesias y su entorno se dan la vuelta como un calcetín y aplican las consecuencias de su última promesa: unidad y humildad. Lo de la humildad se podrá constatar muy pronto, pues está anclado en actitudes y expresiones cotidianas. La unidad con la diferencia comenzará a ensayarse dentro del partido, donde habrá de desaparecer lo que venimos viendo en forma de autoritarismo e intolerancia, para ser sustituído por deliberación y consenso. Los documentos aprobados, las personas elegidas para llevarlo a cabo y las primeras intervenciones del entorno, simbolizadas en Monedero, no parece que vayan a desmentir mi pronóstico, pero iremos viendo.

Marcelino Flórez