Archivo de la etiqueta: partido popular

4. Disenso

(El Partido Popular en el final del Régimen de la Transición)

La crispación y la ausencia de valores humanistas lleva de la mano la actitud de disenso en la relación con las demás fuerzas políticas y con los movimientos sociales. Aunque esta actitud ha florecido durante la última legislatura principalmente, tiene un origen que se remonta a la misma etapa constitucional. No sólo fue con Fraga con quien hubo que discutir más en la etapa del consenso constitucional, sino que su futuro sucesor, José María Aznar, propuso ya entonces el disenso, pidiendo el voto negativo a la Constitución de 1978.

La historia del Partido Popular es realmente una historia del disenso, consecuencia inevitable de la opción por la estrategia de la crispación. Uno de los mejores ejemplos, como ya hemos dicho, es la utilización sectaria del terrorismo, que ha sido una constante en la historia del PP y aún recurre a ella en este final de la violencia etarra, dando un rostro de comedia a lo que hasta hace nada era una dolorosa tragedia. Quiero destacar, sin embargo, otro ejemplo, la educación.

El disenso en educación recorre todo el periodo constitucional y ha estado favorecido por la actitud del catolicismo español, para el cual el control de la educación, en sentido ideológico, es esencial. Una conjunción de factores logró aglutinar a la mayoría social contra las leyes educativas del Partido Socialista hasta hacer fracasar a la más emblemática de esas leyes, la LOGSE. El dificilísimo consenso educativo de 1978 se rompió con la quiebra de la LOGSE, a lo que se adhirió la mayoría social del bipartidismo. La responsabilidad del PSOE, no denunciando los Acuerdos Vaticanos de 1979, es enorme a este respecto. A pesar de eso, en la etapa del ministro Gabilondo trató de recuperarse el consenso educativo. Este ministro logró el aval de todo el movimiento social y de las Comunidades Autónomas en torno a una ley educativa, donde las fuerzas progresistas hacían las mayores renuncias. El Partido Popular no tuvo más remedio que reconocer la bondad del acuerdo, pero en el último momento, con las elecciones ya próximas y con la estrategia de la crispación en su mayor auge, renunció a firmar. La veracidad de lo que digo está fuera de discusión, pues no se trata de opinión, sino de hechos constatados, pero, además, se ve avalada por la Ley Wert, que es el mejor ejemplo de ley educativa de disenso y que no tiene más futuro que el que tenga el gobierno del partido que la aprobó en solitario.

Ha sido, sin embargo, la mayoría absoluta de la última legislatura la que ha sentenciado para siempre el disenso. Un solo acuerdo ha solicitado el PP en este periodo, el pacto contra el terrorismo yihadista, y aun en eso sólo ha logrado la adhesión del PSOE, necesitado de cuidar al votante más centrista y conservador. Todo lo demás ha sido gobernado y legislado desde el disenso y, aún más, desde un sectarismo vergonzante: la reforma laboral, los recortes educativos, sanitarios y de servicios sociales, la financiación de la banca especuladora, la pseudorreforma del aborto, la ley educativa, las leyes mordaza, el conflicto en Cataluña, la salida del terrorismo etarra, todo. Es lógico, por lo tanto, que ahora se abra ante los ojos del Partido Popular un árido desierto.

3. Corrupción

(El Partido Popular en el final del Régimen de la Transición)

Existen espacios de corrupción difícilmente observables, cuando ésta se practica entre particulares. Por ejemplo, si un aspirante a un cargo o a un contrato público ofrece dádivas a un miembro de un tribunal o a un concejal, la acción puede pasar desapercibida, si no sale del ámbito privado. La gente suele decir que siempre ha sido así y seguirá siendo, porque quién más, quién menos, una mayoría de gente ha ofrecido o ha recibido el ofrecimiento de una caja de bombones (antiguamente, se decía un jamón), aunque sólo fuera como agradecimiento por el resultado de un examen o de una contratación. Esta puede ser una razón por la que mucha gente, bien es verdad que más en unos perfiles ideológicos que en otros, ha sido tolerante con la corrupción.

La cultura del regalo al funcionariado por cumplir con su deber o a los ricos por hacer un favor se trasladó a la vida política representativa y es ahí donde se asentó una corrupción que ha alcanzado cotas elevadísimas. La razón del éxito de las prácticas corruptas es la tolerancia, primero, y la justificación, después, por parte de esos partidos de prácticas corruptas con la excusa de que servían para financiar al partido. Las personas concretas que intermediaban en el trapicheo podían fácilmente lucrarse con ese juego, siempre inefable y oculto, como ha puesto en evidencia el “caso Bárcenas”.

En el recuerdo tenemos otros casos muy sonados, que terminaron con sentencia dictaminadora, como el “caso Filesa”, donde se probó una financiación irregular del PSOE; o que fueron sobreseídos por cuestiones formales, que no lograban ocultar el hecho, como fue el “caso Naseiro”, que afectó al PP. También está en nuestro recuerdo el caso de decenas, de centenas, tal vez de miles de cargos públicos, que han sido sentenciados por enriquecimiento ilícito en el uso de su cargo, lo que ha afectado a todos los partidos que han tocado poder. Pero el vaso lo ha colmado, primero, el “caso Gürtel”, donde apareció ante nuestra vista toda una organización mafiosa, sustentada en un partido político, creada para delinquir mediante el robo a las administraciones públicas; y, después, el “caso de los ERE” en Andalucía, donde, termine como termine la instrucción judicial, está fuera de duda que cargos públicos y organizaciones sociales han hecho mal uso del dinero público.

La corrupción se hizo crónica con la burbuja inmobiliaria y con las políticas que la favorecieron. Mientras duró el boom, la gente toleró esa corrupción, pero la crisis económica ha dado fin a la tolerancia. Las encuestas de opinión del CIS sitúan ya a la corrupción en el número 2 de las preocupaciones de los españoles. Esta toma de conciencia, que ha de ser recibida como una buena noticia, puede abrir un camino para dar fin a la corrupción y a los partidos responsables de la misma, si aparecen a los ojos de todos como justificadores de aquella.

En este sentido, la “Gürtel” puede asestar un golpe mortal al Partido Popular, que tanta resistencia ha venido ofreciendo para clarificar los hechos. La defenestración de Garzón y los discos duros de los ordenadores de Bárcenas, desaparecidos, son una losa que terminará siendo insoportable. La instrucción del juez Ruz ha colocado unas toneladas más de peso sobre esa losa, aunque cada cual siga en su puesto como si no hubiese ocurrido nada. El asunto de los ERE de Andalucía tiene muchos puntos oscuros aún, pero las personas que gobernaron durante el desarrollo de los hechos delictivos no tienen excusa, por acción o por omisión. El partido tendrá el futuro que logre construir con transparencia, que no será ninguno si se atisba ocultamiento.

2.1. Desprecio de valores esenciales

(El Partido Popular en el final del Régimen de la Transición)

Desatada la lengua para la crispación, desvelaba el pensamiento oculto del Partido Popular en lo relativo a los valores humanistas esenciales. Los últimos años están plagados de ejemplos. Veamos algunos.

Con motivo del debate sobre la reforma laboral, se le coló al ministro De Guindos en un micrófono abierto que la reforma iba a ser muy dura. En el Parlamento, la actitud ya habitual de la bancada popular, entonces eufórica por la reciente mayoría absoluta, jaleaba sin cesar a los suyos y abucheaba a los contrarios. En uno de esos jaleos se le oyó decir a una parlamentaria, hija de un político famoso condenado por corrupción, “¡que se jodan!”, refiriéndose a los trabajadores y a sus empeoradas condiciones laborales. Se me vino a la memoria inmediatamente aquel “¡Comed República!”, que gritaban los señoritos, victoriosos en 1933, al jornalero hambriento y votante de las izquierdas. No hubiese ido más allá el improperio, si su autora hubiese dimitido inmediatamente del cargo electo o, en su defecto, si el partido la hubiese expulsado, pero no fue así, sino que confirmó su puesto y, de esa forma, avaló el improperio y lo que significa: el desprecio a la clase obrera, a la gente más débil de la sociedad.

Siempre que una alcaldía, un gobierno regional o el gobierno del Estado legisló o actuó en beneficio de la inmigración, el Partido Popular se opuso con el argumento del “efecto llamada”. Cuando la inmigración siguió llamando a las puertas bajo su gobierno, el gobierno popular continuó actuando conforme a su pensamiento, reprimiendo con dureza a las personas inmigrantes, hasta el punto de terminar sus actuaciones en los tribunales de justicia. El antihumanismo de esas actuaciones se ve confirmado con el comportamiento ante la misma actitud de otras autoridades. Nunca el Partido Popular ha condenado las palabras y los actos del alcalde de Badalona o del alcalde de Vitoria, que, condenados o no por los tribunales, han tenido que comparecer ante ellos bajo la acusación de xenofobia y de racismo. Podemos decir que el Partido es coherente, pero también hay que gritar que esa actitud carece de valores humanistas.

Un tercer ejemplo, el machismo. Podrá hacerse Rajoy cuantas fotos desee rodeado por todas las mujeres del Partido Popular, pero ni un millón de fotografías puede compensar la presencia del candidato a alcalde de Valladolid y actual alcalde de la ciudad en las listas electorales. Las portadas en la prensa nacional y la presencia, incluso, en noticias internacionales que han protagonizado los exabruptos machistas de León de la Riva no se pueden tapar con ningún mural fotográfico. Aquella referencia prostibular a los labios de una ministra, aquel desprecio erótico a la candidata socialista a la alcaldía y, sobre todo, aquel abandono de las mujeres violadas y maltratadas con la burla del ascensor y los sujetadores no lo tapan ni todos los escombros acumulados durante la burbuja inmobiliaria. Todavía alguien argumentará que existen mujeres en Valladolid que votarán a este alcalde y, efectivamente, su presencia en las listas está pidiendo el aval para su comportamiento. Pero, por más que conserve algún voto femenino, la negrura machista del Partido Popular, que se ve autorizada con la presencia de León de la Riva en la alcaldía de Valladolid y en la nueva candidatura, no la lava nada ni nadie. El machismo será un componente negro de la ideología del Partido para siempre, por la tozudez de los hechos sobre las palabras.

2. Crispación

(El Partido Popular en el final del Régimen de la Transición)

Desde el ya lejano “Váyase, señor González” hasta la “herencia de Zapatero”, la crispación ha sido uno de los elementos principales de la estrategia política del Partido Popular. La crispación ha ido unida al insulto, abriendo fronteras entre los partidos, que venían muy bien al bipartidismo, pero que producían una brecha social peligrosa. Un hito en la escala de crispación lo representa el ahora presidente Rajoy, que llegó a llamar “tonto solemne” al anterior presidente del Gobierno o que le acusó de “traicionar a los muertos”, siempre en sede parlamentaria. Es imposible ir más lejos en el camino recorrido por el Partido popular y su corte mediática en la práctica del insulto para la crispación. Si en público hemos presenciado el espectáculo que hemos presenciado, no quiero ni pensar lo que hablarán en privado los gestores de la crispación.

Esta estrategia le ha servido al Partido Popular para hacerse con un enorme poder en dos ocasiones desde 1996. Los elementos de esa estrategia, sin embargo, han cambiado sustancialmente en los últimos años. El terrorismo etarra, principal elemento utilizado, ya no sirve al estar desactivada ETA y no producir muertes. El pequeño uso que sigue haciendo de este factor, a través de alguna asociación de víctimas afín, que juega ese mismo juego, ya no es capaz de movilizar masas de población. El otro elemento básico de crispación, Cataluña, tampoco le sirve, sino que puede habérsele vuelto en contra. Otros elementos menores, como la escuela o el aborto, también han perdido eficacia movilizadora, a causa de la presencia de otro Papa al frente de la Iglesia católica. Todavía puede hacer algún uso, aprovechando el arcaísmo de la Conferencia Episcopal Española, pero muchos católicos miran más al Vaticano que a Granada, a Alcalá de Henares o a Bilbao, de modo que ese factor de crispación tiene los días contados en el contexto actual.

También ha cambiado el objetivo de la crispación: desmovilizar a los votantes del PSOE. En tiempos del bipartidismo ese objetivo daba sus frutos y los dio en 1996 y en 2011, pero el bipartidismo ha quebrado. La gente progresista no tiene por qué quedarse en casa cuando los contertulios se gritan el uno al otro “y tú más”, sino que tiene otras opciones viables para el voto. Y, sobre todo, la gente conservadora ya no depende del voto al PP para tener tranquila su conciencia. Ciudadanos le aporta la misma tranquilidad sin tener que escuchar una voz más alta que otra y sin tener que sobrellevar cargas históricas insoportables.

La estrategia de la crispación dio sus frutos, el monopolio del poder, pero trajo también otras consecuencias: el Partido Popular se granjeó muchos enemigos y no hizo amistad con nadie. Ante sus ojos se abre ahora un páramo de soledad y de resentimientos, que trae malos augurios. Lo doloroso es que la estrategia tomó cuerpo también en la sociedad y la fracturó en bandos enemistados, cuya mejor prueba son las tertulias omnipresentes en los medios de comunicación. Esperemos que el fin de la estrategia acarree el fin de los tertulianos, además de la desafección de los votantes, que ya se ha hecho notar.

1. Neofranquismo

 (El Partido Popular en el final del Régimen de la Transición)

El Partido Popular tiene su origen en el franquismo, fue creado por un sector de los que dominaban aquel régimen dictatorial. Cuatro ministros de Franco, “los cuatro magníficos”, pusieron cara a aquel partido, que se llamó en su origen Alianza Popular. Uno de ellos, Fraga, lo lideró hasta su muerte, dejando establecido un régimen sucesorio garante de la continuidad ideológica. De hecho, el partido Popular no ha condenado nunca a la Dictadura franquista.

La primera incomodidad para la ideología neofranquista provino de la llamada memoria histórica y el ejemplo más simbólico lo protagonizó el entonces portavoz del partido, Luis de Grandes, cuando rechazó una propuesta de IU en homenaje a las víctimas del franquismo , descalificando en la prensa el 26 de noviembre de 2003 la propuesta por su “olor a naftalina”. Ese insulto a las víctimas mereció alguna respuesta en la opinión publicada, pero la repercusión fue escasa en aquel momento.

El movimiento memorialista, sin embargo, se instaló definitivamente en la sociedad y su ejercicio, con la exhumación de personas asesinadas y hechas desaparecer en fosas comunes como principal acción, rompió definitivamente la argumentación de los franquistas. El mismísimo Tribunal Supremo calificó al régimen franquista de responsable de crímenes contra la humanidad. En este nuevo contexto, otro destacado dirigente populista, Rafael Hernando, profirió un inigualable insulto a las víctimas del franquismo, cuando afirmó el 4 de noviembre de 2013 que los hijos de los asesinados sólo se acordaban de sus padres si había subvenciones públicas. Aunque los tribunales del régimen indultaron ese agravio inconmensurable, situando la libertad de expresión por encima de la ignominia, la opinión de Rafael Hernando pasará a la historia como símbolo perfecto del neofranquismo. El presidente Rajoy, lejos de condenar el insulto, elevó a Rafael Hernando a portavoz del Partido Popular en Las Cortes en diciembre de 2014, para dejar bien claro que el neofranquismo es ideología constitutiva del partido.

La relación de manifestaciones neofranquistas durante el gobierno de Rajoy es muy larga. Dejando a un lado aquellas que han poblado las noticias de la prensa local, enumeramos algunas que han sobrepasado las fronteras locales y han sido noticia en la prensa nacional:

– Profanación en Poyales del Hoyo (Ávila) de una tumba con restos de víctimas del franquismo exhumados. Los vecinos, con el alcalde y los concejales populistas al frente, asediaron a los familiares de las víctimas. Uno de ellos gritaba: “Si franco levantara la cabeza, os cortaba el cuello”. Las palabras son del 6 de agosto de 2001. Alcalde y concejales del PP siguen en sus puestos.

– Manuel González Campo, alcalde del PP en Baralla (Lugo), pronunció estas palabras en un pleno durante el desarrollo de una moción a principios de agosto de 2013: “os que foron condenados a morte será porque o merecían”. El PP impidió su reprobación en el Parlamento Gallego en septiembre de 2013.

– La Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica colocaba por sexta vez el día 5 de octubre de 2012 en la Tapia del Cementerio de Granada una placa, que había sido arrancada cinco veces anteriormente por orden del alcalde populista. En ese lugar están documentados 3.969 asesinatos del franquismo.

El País publicaba un reportaje el día 20 de agosto de 2013 con este título: “La presión social obliga al PP a tomar medidas contra los gestos fascistas”. Ese mes habían proliferado manifestaciones y exhibiciones de emblemas franquistas y fascistas a cargo de miembros jóvenes del Partido Popular. Los dirigentes adultos más osados alcanzaron a emitir alguna leve reprimenda.

– 25 de septiembre de 2013: Acto de exaltación franquista y nazi en un colegio público de Quijorna, Madrid. La alcaldesa, Mercedes García, rindió homenaje a los “caídos por Dios y por España” en el contexto de aquellos actos. Siguió en su puesto.

Los concejales del PP presentaron el día 13 de diciembre de ese año una moción contra los concejales independientes y el concejal socialista “por el daño irreparable que han producido tanto al pueblo como a sus vecinos”. Como reconocería Serrano Súñer en sus memorias, es el mundo al revés, siguiendo el modelo de la justificación del golpe de Estado y de la justicia franquista.

– En los presupuestos para el año 2012 el PP incluyó la cifra de 163.790 euros para financiar el Diccionario biográfico español, subvención que había sido congelada por el Congreso de los Diputados el verano anterior a causa de las polémicas suscitadas entre historiadores por la exaltación del franquismo (y poca calidad científica) en varias entradas de dicho Diccionario.

– La Sentencia 29/2014, de 20 de enero, obligaba al alcalde del Ayuntamiento de Valladolid a cumplir con la llamada Ley de Memoria Histórica y quitar del callejero los nombres relacionados con el franquismo, así como diversos símbolos. Los querellantes se vieron obligados a elevar un escrito al juzgado en septiembre de 2014, porque la sentencia seguía sin cumplirse en varias de sus partes. Este alcalde, que reúne otros muchos y similares méritos, sigue en su puesto y ha sido designado por Rajoy como candidato para las siguientes elecciones. Todo un modelo para el memorialismo franquista que sigue inundando España.

Podríamos hacer una lista interminable, pero esta es suficiente para afirmar sin ningún género de dudas que el Partido Popular defiende una ideología franquista y eso significa que avala a un régimen al que el mismo Tribunal Supremo ha calificado de responsable de crímenes contra la humanidad. Nadie en los países de nuestro entorno es capaz de entender estas cosas. En España, cada poco tiempo, el Partido Popular solicita a la población que le refrende sus ideas y un número elevado de españoles continúa haciéndolo. Está próximo el día en que muchos ciudadanos comprenderán que no pueden cargar sobre sus espaldas una carga tan pesada.

El Partido Popular en el final del Régimen de la Transición

Más que analizar al Partido popular y tratar de conocer mejor las razones de su decadencia, lo que no me interesa nada, tengo interés en ayudar a no olvidar lo que ha sido y lo que es el Partido Popular, para que lo podamos explicar cada vez que sea oportuno. Lo he repetido hasta la saciedad en este blog, a propósito de su cotidiana actuación: Delendus est PP, La ilegitimidad del PP, Como si el PP no existiera; o he insistido en aspectos particulares de su actuar: el franquismo, la crispación, la corrupción. Ahora, cuando el ciclo electoral iniciado parece anunciar el final de la hegemonía del PP, quiero recordar lo tantas veces repetido y destacar que podemos estar en vías de una nueva transición, en este caso el final de dos etapas históricas sucesivas y continuadoras: la Dictadura franquista y el régimen político de la Transición.

Es verdad que aún no se ha socializado suficientemente, pero la ciencia histórica ya ha consensuado el significado de la Dictadura franquista: fue un sistema político que entra en la categoría de los crímenes contra la humanidad. Sus efectos no han sido reparados, pero están creadas las bases para poder hacerlo. Respecto a la Transición, se va estableciendo la tesis de que una característica dominante ha sido el monopolio bipartidista del poder, determinado por la ley electoral, que ha logrado estrangular los buenos efectos democráticos que auguraba la Constitución de 1978. El mayor daño del bipartidismo ha sido la institucionalización de la corrupción, como elemento del régimen político, y el abuso del poder, que en manos del Partido Popular ha dado lugar a un régimen autoritario.

Los dos partidos que se han turnado en el poder tienen parecida responsabilidad en la perversión del régimen de la Transición; también le toca su parte de responsabilidad a los nacionalismos, más a los catalanes que a los vascos; y la misma Izquierda Unida está afectada, tanto en lo que se refiere a la corrupción, como en el modelo poco democrático de partido. Sin embargo, la suma de varios elementos de la vida política confieren al Partido Popular un protagonismo inigualable a la hora de caracterizar la desnaturalización del sistema constitucional de 1978. El resultado de la quiebra de ese sistema ha sido la conformación de una democracia de muy baja calidad, con algunas características bien definidas: neofranquismo, crispación, desprecio de los valores humanistas, corrupción, clientelismo, disenso y propaganda.

Las dos veces que el Partido Popular ha gobernado con mayoría absoluta ha exhibido un autoritarismo extremo, que en esta última etapa ha alcanzado cotas desconocidas. Si, como parece, la gente se ha hartado de autoritarismo, la derrota del PP podría ser definitiva. Analizaremos por capítulos estos elementos y concluiremos con la descripción del régimen autoritario popular.

Marcelino Flórez

Los ‘Ciudadanos’ ‘Podemos’ (Crónica política)

 Yo no lo escribiría así. Yo diría la gente o la ciudadanía o las personas podemos. Lo cierto es que ‘Ciudadanos‘ ha irrumpido este enero en la sociedad del mismo modo que lo hizo ‘Podemos‘ el enero anterior. En cuanto han comenzado a preguntar por ellos, las encuestas se han disparado; hasta 8 puntos ha subido en un mes en alguna de ellas, situándose en el 13 por 100, la cuarta fuerza política. Ahora sí que ha quebrado el bipartidismo, una vez que la derecha ha encontrado el camino para desasirse del partido único.

Si 2015 ya se presentaba atractivo, plagado de sorpresas políticas y mensajero de un cambio de régimen, la irrupción de ‘Ciudadanos‘ añade un plus de emoción. Todo parece indicar que Albert Rivera, el catalán españolista, puede ser capaz de hacer lo que de ninguna manera podía Rosa Díez, esa vasco-española oportunista, dotada de un partido dependiente en extremo del terrorismo etarra. Enseguida se ha empezado a ver que, sin terrorismo, no son nada.

Ciudadanos‘ tiene todos los vientos a favor. La crisis ha dejado desnudo al Partido Popular: la crispación ya no le funciona, una vez que la gente ha descubierto que era sólo un método encubridor de mentiras; y la corrupción se aguanta mal cuando el salario asignado en el pequeño negocio no permite llegar a fin de mes. Le queda sólo el neofranquismo, ahora con portavocía incluída, pero eso da para mantener un suelo que no podrá pasar de los cinco millones. Puede perder, incluso, el voto confesional católico, tan pronto como el Papa deje de cultivarlo y el arcaico episcopado español vaya enmudeciendo. Y, desde luego, ha perdido el voto de lo que aquel alcalde de Getafe denominó “tontos de los cojones”, que Marx solía llamar lumpemproletariado, y que Íñigo Errejón denomina gente plebeya. El descontento no ilustrado, denominación que yo prefiero, tiene ahora otras vías de escape, ‘Podemos‘ y ‘Ciudadanos‘. Como, además, ha hecho pocos amigos a lo largo de su existencia, no le arriendo las ganancias, que el clientelismo no da para todo y menos cuando soplan malos vientos.

La reconversión de la derecha ha comenzado, pero la reconversión de la izquierda se ha complicado. Ahora ya parece claro que ‘Podemos‘ no va ser capaz de liderar el proceso, al menos, de liderarlo en soledad. El voto de la gente plebeya ya no es de su monopolio y los estancamientos en las encuestas así lo atestiguan; y tampoco ha logrado monopolizar el voto de la izquierda. Esto, no sólo porque el PSOE tiene un colchón de afectos que tardará años en disiparse, sino porque la otra izquierda va encontrando el camino de la convergencia. Las experiencias municipalistas de asambleas ciudadanas abiertas, cuyo modelo más fraguado es Toma la Palabra en Valladolid, auguran un futuro consistente.

Nada en la otra izquierda va a ser igual en adelante. En primer lugar, la pervivencia de identidades diversas es incuestionable. Los comunistas podrán seguir siéndolo, si lo desean, pero tendrán que renunciar a la pretensión de hacernos a todos de los suyos. Los ecologistas no lograrán hacer triunfar su programa, pero nadie podrá pretender que renuncien a seguir cultivando la ecología política. Cualquiera otra definición, si es que existiese, como los humanismos, podrá seguir en su afán, siempre dentro del respeto a la diversidad. Pero lo que es seguro es que no habrá casa común y que la democracia deliberativa es el camino.

Madrid, por un lado, representando la quiebra en pedazos de Izquierda Unida, es prueba del cambio. Valladolid, por otro lado, manifestando la generosidad de la militancia de Izquierda Unida y la respuesta alegre de una suma de diversidades, es modelo de construcción de alternativas. Para que esto ocurriese, ha tenido que aparecer ‘Podemos‘, que hasta ahora ha vivido en la indefinición y en la ensoñación del triunfo. La toma de posiciones municipal le ha obligado a una primera definición: en Madrid ha impuesto un partido funcional para converger; en Barcelona ha aceptado una coalición de partidos muy tradicional, con reparto de puestos en las listas electorales; en Valladolid se ha abstenido (hasta ahora y después de poner no pocos palos en la rueda). En unos lugares y en otros, ha actuado un pequeño partido, que ha proporcionado la paciencia para mantener la deliberación y lograr los acuerdos. Se trata de Equo, que recibió ese mandato de su Asamblea federal en octubre. Es de justicia agradecérselo.

Marcelino Flórez