Archivo de la etiqueta: equo

La coleta morada quiebra

La respuesta de Pablo Iglesias a Artur Mas mediante un lenguaje al estilo indio podía haber tenido gracia, si hubiese sido una leve referencia a la “coleta morada”, pero, al convertirse en un largo discurso con gramática apache, bordeó el ridículo. Para mí, es el símbolo perfecto de la vacuidad de la campaña electoral de ‘Catalunya si que es pot’ o CSQEP (¡qué nombre, madre mía!). En esa campaña, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, o sea, ‘Podemos’ han asumido todo el protagonismo. En las televisiones españolas apenas hemos llegado a conocer al candidato y sólo un día pude ver en tercera fila a Joan Herrera. La estrategia ha estado clarísima: el nombre y las imágenes eran exclusivas de uno de los partidos coaligados. Y ha fracasado rotundamente.

Cada cual puede buscar las justificaciones que quiera, si la polarización independentista ha copado el mensaje, si no ha habido tiempo para dar a conocer la marca, lo que se quiera. Pero el nombre y el mensaje han fracasado en Cataluña. Y eso corrobora lo que había ocurrido antes en Andalucía y en las elecciones regionales. La burbuja se está desinflando. Es cierto que en Cataluña había muchos espacios donde depositar un voto de protesta, tanto a derecha como a izquierda. Hablo no sólo de las CUP, también incluyo ahí a ‘Junts pel sí’, y hasta el PSC podía atraer algún voto desencantado de otros lugares. Lo que se quiera, pero la marca y la estrategia han llevado un batacazo descomunal: menos votos con más votantes que en las últimas elecciones similares.

El final de la burbuja, que también corroboran las encuestas, pone a cada uno en su lugar. La alternativa ya no se llama ‘Podemos’, que en pocos meses ha dilapidado un patrimonio heredado enorme. La alternativa hay que buscarla en otras vías, sea mediante confluencia o mediante coalición. En todo caso, serán vías de equidad, no de dominancia, o no serán.

Hasta ahora la confluencia se ha visto entorpecida por la actitud enemiga de ‘Podemos’; tal vez también por las intenciones de control del proceso de algún sector de IU, según cuenta la gente de Madrid, aunque desde luego no es el caso de Alberto Garzón. El tiempo de obstaculizar lo mismo que el de la propuesta se ha acabado. EQUO consulta este fin de semana primero de octubre a sus bases si quieren confluir, incluyendo a ‘Podemos’ o prescindiendo de ‘Podemos’. Eso está bien, que se manifiesten las bases y se acabe con soberbias y dominancias. Yo pienso votar en cuanto lleguen las cero horas del día 3: confluencia sin condiciones y que se apunte quien quiera.

Marcelino Flórez

El estado de la unidad de la izquierda

Hace un año, con motivo de las elecciones europeas, concluíamos, al hacer su análisis, que la iniciativa para la unidad de la izquierda estaba en manos de ‘Podemos’. Este nuevo partido, sin embargo, renunció a asumir esa tarea y prefirió buscar el sorpasso en solitario. En las elecciones andaluzas ya pudo tomar nota de que su apuesta no iba a salir triunfadora, pero han sido estas elecciones del 24 de mayo las que confirman el error de esa estrategia, que merece ser llamada estrategia de la soberbia, cosa que no es nueva en la izquierda.

La iniciativa, lo acabamos de ver, ha cambiado de manos. Ahora está en el campo de las victoriosas formaciones de convergencia de la izquierda: en Madrid, en Barcelona, en otros mil lugares, pero también y, quizá, sobre todo, allí donde se han confrontado las estrategias de unidad con los propios teóricamente impulsores de las mismas, como ha sido Córdoba, gran parte de Andalucía, la propia Comunidad de Madrid y, de forma modélica, Valladolid. No sé si el nuevo partido eligió Valladolid de forma consciente para ensayar la estrategia. Hay que sospechar que sí, pues estamos tratando con técnicos. De todos modos, eso es igual, porque lo que importa son los resultados.

Tanto Alberto Garzón, como Juanxo López Uralde, en su paso por esta ciudad durante la campaña, han puesto mucho énfasis en destacar el carácter modélico de Valladolid Toma la Palabra. Ya lo hemos contado: VTP nace de una iniciativa de IU-Equo en el mes de junio de 2014, a la que se suma, poco a poco, todo el movimiento social de la ciudad. Funcionó siempre como una asamblea abierta, hizo primarias sin trampas, decidió ocultar las siglas políticas en la propaganda y puso en práctica la democracia deliberativa, fase actual de la vanguardia democrática, como explica Manuel Castells.

‘Podemos’ no quiso participar, aunque algunos de sus afiliados estuvieron en las asambleas. Y aquí no valen excusas. La que usa Jorge Castrillón en Último Cero, explicándolo porque estaba Izquierda Unida en la asamblea y porque las primarias abiertas eligieron a tres concejales de Izquierda Unida, además de ser enormemente injusta con IU, que ha tenido un comportamiento generoso en extremo, es una mera excusatio non petita. Cada cual es dueño de sus actos y ha de responsabilizarse de ellos.

Pues bien, con ‘Podemos’ en contra de la candidatura de convergencia más democrática conocida y con toda la panoplia mediática boicoteando la información sobre Valladolid Toma la Palabra, esta coalición ha logrado cinco mil votos más que una candidatura similar hace cuatro años y seis mil más que la marca de moda, ‘Podemos’. En Valladolid, como en el resto de España, será esta convergencia la que tenga que seguir construyendo unidad de libre adscripción de partidos, movimientos y personas, siempre con asamblea y con democracia deliberativa. Caben todos y no sobra nadie, pero el tiempo de ir de rodillas se ha cumplido y la soberbia ha quedado atrás.

Las circunstancias para la unidad de la izquierda se han clarificado mucho respecto a un año antes. Primero, el bipartidismo está claramente debilitado, pero no quebrado, como ya augurábamos entonces. Segundo, el PP se ha debilitado finalmente, al aparecer un competidor atractivo y más centrado, que compite en un espacio electoral al que también buscaba ‘Podemos’. Izquierda Unida, en solitario, ha quedado prácticamente anulada en todo el Estado, cosa que también habíamos augurado hace un año. Y ‘Podemos’ ha mostrado sus limitaciones. Como ha escrito Isaac Rosa, “Sí se puede, pero solos no Podemos”. Únicamente ha triunfado la convergencia social y política, allí donde se ha formado y donde ni ‘Podemos’ ni Izquierda Unida la han boicoteado. Se ha visto en Madrid o en Barcelona, pero lo ha corroborado especialmente Córdoba o Valladolid, donde la convergencia ha tenido que luchar contra sus integrantes naturales. La estrategia de ‘Podemos’ ha fracasado y la gestión de la unidad ha cambiado de manos. Lo vamos a ver muy pronto.

Marcelino Flórez

No sé si se podrá

Clandestinamente, como viene siendo habitual, un autodenominado ‘Ganemos’ y un no sé qué ‘Podemos’ han constituido una candidatura o plataforma o agrupación o partido o ya veremos qué en Valladolid. Ha sido el 26 de febrero, clandestinamente, y se hace llamar ‘Sí se puede Valladolid’. Comenzaron diciendo que sería una agrupación electoral; ahora parecen pensar en un partido instrumental. ¡Qué difícil es para gente desconocida, escasa y clandestina recoger cinco mil firmas! A pesar de la clandestinidad y de que nadie sabe nada de quiénes son esos ‘Ganemos’ y esos ‘Podemos’ de Valladolid, el supongo que periodista, Pablo Rivas, publicaba en Diagonal Digital el día 27 de febrero un artículo (El mapa estatal del asalto municipalista), donde se hacía eco de la noticia que comento.

Dice el supongo que periodista, Pablo Rivas, que el ‘Ganemos’ de Valladolid fue uno de los primeros de la región y que apareció como “un proceso de confluencia” en junio de 2014. Pero Pablo Rivas desconoce u oculta lo que sigue: un puñado de gente que se decía perteneciente al 15-M contactó con Valladolid Toma la Palabra, un movimiento promovido por Equo y por Izquierda Unida que acababa de ofrecer un manifiesto de confluencia electoral a la ciudadanía vallisoletana y a los movimientos sociales en particular, y al que se adhirieron en pocos días trescientas personas. Esos referidos mensajeros del 15-M proponían confluir bajo la marca de ‘Ganemos’ para identificarse con iniciativas similares que se estaban iniciando en Barcelona, en Madrid y en otros lugares. Valladolid Toma la Palabra aceptó esa confluencia en el trascurso de su primera asamblea, celebrada el 22 de julio de 2014 con asistencia de un centenar de personas. Ese mismo día o al día siguiente se presentó ‘Ganemos’ en una plaza pública y asistió un buen número de los miembros de Valladolid Toma la Palabra. La confluencia parecía evidente, pero ocurrió algo que debe decirse muy alto y muchas veces: un grupo de no más de seis personas se erigió en portavoz y comisionado de la marca ‘Ganemos’, y no volvió a convocar ninguna reunión pública más, ni abierta ni cerrada. Yo mismo, que me apunté a través de internet, no he vuelto a tener comunicación ni noticia alguna. Tanto Equo, como IU, como Toma la Palabra, se han dirigido infinitas veces a los secuestradores de ‘Ganemos’ sin obtener respuesta.

Mientras tanto, Toma la Palabra continuó reuniéndose en asambleas públicas y en grupos de trabajo de libre adscripción, sin cerrar la entrada a ninguna persona ni organización. En alguna de las primeras asambleas se propuso invitar a ‘Podemos’ de Valladolid a participar. La respuesta de ‘Podemos’ ha sido siempre dilatoria. Una y otra vez decía que había que esperar, porque no estaban formalmente constituídos o cualquier otra excusa. Finalmente y después de esperar seis meses, Toma la Palabra en la asamblea del 18 de enero de 2015 decidió salir a la luz pública y decidió la forma de coalición electoral para participar en las elecciones municipales. La decisión se tomó en una asamblea abierta, donde participaron unas ciento cincuenta personas, y se hizo después de un amplio debate y por una abrumadora mayoría. Quedó muy claro, y así se ha venido cumpliendo, que la forma jurídica tiene un carácter meramente formal y que la asamblea sigue siendo soberana. El programa ha continuado elaborándose de forma participada y las listas electorales se han hecho mediante elecciones primarias, a las que se apuntaron mil quinientas personas, de las cuales más de mil doscientas ejercieron el voto. ‘Podemos’ no ha querido participar ni en la coalición ni en las asambleas ciudadanas. La última excusa que ha utilizado es que prefiere una agrupación electoral y no lo que llama despectivamente una “sopa de letras”, por más que dos grupos de letras sean escasas para poder hacer una sopa. La excusa es tanto más inválida, cuanto que en todos los lugares donde ha existido voluntad de participar ha sido posible buscar la forma jurídica, que en Barcelona ha sido una coalición de partidos y en Madrid la creación de un partido instrumental. Han rehuído precisamente el modelo de Valladolid, que todo el mundo está reconociendo como el más democrático, abierto y transparente de España entera. Cada cual es libre de tomar sus decisiones, pero las excusas no sirven, son mera propaganda propia de la casta.

Paradójicamente, el día 26 de febrero los secuestradores de ‘Ganemos’ y el aparato local de ‘Podemos’ han anunciado la creación de una candidatura o una agrupación o una coalición o un partido o vaya usted a saber qué unión bajo la marca de ‘Sí se puede Valladolid’. Es asombroso el parecido de esa marca con los eslóganes que utiliza el partido ‘Podemos’. Sin duda, pretenden que la población pueda identificarlos. Desde luego, esto les saca de la clandestinidad, pero habrá de crear algún problema al ‘Podemos’ central, ese que no quería enfangarse en las municipales, corriendo el riesgo de que se le colase gente indeseable. Menuda tarea se le presenta en Valladolid, donde ofrece una candidatura “ciudadana” y no ha convocado una sola vez a la ciudadanía, una candidatura que aboga por la transparencia mientras actúa clandestinamente. Eso sí, con un nombre muy parecido al de la propia marca y con gente “normal y corriente”, lo que les diferencia -dicen- del resto, dejando claro que no somos ni normales ni corrientes.

No sé si los dirigentes de ‘Podemos’ en España estarán tomando nota de lo que hace su sucursal en Valladolid, pero tienen aquí una prueba de trascendencia mucho más que coyuntural. Esperaremos a ver si se puede.

Marcelino Flórez

 

Los ‘Ciudadanos’ ‘Podemos’ (Crónica política)

 Yo no lo escribiría así. Yo diría la gente o la ciudadanía o las personas podemos. Lo cierto es que ‘Ciudadanos‘ ha irrumpido este enero en la sociedad del mismo modo que lo hizo ‘Podemos‘ el enero anterior. En cuanto han comenzado a preguntar por ellos, las encuestas se han disparado; hasta 8 puntos ha subido en un mes en alguna de ellas, situándose en el 13 por 100, la cuarta fuerza política. Ahora sí que ha quebrado el bipartidismo, una vez que la derecha ha encontrado el camino para desasirse del partido único.

Si 2015 ya se presentaba atractivo, plagado de sorpresas políticas y mensajero de un cambio de régimen, la irrupción de ‘Ciudadanos‘ añade un plus de emoción. Todo parece indicar que Albert Rivera, el catalán españolista, puede ser capaz de hacer lo que de ninguna manera podía Rosa Díez, esa vasco-española oportunista, dotada de un partido dependiente en extremo del terrorismo etarra. Enseguida se ha empezado a ver que, sin terrorismo, no son nada.

Ciudadanos‘ tiene todos los vientos a favor. La crisis ha dejado desnudo al Partido Popular: la crispación ya no le funciona, una vez que la gente ha descubierto que era sólo un método encubridor de mentiras; y la corrupción se aguanta mal cuando el salario asignado en el pequeño negocio no permite llegar a fin de mes. Le queda sólo el neofranquismo, ahora con portavocía incluída, pero eso da para mantener un suelo que no podrá pasar de los cinco millones. Puede perder, incluso, el voto confesional católico, tan pronto como el Papa deje de cultivarlo y el arcaico episcopado español vaya enmudeciendo. Y, desde luego, ha perdido el voto de lo que aquel alcalde de Getafe denominó “tontos de los cojones”, que Marx solía llamar lumpemproletariado, y que Íñigo Errejón denomina gente plebeya. El descontento no ilustrado, denominación que yo prefiero, tiene ahora otras vías de escape, ‘Podemos‘ y ‘Ciudadanos‘. Como, además, ha hecho pocos amigos a lo largo de su existencia, no le arriendo las ganancias, que el clientelismo no da para todo y menos cuando soplan malos vientos.

La reconversión de la derecha ha comenzado, pero la reconversión de la izquierda se ha complicado. Ahora ya parece claro que ‘Podemos‘ no va ser capaz de liderar el proceso, al menos, de liderarlo en soledad. El voto de la gente plebeya ya no es de su monopolio y los estancamientos en las encuestas así lo atestiguan; y tampoco ha logrado monopolizar el voto de la izquierda. Esto, no sólo porque el PSOE tiene un colchón de afectos que tardará años en disiparse, sino porque la otra izquierda va encontrando el camino de la convergencia. Las experiencias municipalistas de asambleas ciudadanas abiertas, cuyo modelo más fraguado es Toma la Palabra en Valladolid, auguran un futuro consistente.

Nada en la otra izquierda va a ser igual en adelante. En primer lugar, la pervivencia de identidades diversas es incuestionable. Los comunistas podrán seguir siéndolo, si lo desean, pero tendrán que renunciar a la pretensión de hacernos a todos de los suyos. Los ecologistas no lograrán hacer triunfar su programa, pero nadie podrá pretender que renuncien a seguir cultivando la ecología política. Cualquiera otra definición, si es que existiese, como los humanismos, podrá seguir en su afán, siempre dentro del respeto a la diversidad. Pero lo que es seguro es que no habrá casa común y que la democracia deliberativa es el camino.

Madrid, por un lado, representando la quiebra en pedazos de Izquierda Unida, es prueba del cambio. Valladolid, por otro lado, manifestando la generosidad de la militancia de Izquierda Unida y la respuesta alegre de una suma de diversidades, es modelo de construcción de alternativas. Para que esto ocurriese, ha tenido que aparecer ‘Podemos‘, que hasta ahora ha vivido en la indefinición y en la ensoñación del triunfo. La toma de posiciones municipal le ha obligado a una primera definición: en Madrid ha impuesto un partido funcional para converger; en Barcelona ha aceptado una coalición de partidos muy tradicional, con reparto de puestos en las listas electorales; en Valladolid se ha abstenido (hasta ahora y después de poner no pocos palos en la rueda). En unos lugares y en otros, ha actuado un pequeño partido, que ha proporcionado la paciencia para mantener la deliberación y lograr los acuerdos. Se trata de Equo, que recibió ese mandato de su Asamblea federal en octubre. Es de justicia agradecérselo.

Marcelino Flórez

Toma la Palabra. Crónica y análisis

I

La Asamblea de 18 de enero de “Valladolid toma la palabra” ha tomado importantes decisiones. La primera, formar una coalición de partidos para presentarse a las elecciones municipales en toda la provincia. La coalición es una mera fórmula jurídica, porque la propuesta manifestada en julio de 2014 sigue siendo la misma: asambleas democráticas para decidir cada cosa. Los partidos hasta ahora coaligados, IU y Equo, han dado muestras de una generosidad inusual. No sólo han puesto toda su infraestructura y sus recursos al servicio del común, sino que renuncian a reservar cuotas en las listas electorales. Más pureza es imposible, quizá por eso estaba la gente tan contenta en la Asamblea del 18-E. Además de personas de los partidos, forman esta asamblea personas del movimiento vecinal, del movimiento sindical, de la cultura, de la cooperación, de la economía solidaria y la banca ética, del ecologismo. Realmente, no falta nadie. Por eso, la Asamblea ha perdido el miedo sobre si se apunta o no algún otro partido. Como la puerta está abierta a personas y organizaciones, quien lo desea puede estar. Quien prefiera otra cosa está en su derecho, pero el tiempo de las excusas ha terminado.

La otra cosa esencial que decidió la Asamblea fue el reglamento de elecciones primarias. Gratifica mucho ver a la gente joven, cargada de saberes, explicar las opciones que se han barajado y las propuestas que se llevan a la Asamblea. Habrá dos votaciones, una para la cabecera de la lista, otra para el resto de la lista. Cada proceso se hará en una sola votación, para lo que se ha elaborado un método del que resulte el consenso, a la vez que impida que se imponga cualquier lobby. Para la cabecera se votarán hasta tres nombres y para las listas cada persona podrá votar hasta cuatro mujeres y cuatro hombres en series diferentes, que luego se ensamblarán en cremallera. Los votos, en este caso, tienen una ponderación diferente según el lugar jerárquico que ocupen en la lista. El resultado de estos métodos aporta pluralidad y consenso. Es la nueva democracia deliberativa hecha realidad.

Sólo falta por ser aprobado el código ético, al que tendrán que someterse las candidatas y los candidatos que se presenten y donde se especificarán otros compromisos participativos, como la consulta ciudadana antes de tomar decisiones importantes. Por lo demás, los grupos de trabajo establecidos continúan con su labor e invitan a quien lo desee a sumarse.

II

Se tomó otra decisión el día 18: aprobar un nombre para la coalición. Un grupo de trabajo se había ocupado previamente de recibir propuestas sobre el nombre y de hacer algunos talleres para seleccionar entre esas propuestas. Se decidió por aplastante mayoría que ese nombre fuera Valladolid toma la palabra (al principio se escribía con el acrónimo VTP), el mismo que llevaba el manifiesto que dio origen a este proceso en el mes de julio de 2014. ¿Por qué era importante decidir en asamblea el nombre?

Detrás de esta decisión hay una larga historia. Nada más presentarse el manifiesto de VTP, dos o tres personas se dirigieron a los representantes para ofrecer una confluencia ciudadana bajo la denominación de ‘Ganemos’. La Asamblea de Toma la Palabra lo aceptó gustosa y una mayoría de miembros asistió a la presentación de ‘Ganemos’. Aquella fue la primera y la última asamblea de esa denominación. Después, VTP se ha dirigido, directamente y a través de los partidos presentes en el movimiento, a las tres o cuatro personas que controlan la denominación ‘Ganemos’ , pero no han obtenido respuesta. Ha tenido lugar un verdadero secuestro de una denominación que existe en otros lugares, como Barcelona o Madrid. Este insólito caso pone de manifiesto que el movimiento participativo puede correr peligro cuando cae en manos de personas aisladas y desconocidas. Aunque en otros lugares de España los mismos partidos y los mismos movimientos sociales concurren bajo la fórmula de ‘Ganemos’, eso no será posible en Valladolid, debido al secuestro del nombre que les cuento. De ahí la importancia de decidir en asamblea con qué nombre concurrir a las elecciones municipales en toda la provincia de Valladolid.

Hay otra cosa más detrás de esta decisión. Desde el mes de julio, Toma la palabra se ha dirigido, de forma insistente y repetida hasta la humillación, al nuevo partido político ‘Podemos’ para invitarle a participar en el movimiento. Un rosario de excusas ha sido la única respuesta hasta el día de hoy y así seguiríamos si VTP no hubiese decidido ponerse nombre definitivamente y dejar de depender de una estrategia oculta de un partido nuevo, cuyo único fin da la impresión que es debilitar a Toma la palabra, retardando lo más posible su conocimiento por parte de la sociedad vallisoletana. Aunque sabemos perfectamente quiénes somos cada cual, porque los teóricos de ‘Podemos’ se han definido en varias ocasiones y yo mismo les he hecho algunos comentarios de texto, es la práctica lo que mejor define a las organizaciones. En este caso, esa práctica denota mucho leninismo y poca aceptación de la pluralidad social. Advierto, además, otra contradicción: se desprecia a los partidos políticos existentes, aplicando el insultante término de “sopa de letras” a un movimiento político modélico en transparencia y participación, mientras se constituye un nuevo partido que renuncia a toda colaboración con los que aparentan ser próximos. Eso sólo se entiende si la voluntad es llegar a ser un partido único. Mala cosa.

Marcelino Flórez

 

Lo que importa en la izquierda

Uno se alegra cuando su análisis de la realidad se ve refrendado por el propio acontecer. Eso no ocurre cuando se confunde la realidad con el deseo, como nos suele pasar a los optimistas. Esta es la razón por la que intento separar las opiniones de los hechos y en el momento político que estamos viviendo hay algunos hechos destacados:

– ‘Podemos‘ se ha convertido en una fuerza hegemónica. Ya es el primer partido en intención de voto. Salen a ganar, al asalto del cielo, y lo van a conseguir. Está constatado también que no quieren compañeros de viaje para compartir esa victoria; y menos, si son “cadáveres políticos”. Aunque su programa no está conformado, se presentan como una opción moderada, ni de derecha ni de izquierda; y limpia, aunque sólo sea por ser nueva y negar cualquier origen o referencia anterior, coincida o no con la realidad esa negación.

Yo no estoy de acuerdo con la oferta de ‘Podemos‘, principalmente porque no reniego ni de mi origen, ni de mi identidad, pero no me preocupa el nuevo partido. Es más, sigo con gusto su trayectoria y disfruto al ver los nervios que provoca en la derechona, algunos de cuyos votantes van a cambiar de bando, como el miedo. Que siga su camino y cuantos más éxitos, mejor.

– El PSOE también es izquierda y tiene muy poco que ver con el PP, por más que hayan coincidido en someterse a la troica europea. Sigo defendiendo que es un error de bulto esa identificación que un grupo social expresa con el dicho “PSOE-PP, la misma mierda es”. Sin embargo, el PSOE es uno de los dos partidos hasta ahora hegemónicos y turnantes. Ahí se ha encontrado tan a gusto y ha disfrutado de las mieles del poder y del mal uso de los bienes públicos, sin querer oir ni hablar de una nueva ley electoral. Mi opinión es que ahí se decidirá su futuro: si sigue la vía del bipartidismo, correrá la suerte que este sistema tenga reservada.

El PSOE ha de resolver sus propios problemas, elegir los campos de acción y de encuentro. Por el momento, le toca seguir en su soledad y no sólo es impensable que forme parte de cualquier coalición o agrupamiento, sino que los posibles pactos postelectorales no podrán ser nunca un reparto de poder, sino de consenso de programas, quitando y poniendo de unos y otros hasta coincidir en lo que sea posible. El PSOE tiene aún mucho recorrido, aunque el camino que le espera es muy incierto. Tienen tarea, desde luego.

Izquierda Unida es quien presenta los mayores problemas en la izquierda, porque a las dificultades objetivas une una fuerte división interna. Ya casi nadie en IU niega la implacable evidencia del techo electoral raquítico de que dispone la coalición ( o partido o movimiento o lo que sea). Lo malo es que tiene un suelo móvil y descendente, y las últimas elecciones y las últimas encuestas no hacen más que confirmarlo. En el calor del debate interno, sin embargo, la realidad es sustituida por el sentimiento y una buena parte de IU se resiste a renunciar al enorme potencial político del que en este instante aún dispone. IU tiene un problema grave y de la forma de resolverlo depende su futuro, resolución que ahora ya es inaplazable a causa de ‘Podemos‘.

Equo, el otro partido que está en la arena política, lo tiene más fácil, porque tiene poco que perder y porque sus propuestas están cargadas de futuro. Es, además, un partido joven, fue el primero en usar métodos de participación realmente abiertos, apenas ha participado del poder y, aunque sólo fuese por eso, no cabe en el calificativo de casta. Quizá por estas razones tenga más facilidad para ejercer de mediador en los encuentros que se producen entre las izquierdas. Equo ha optado en su reciente Asamblea congresual por la confluencia en candidaturas ciudadanas, de manera que esa alternativa se convierte en irreversible.

En el inmediato futuro, por lo tanto, habrá candidaturas conjuntas de las izquierdas. Esto es lo importante. Aún no sabemos cómo van a ser, si coaliciones abiertas de partidos y personas o agrupaciones de electores. Hasta donde yo conozco y conozco lo que se viene haciendo en mi ciudad desde el mes de junio de 2014, no se ha discutido realmente sobre candidaturas y formas de configurarlas. Se está empezando a reunir fuerzas e invitando a construir programas de forma participada.

Ciertamente, hay opiniones distintas sobre la forma de confluir. Alguna persona plantea, incluso, un ultimátum: si no es con las siglas, no vamos -dicen unas-; si hay siglas, no vamos – dicen las otras-. Las primeras no quieren renunciar a su personalidad en beneficio del común; las segundas rezuman tal aversión a los partidos políticos, que contradice su propia presencia en estas actividades. Conozco el caso paradójico de dos o tres personas que se oponen a la existencia de siglas y, al mismo tiempo, secuestran la representación de la asamblea y se atribuyen el poder de convocatoria y de comunicación, como si fuese de inspiración divina. El problema, ya se ve, no son las siglas, sino cómo actúan las siglas y las personas. Hay debate, pero no es el que se ha producido hasta ahora.

Hasta aquí los hechos, pero también tengo opinión y es mi deseo que se forme una agrupación de personas y de partidos muy abierta, con funcionamiento democrático y participativo, aprovechando la era de internet. A los partidos presentes se les exigiría renunciar a presentar candidaturas propias en el espacio de que se trate. En cuanto a las siglas, de ninguna manera se trataría de hacer una sopa de letras y, menos aún, un Frente de partidos. Si para facilitar el proceso preelectoral o para no confundir las identidades, fuese necesaria la presencia de alguna sigla, una alternativa podría ser que apareciesen las siglas de los partidos con representación parlamentaria y las de aquellos que hubiesen obtenido más del 3 por 100 de los votos en la circunscripción electoral de que se trate. En todo caso, la denominación debería ser nueva y diferente de lo hasta ahora existente. Ya tenemos algunos nombres: municipalia, Valladolid toma la palabra, Ganemos. A mí me gusta otro: Agrupación Electoral de la Izquierda Organizada y Unitaria, cuyo acrónimo es bien bonito: AEIOU.

No pienso hacer ninguna pelea por los nombres, pero no me cansaré de buscar una agrupación electoral que sea de izquierdas, que admita a todo lo que está organizado y a lo no organizado, y que lo haga de una forma tan asertiva y consensuadora, que logre la unidad de ese espacio electoral, el espacio que se sitúa a la izquierda de los votantes del PSOE y de ‘Podemos‘, donde no valen cambalaches ni consignas propagandísticas, sino compromisos constatados y coherentes con la forma de vivir: acabar con la pobreza, detener la destrucción de la naturaleza, asegurar la equidad de género, garantizar las libertades y los derechos civiles y sociales, reducir la desigualdad y no distraerse en la confección de banderas y otras identidades particulares. Esto es lo importante.

Marcelino Flórez

 

“Claro que Podemos” -Comentario de texto-

Juan Carlos Monedero y Jesús Montero han publicado en La Cuarta de El País del día 17 de octubre un artículo titulado “Claro que Podemos”, que merece un comentario de texto.

Este es el argumento: la suma de ajustes y corrupciones visibles en España sólo han merecido la resignación por parte de los políticos, pero ‘Podemos’ ha traído la ilusión para dar una respuesta.

El voto a ‘Podemos’ en las elecciones europeas provino de los indignados de las plazas, de las mareas, de las marchas de dignidad; y también del deseo de cambio: recuperar la democracia, ahora “desmoralizada”, de lo que resulta el mal gobierno (gestión de la epidemia de ébola, del independentismo catalán, de Bankia, recuperación de los males decimonónicos relativos a la salud, la educación, a la dependencia extranjera. “Un siglo tirado por la borda”).

‘Podemos representa el cierre de esa etapa. “Sin transacciones”. De modo que ha hecho “cambiar al miedo de bando”: el rey, Rubalcaba, algunos usuarios de las tarjetas negras ya lo han experimentado.

Ahora ‘Podemos’ ha decidido convertirse en un partido y lo hace con una novedad absoluta (“partido de nuevo tipo”, “ex novo”, “desde cero”), no como todos los partidos anteriores, que son fracciones descontentas de partidos existentes. Por eso, se plantean algunas dificultades en la asamblea constituyente, aunque destacan las novedades: avales y primarias, cuentas claras y sin bancos, presencia en las redes, llegando a usar una herramienta tan novedosa, que es merecedora de la atracción por parte de la Universidad.

En conclusión, ‘Podemos’ ha venido a remoralizar, a democratizar, a devolver la felicidad. Eso será en las elecciones generales de 2015, “elecciones destituyentes”. Seguirá un proceso constituyente, nacido del “pueblo”.

En todo el texto destaca una idea: la novedad que representa ‘Podemos’, lo que le convierte en exclusivo, y su perfecta adaptación a la realidad; es decir, es la respuesta lógica de la gente a los ajustes y la corrupción.

El éxito político y social de ‘Podemos’ es tan evidente, que casi parecen certeras las afirmaciones de Monedero y de Montero. Pero nada de lo que califica de novedoso es propio de ‘Podemos’. Antes de que ‘Podemos’ existiese, otro partido, Equo, hizo repetidamente primarias abiertas, renunció a la financiación bancaria, publicó todas las cuentas en la web y usó novedosas herramientas virtuales de participación. Equo no triunfó en las elecciones europeas, pero cada una de las novedades que se atribuye ‘Podemos’ ya habían sido ensayadas dos o tres años antes. Además, Equo no se formó con ninguna fracción descontenta de otro partido viejo, como mucho se puede decir que lo hizo con la unión alegre de varios partidos verdes.

No tanta novedad, pues. Y que lo diga esto una persona que ha sido asesor de Gaspar Llamazares, que lo diga gente de un grupo cuyos líderes se formaron en las Juventudes Comunistas o donde la actuación inicial de Izquierda Anticapitalista ha sido no sólo relevante, sino determinante, parece más que una osadía. No es, por otra parte, la única hipérbole. Como ya hizo en una ocasión anterior, Monedero se atribuye la abdicación del Rey y la dimisión de Rubalcaba. Parece un poco exagerado y no merece más comentario.

Me interesa comentar, en cambio, dos cosas que subyacen en el artículo, que no se formulan como lo nuclear del argumento, pero que son esencia del pensamiento que van trasparentando los dirigen tes de ‘Podemos’: el inicio de un nuevo periodo constituyente y el sujeto de ese proceso, “el pueblo”.

Ese pensamiento básico subyacente tiene algún problema. Primero, el proceso constituyente no introduce ninguna propuesta constitucional, sólo vagas referencias a democratizar, moralizar y dar felicidad. Podrían decirnos algo, por ejemplo, sobre el tipo de Estado; o sobre la jefatura del Estado; podrían concretar los derechos y libertades que desean constitucionalizar; o el tipo de economía. Ni una palabra. Eso lo reservan para el Congreso, no para la información de un escrito, que deriva enseguida en propaganda.

Y lo de “pueblo”, ¡qué poca confianza aporta ese concepto! El pueblo es la totalidad de la gente. ¿Qué pasa, entonces, conmigo, por ejemplo, que no coincido con ‘Podemos’? Dejo de ser pueblo, ya sé; pero ¿qué va a ser de mí, podré seguir pensando libremente y expresándolo, aunque se oponga al pensamiento del “pueblo”? Me intranquiliza un poco ese concepto, que tanto me recuerda “el siglo tirado por la borda” y los nacionalismos de todo tipo. No me gusta nada.

Hay otra cosa en el artículo que atrae mi atención. Es una frase rotunda, un pensamiento completo. “Sin transacciones”. Escrito así, entre dos puntos. El cambio, el proceso constituyente será sin transacciones. Es una de las claves para entender lo que está pasando con ‘Podemos’. No es de derechas ni de izquierdas y no hará pactos con nadie, tampoco buscará el consenso. Va a por todas, al asalto del cielo: el pueblo, al poder, con el único partido nuevo, democrático, ético, que existe. “Sin transacciones”. Da miedo, realmente.

‘Podemos’ ha venido para quedarse y para ganar, como repiten, a modo de mantra, los dirigentes. Ha tenido un importante éxito; ha logrado atraer a los descontentos que votaban indistintamente a derecha e izquierda; ha conseguido llevar a votar a los descontentos desengañados; atrae a esa multitud, ni de derechas ni de izquierdas, que no milita en nada; en fin, tiene una base grande y ampliable. En algunos momentos ha encontrado, incluso, el guiño de algunos militantes de la izquierda, de todas las izquierdas.

Ha llegado la hora, sin embargo, de cada cual se ubique en su lugar. ‘Podemos’ tiene su público, que nos es el “pueblo”, y la izquierda tiene el suyo: los propios militantes, la gente del movimiento social, la gente organizada y comprometida, el mundo alternativo y de la solidaridad. La alianza con ‘Podemos’ no es posible, porque el nuevo partido lo rechaza expresamente. Si de algo huye, es de la contaminación con la izquierda organizada. No es posible la alianza, pero tampoco es deseable. El éxito de ‘Podemos’ ha deslumbrado inicialmente, pero su fulgor tiene que pasar la prueba de la práctica política, que acaba de comenzar constituyéndose en partido político. Por lo pronto, las palabras de los dirigentes son muy sospechosas y poco fiables, aunque solo fuese por lo enigmático y propagandístico de las mismas. Esperemos que la izquierda deje de deslumbrarse.

Lo que también dejaron claro las elecciones europeas para quien no era capaz aún de verlo, aparte del fulgurante éxito de ‘Podemos’, fueron los límites de las izquierdas, con sus partidos, sus siglas y sus dirigentes realmente existentes. Esta lección parece que, por fin, va siendo aprendida, de modo que el futuro está abierto y no acaba en ‘Podemos’. Que terminen las dudas y cada cual a su tarea.

Marcelino Flórez