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Quintos Centenarios

Juan Ponce de León fue un conquistador. En 1508 dirigió la ocupación de Puerto Rico y en 1513 arribó a La Florida, de la que es considerado descubridor. Juan Ponce de León nació en Santervás de Campos, de la provincia de Valladolid, en 1460 y murió en Cuba en 1521. Si algo hay que destacar en su biografía es el cargo de Gobernador de Puerto Rico, donde adquirió una importante fortuna. Y hay un hecho sobresaliente en su gobierno: la dominación de las rebeliones indígenas en la isla a la muerte del cacique y aliado de los castellanos, Agüeybaná. No queda memoria de la represión, salvo las imprecisas referencias de los cronistas, porque en la isla desaparecieron poco a poco todos los indígenas.

En el año 2011 se celebró en Santervás de Campos el Quinto Centenario de la Gobernación de Puerto Rico. Los protagonistas fueron el gobernador de aquel Estado, Luis Fortuño, y la Universidad de Valladolid, que aprovechó el nombre del río que adorna a la ciudad para celebrar actos académicos de conmemoración de las conquistas. Para el año 2013, el Ayuntamiento de Santervás, con la complicidad de la Diputación Provincial, prepara nuevas conmemoraciones centenarias sobre el presunto descubrimiento de La Florida.

Al escribir el Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Carlos Marx comenzaba recordando que Hegel solía decir que los grandes hechos y personajes de la historia se repiten dos veces, pero –añadía Marx- la primera vez como tragedia y la segunda como comedia. Estas conmemoraciones de Santervás de Campos son, efectivamente, la comedia repetida de los grandes eventos de 1992. Hace mucho tiempo que se apagó el rescoldo de aquel funesto Quinto Centenario, que, por otra parte, hubo de derivar, a causa de la presión popular e intelectual, desde una pretendida conmemoración imperialista a un sobrio “encuentro de los pueblos”. Aquella lucha ideológica la ganamos los seguidores de la solidaridad y de la coherencia racional. El final del siglo XX había dejado de ser el tiempo de los ufanos imperialismos, que ahora se presentaban ya edulcorados.

Si no lo era el final del siglo XX, mucho menos lo ha de ser el siglo XXI, cuando las víctimas de la historia van saliendo del olvido y ocupando un lugar en la conciencia de las personas. La comedia de Santervás repugna, por esto, mucho más al pensamiento racional. Al alcalde de Santervás y a sus vecinos y votantes les podemos perdonar que no hayan reparado en la trascendencia de los actos que organizan. Fueron capaces, incluso, da intentar nuclearizar la desertizada, pero libre y natural, Tierra de Campos, así que cualquier cosa se les puede ocurrir. Pero la Universidad de Valladolid y la Diputación Provincial o la Junta de Castilla y León no pueden pecar de inconscientes. ¡Cómo pueden estar ciegas ante la repercusión que los actos de conmemoración imperialista tienen en las poblaciones indígenas y mestizas de América Latina, que son casi la totalidad de aquellas poblaciones!

De nada sirve enviar al Rey, como ha hecho estos días el Gobierno para tratar de restaurar la quebrada diplomacia en América y evitar así el fracaso de la conmemoración de la Constitución de Cádiz, al tiempo que se auxilia al negocio de las empresas trasnacionales españolas, si los que pueden evitarlo consienten a unos comediantes difundir a bombo y platillo el recuerdo de la conquista de aquellas tierras, de la mortandad de sus poblaciones, de la repoblación con esclavos africanos, de la explotación inmisericorde que hacía exclamar al oidor de la Audiencia de Nueva España, Alonso de Zurita: “Halos consumido el hacerlos hacer gran suma de estancias de ovejas, vacas, puercos y cercas para ellos, fuera de su natural de su paso y modo de trabajar y de su ordinario, ocupándolos en ellos muchos días y aun semanas …”. Que los comediantes hagan su comedia, pero las instituciones, la Universidad, la Diputación, la Junta, que conserven, por favor, un ápice de lucidez.

(El autor de este escrito lo es también del libro Ambición y muerte en la conquista de América, Editorial Ámbito, Valladolid, 1992).