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‘Podemos’, guión, lo demás

Hace unos días la presentadora de las noticias vespertinas de TV-Castilla y León enunció así una información: “Podemos se entrevista por primera vez con el Rey”. Yo esperaba ver a Pablo Iglesias, pero a quien vi fue a la alcaldesa de Madrid. ¿Cuántas veces tendrá que decir Manuela Carmena que no es de ‘Podemos’? ¿Cuántas veces habrá que explicar lo que es Ahora Madrid? ¿Quedará alguien que no sepa que ‘Podemos’ entró en Ahora Madrid tarde y a empujones o que no hay más de cinco concejales de ‘Podemos’ entre los veinte de la candidatura elegida?

Puede ser que la directora del informativo castellano-leonés sea simplemente ignorante. Muchos periodistas, puede que bienintencionados, desde luego lo son y, por eso, confunden la información. Pero yo quiero ver aquí intenciones. Alguien trata de identificar al movimiento cívico que ha llegado a los Ayuntamientos con ‘Podemos’. Y eso busca alguna rentabilidad. En Valladolid, donde los periodistas no pueden decir ‘Podemos’, dicen Izquierda Unida para referirse a Valladolid Toma La Palabra, donde confluyen, al menos, tres partidos políticos, mucho movimiento social y muchísimas personas. Una cosa está clara: se pretende ocultar la base social que sustenta al nuevo movimiento político. Y lo están consiguiendo, porque algunos amigos, estos sí, bienintencionados no salen del error.

Contribuyen a esta ceremonia de la confusión las encuestas electorales. Por ejemplo, los de Demoscopia han decidido preguntar por ‘Podemos’, Izquierda Unida y “otros más blanco”. Una persona izquierdista, consciente y conocedora de la realidad, que resultase encuestada, tendría que elegir “otros”, si su voto no fuese exactamente para ‘Podemos’ o para IU. Muchas de esas izquierdistas, que ya han decidido prescindir de IU en la respuesta, pueden optar por ‘Podemos’, aunque sólo sea por proximidad. Así, las imprecisas encuestas nos dibujan un panorama político, que puede no coincidir exactamente con la realidad, sino con una construcción muy interesada de la misma.

Contribuye también a la ceremonia de la confusión el mensaje de ‘Podemos’. No se debe olvidar el artículo de Errejón en el número 225 de Le Monde Diplomatique en español. Decía allí, entre otras cosas, que había que prescindir del movimiento social para poder acceder al poder, ya que los destinatarios del mensaje son la gente corriente o “pueblo no representado”. Y es aquí donde la ceremonia juega de forma consciente. En las pasadas elecciones municipales el verdadero triunfo lo consiguieron las plataformas ciudadanas, en las que los movimientos sociales eran protagonistas. Donde ‘Podemos’ no quiso entrar y se enfrentó electoralmente con esas plataformas, como es el caso de Valladolid, ganaron las plataformas. En muchas de ellas, sin embargo, terminó entrando y eso es lo que justifica la confusión informativa, que ‘Podemos’ cultiva con notable éxito. No debemos olvidar tampoco que esta es la segunda columna, después de la “gente indignada” y no representada, en la que se basa la construcción de ‘Podemos’, a decir de Errejón: “la acción en los medios de comunicación para crear el espacio de identificación, conscientes de que la política no depende de ninguna condición social previa”.

No sé cuánto tiene de consciente, pero ‘Podemos’ está escenificando un proyecto para diferenciarse del movimiento social y lo está haciendo a través de la “acción en los medios de comunicación”. Este es el teatro en el que nos hallamos. Esta vez ‘Podemos’ no quiere que la ciudadanía organizada se le adelante, como ocurrió en las elecciones municipales, por eso ha rechazado con prontitud cualquier diálogo con IU y ha propuesto elecciones primarias de distrito único. Ocurre, sin embargo, que ahora la ciudadanía está organizada en sus plataformas y no hay trampa que pueda apresarla. Lo veremos pronto, aunque la gente corriente tardará en percibirlo, que para eso están los medios de comunicación hegemónicos, para ocultar lo que ocurre. Estemos advertidos y no nos dejemos enredar en debates estériles y retardadores, como ocurrió hace un año, consiguiendo que una mayoría de gente no llegase a tiempo de diferenciar las ofertas electorales, sino sólo las marcas.

Marcelino Flórez

Unidad, Frente o Confluencia

Sabemos que las palabras no son inocentes, sino que van cargadas de significados. Hace unos días explicábamos qué querían decirnos con “unidad popular” y veíamos que los nacionalistas querían decir el pueblo en sentido étnico y los izquierdistas el pueblo explotado o el pueblo pobre. En los dos casos, pretenden hacer creer que la sociedad de la que se trate o el grupo social es una cosa homogénea, cuando en la realidad son cosas llenas de diferencias. Todos los que hablan en términos políticos de unidad popular pretenden arrogarse la representación de toda la sociedad o del grupo social a que se refieran. En el fondo, subyace la pretensión de disponer de hegemonía política, concretada en un partido o sigla, a la que también puede calificarse como casa común. Es muy difícil que quien habla de unidad popular esté renunciando a su marca política, pensando en una asamblea soberana y derivando la representación política a personas elegidas en listas abiertas; más bien suele pensar en coaliciones electorales, con predominio de la gestión en manos de los representantes de cada sigla. Vaya, un centralismo democrático al uso.

La palabra frente está envuelta en más valoraciones aún. Primero, tiene una connotación militar, cosa que era irrelevante en otras épocas, pero no ahora. Sugiere, además, la voluntad de confrontación, como si se pretendiese combatir a un enemigo y no aportar asertivamente soluciones a problemas descritos. Un ejemplo: todavía he tenido que escuchar en alguna parte que el objetivo principal de Valladolid Toma La Palabra era echar a León de la Riva y no desarrollar un programa de cambio social largamente elaborado y debatido por un amplio movimiento social y político de la ciudad. Por otro lado, la palabra frente va inevitablemente unida a una fase histórica de la II República, el Frente Popular, y a eso remite, a la propuesta comunista para Europa, que en España logró aglutinar a todos los partidos obreros y a los partidos burgueses que no fuesen fascistas, monárquicos o católicos, junto con el sindicalismo. El Frente Popular sirvió para ganar unas elecciones, pero la unidad duró muy poco. No lo digo por el golpe de Estado, al que se tuvo que enfrentar sólo seis meses después de las elecciones, sino que me refiero a la ruptura interna desde las primeras semanas: el partido socialista se negó a formar parte del gobierno y los sindicatos mantuvieron una lucha en el borde de la legalidad desde el primer momento, todo lo cual dejó en letra muerta la pretendida unidad inicial. De modo que la palabra frente, aunque se califique con el adjetivo cívico, además de no ser garantía de nada, tiene connotaciones demasiado marcadas.

La experiencia conduce a buscar otros términos, si se pretende aglutinar a opciones diversas. Se va imponiendo, después de las elecciones del 24 de mayo, la palabra confluencia. Confluir es un término no marcado políticamente y remite a horizontalidad, a diversidad, también a poner en común. Niega jerarquías y aboga por la participación amplia, por el predominio de la asamblea. No resta nada a las identidades de cada sigla o movimiento, al mismo tiempo que construye una identidad nueva, aunque transitoria y en trance de renovación. La práctica de las candidaturas confluyentes de este 24 de mayo, con su apertura, su participación, el consenso, la asertividad y la buena organización ha abierto un camino fructífero. Se llama confluencia y no se llama con ninguno de los nombres de las “casas comunes”, el de la nueva casa tampoco. Los tertulianos seguirán llamando a las cosas con otros nombres, pero eso es por interés, no sólo por ignorancia.

Marcelino Flórez.