Archivo de la etiqueta: coalición

La coalición

Esta vez la coalición ha venido rodada. No entraré en las interpretaciones, me limito a constatar hechos: ‘Podemos’ e IU han alcanzado un acuerdo con rapidez y sin excesivos obstáculos. EQUO se adhirió al acuerdo sin rechistar. Y otros mil grupos, que en ocasiones anteriores anteponían su peculiaridad a la mínima renuncia, han claudicado hasta con alegría. El resultado es una sopa de letras muy espesa, bien distinta de las dos únicas siglas a las que ‘Podemos’ despreciaba hace solo unos meses. Pero dejo también a un lado la hemeroteca y constato que hay unidad de la izquierda plural, fuera del partido socialista. Eso sí, es imprescindible llamar a las cosas por su nombre: unidad bajo la forma de coalición. Una coalición, además, desigual, con un partido dominante, ‘Podemos’, un auxiliar imprescindible, IU, un utilísimo compañero de viaje, EQUO, y varios adherentes menos significativos, salvo las excepciones de los territorios con formaciones nacionalistas coaligadas.

A la sopa de letras se han unido también algunos”zombis”, según calificaba un periódico digital a viejos políticos adheridos al otrora movimiento juvenil y renovador, que parecía haber iniciado un nuevo camino es España.

Siglas y “zombis” son controlados férreamente desde Madrid, bajo la dirección hegemónica de ‘Podemos’, aceptada sin apenas discusión por el resto. Es lo normal, atendiendo a los hechos objetivos, tanto electorales, como movilizadores sociales.

Por todas estas razones, quienes estamos en el ajo iremos a votar una vez más con la nariz tapada y con ojos bien cerrados bajo unas potentes gafas de sol. La “gente plebeya” de Errejón, esa enorme masa de gente desligada de la vida política, poco conocedora de los intríngulis y cocederos de pactos, sometida a una tormenta mediática constante, también irá a votar. Una buena parte de ella, que sigue sufriendo las consecuencias de la crisis, votará a la coalición. Si la campaña electoral sale bien, la coalición no sólo sobrepasará en votos a los socialistas, sino que pondrá en peligro el primer puesto de los populistas.

Nada de esto, sin embargo, es diferente de la vieja política y esa es la razón por la que produce poco entusiasmo. De manera que el 27 de junio empieza lo que importa. Y eso no es gobernar, sino construir una confluencia social y política, que en sí misma configure un cambio social, en sus valores, en sus métodos, en sus prácticas. La representación más acabada de una confluencia de este tipo está en el movimiento social, precisamente aquello que de palabra y obra ha sido despreciado por la vieja política y la política de coaliciones.

Poco entusiasmados, pues, queremos escuchar, ahora ya, que el día 27 de julio trabajaremos por construir confluencia; esto es: asambleas locales que evalúen pactos y propuestas de gobierno, que se coordinen entre sí, que construyan programas con valores y propuestas concretas; un método deliberativo, que facilite el debate y busque el acuerdo; un método que prime la transparencia, donde nada se decida en despachos, entre dos o tres gerifaltes; una organización con menos liderazgo y más colegialidad. Cambio real, cambio coherente consigo mismo. Me pongo, pues, las gafas oscuras y comienzo a trabajar para dar el paso de la coalición a la confluencia.

Marcelino Flórez

Lo que está pasando

Seguimos sin saber lo que va a pasar y, un mes después de la fracasada investidura, sólo hemos visto cómo se añade confusión y teatralidad al conocimiento. La opinión ha invadido la vida pública. Los líderes, especialmente los dos emergentes o emergidos, no cesan de transmitir opinión, que, por otra parte, cambia continuamente. Si hace un mes el mayor obstáculo para un pacto de investidura o de gobierno parecía proceder de ‘Podemos’, hoy parece venir de ‘Ciudadanos’. En vano buscará el observador un solo documento o un solo hecho que valide la opinión formulada. La vida política se ha transmutado en teatro.

La representación va dirigida a la ciudadanía, aunque hay unos intermediarios, los tertulianos, que añaden opinión a la opinión, de donde surge un maremágnum de pura confusión. Cuesta seguir a los tertulianos, por irrelevantes, pero alguna vez me lo impongo como penitencia. Y compruebo que es casi imposible encontrar una persona en los medios que localice un hecho, lo analice y comunique los resultados. Lo habitual es que los tertulianos opinen sobre las opiniones teatralizadas y expresen, más que análisis, los deseos que tienen. Ha llegado a ser imposible, por eso, seguir una tertulia, en la que se conoce de antemano lo que cada persona va a decir y, por eso, las tertulias han devenido en muchos casos en provocación e insultos. Creo que mi hartazgo y mi desánimo se explica por el teatro, o sea, la conversión de la realidad en ficción y el hartazgo de otras personas puede tener los mismos orígenes. De lo que parece haber poca duda, y esto semeja más un hecho que una opinión, es de que la sociedad se está hartando de la teatralidad.

En medio de toda esta teatralidad, sin embargo, tienen lugar algunos hechos. Hace unos días Pedro Sánchez se reunió con Albert Rivera y parece que refrendaron los acuerdos vigentes. En los mismos días se reunió con Pablo Iglesias y acordaron seguir hablando (en público y, quizá, en secreto). Este acuerdo se viene concretando en algunas actuaciones parlamentarias y en la reunión de una mesa de tres, prevista para el día 7 de abril. Estos son los hechos, que la teatralidad enmascara continuamente y, por eso, no sabemos lo que está pasando. Hay que esperar a que avance o termine el recorrido de la mesa de tres. Entonces, Pedro Sánchez, el único que apenas actúa en el teatro, siendo el protagonista principal, dirá la última palabra. Sea la que sea, nos va a coger a todos un poco desencantados.

Marcelino Flórez