Motivación para participar en Fiare

En la Jornada sobre “Innovación Ética en la financiación de las empresas”, que organizó la Agencia de Innovación y Desarrollo Económico del Ayuntamiento de Valladolid el día 14 de diciembre de 2012, me pidieron que contara brevemente dónde había encontrado la motivación para participar en Fiare. Llevaba un esquema para contarlo, pero la brevedad hubo de reducirse al extremo, por lo que lo redacto para que lo conozcan las amistades.

Mi participación en Fiare es el resultado lógico de la militancia en el movimiento social. Me inserté en el pacifismo con motivo de la campaña contra la OTAN en el referéndum de 1986. Nunca milité mucho en el pacifismo, pero aprendí una cosa: que mi dinero no podía usarse para la guerra; ni un solo ahorro invertido en armas, en comercio de armas o en campañas militares. Hace más de veinte años que cotizo en alguna asociación ecologista. Tampoco ahí he sido muy militante, salvo la participación en campañas puntuales, como la lucha contra el horno incinerador de basuras en la Tierra de Campos vallisoletana o, más recientemente, contra el intento de instalar en la misma zona un cementerio nuclear. El movimiento ecologista me ha enseñado, no obstante, a entender y practicar el consumo responsable. Por eso, prefiero escuchar a Equo, que me pide no sobrepasar los ciento diez, que al PP, que me ofrece poder ir a ciento cuarenta. Milité un poco más en el sindicalismo de clase y allí aprendí, entre otras cosas, a no comprar un producto si sabía que se había producido con la explotación de los trabajadores, mucho más si eran niños y niñas. Aprendí también a mirar el mundo con los ojos de las mujeres y entender el abismo de la desigualdad de género, incrustado hasta los huesos en la sociedad. Donde más cosas he aprendido ha sido en la acción a favor de los Derechos Humanos, sobre todo, a través de la cooperación con el mundo empobrecido. Conceptos como soberanía alimentaria, entendida como el derecho de los pueblos a decidir su alimentación, comercio justo o buen vivir, forma práctica en la que los indígenas americanos concretan el feo concepto europeo del decrecimiento, esos conceptos, digo, me enseñaron que otra economía era posible, una economía solidaria y cooperativa, no sólo las formas competitivas y destructoras que nos dominan.

Por todo ello, cuando la Coordinadora de ONGDs organizó el 4 de octubre de 2008, una jornada sobre Banca Ética, no dudé en apoyar la presencia de Entrepueblos y en aceptar ser uno de sus recursos humanos desde las primeras reuniones para iniciar una banca ética en Valladolid. El afán de un pequeño grupo de personas y de asociaciones hizo posible la construcción de Fiare de Castilla y León en los primeros meses de 2009. El movimiento social me condujo, pues, a la Banca Ética Fiare, donde no sólo no se invierte en guerra ni en destrucción de la naturaleza ni en explotación laboral, sino que se construye economía solidaria y alternativa. Era lo lógico.

La participación en Fiare ha consumido algo de mi tiempo y de mi dinero, pero es mucho menos que las satisfacciones que me ha aportado, algunas de las cuales se pusieron en evidencia en los mensajes de las personas que participaron antes de mí en la Jornada del 14 de diciembre de 2012. Noté, lo mismo que el resto de la sala, la alegría que produce hablar de cosas buenas. Por eso, inicié mi intervención diciendo, como suele decir Manuel Espinilla en Entrepueblos, que había entre las personas presentes muchas que eran de Fiare, aunque no lo supieran. Esta satisfacción está muy próxima a proporcionarnos una nueva alegría: antes de que acabe el año 2013 Fiare será la quinta área de Banca Popolare Ética, cuya integración está culminándose en estos días.

Tendremos, pues, en 2013 una banca ética insertada en la economía solidaria y en manos del movimiento social transformador. No por eso, sin embargo, renunciamos a construir otras alternativas. Seguiremos desarrollando los préstamos entre particulares, como hemos hecho, por ejemplo, con la furgoneta de Ecogermen o con los avales que necesitó FeCEAV. Justo antes de hablar yo, Amparo Martín expresó las satisfacciones solidarias que había proporcionado a las gentes de FeCEAV el préstamo recibido y devuelto según todos los plazos y pasos marcados. La satisfacción procedía no del éxito del préstamo, sino de la constatación de que existe la solidaridad. Yo, que participé en el impulso de ese crédito, tuve otra satisfacción más, al comprobar el compromiso que asumía la gente de FeCEAV y de su entorno. Lo esperaba, pero sobrepasó lo esperado.

Esta vía de los préstamos altruistas entre particulares la vamos a seguir desarrollando y hemos dado un paso adelante, cuando Fiare-CyL se reunió con una decena más de organizaciones y con más de treinta personas para hablar de ello y ayudarse mutuamente en Santa Fe los días 20 y 21 de octubre de 2012. Otro paso en esta misma dirección era el que estaba a punto de culminar, la creación por parte del Ayuntamiento de Valladolid, con el apoyo de todos los grupos políticos que lo forman, de un “Fondo para el emprendimiento social en Valladolid”. Fiare-CyL será la encargada de gestionar ese fondo, conforme a sus criterios éticos. Esto quiere decir que tendremos cuarenta mil euros para conceder pequeños créditos, con la garantía, a diferencia de otros, de que estos microcréditos serán éticos y contribuirán a crear valor social o no serán posibles. Como despedida he de decir que si en 2008 ya estaba motivado, ahora con tanta gente que es de Fiare, sabiéndolo o no, lo estoy mucho más.

Marcelino Flórez

 

Un gobierno entre Maquiavelo y Goebbels

Me llega un correo electrónico desde una dirección de mucha confianza, que dice recibirlo de fuentes bien informadas de confianza, sobre una conversación en whathsap sustraída a varios ministros del Gobierno. Lo releo y observo que tiene todos los visos de ser falso, pero es tan verosímil que puede perfectamente pasar por verdadero. Veamos.

La coordinadora de la conversación es Soraya, la vicepresidenta, que actúa con el desparpajo que le caracteriza, dando órdenes al mismísimo Rajoy del tipo de “Mejor ni toques el tema (de la huelga). Céntrate en los desahucios”. Y, efectivamente, Rajoy  abandona el Congreso de los Diputados “sin hacer valoraciones sobre la huelga general, pese a que los periodistas han intentado hasta en tres ocasiones recabar su opinión”, decía el diario Público.es aquella tarde. La coordinadora determina que el único portavoz sobre la huelga será Luis (de Guindos), como efectivamente fue, eliminando enteramente la presencia de Fátima Báñez; y encarga otras valoraciones a Jorge (Fernández Díaz), “previendo el jaleo”. El diálogo sustraído, sea verdadero o falso, le lleva a preguntar: “¿A qué hora empiezan los palos, Jorge?”, siendo las 19:52.

Estas referencias al “jaleo” y a “los palos” están cargadas de verosimilitud, porque en verdad la inserción de policías de paisano entre los manifestantes está directamente relacionada con las escasas violencias que suceden el día 14 (y que magnifican los medios paragubernamentales), como se han encargado de certificar las innumerables imágenes de los móviles de los manifestantes subidas a la red. Incluso en algún piquete de las Comisiones Obreras fueron descubiertos estos policías enviados a delinquir. Si la conversación que ha llegado “a la luz gracias a un fallo tecnológico”, como dice el correo de mi informante, fuese cierta, no sé a qué estaría esperando la oposición parlamentaria para llevar al juzgado a ese ministro, que ordena la maquiavélica actuación de sus policías, y a esa vicepresidenta, que coordina todo el proceso.

Hay otros dos datos en el desvelamiento de la conversación en la nube de los ministros que también adquieren plena verosimilitud. Uno es el de las luces. Dice Jorge: “Sí, tengo la idónea. Déjalo en mis manos. He cerrado lo que te dije de hacerlo sólo a través de los datos de energía. Los alcaldes ya lo saben, encenderán las farolas”. Y es que las redes sociales se poblaron aquel 14-N de fotos con farolas encendidas en Murcia, en Madrid, en pueblos y capitales gobernadas por el Partido Popular. No sólo farolas, yo mismo pude ver las luces navideñas encendidas en Valladolid en una calle bien lateral, el Camino de la Esperanza, donde seguían luciendo cuando volvía de la manifestación hacia las 10 de la noche. ¿Será que estaba previsto por lo que insistieron tanto en esa referencia al consumo eléctrico, en otros momentos un dato irrebatible para conocer el alcance de una huelga general?

El otro elemento verosímil del diálogo es el de las cifras. Se desarrolla así:

“Mato:

Oye, se ve mucha gente por la calle, ¿no? 19:40

Soraya:

Sí, lo estoy viendo en el móvil.

Jorge, ¿has hablado con Cristina? ¿Cuántos va a decir? 19:42

Jorge:

No hemos hablado de eso.

¿Quieres que la incluya en el grupo? 19:42

Soraya:

Ni de coña. Pero dile que no se pase. 19:43

Jorge:

Me ha dicho que 35.000 . 19:48

Soraya:

¡¡¿¿35.000??!! Una cosa es la guerra de cifras y otra… 19:50

Alberto:

Y otra que la alumna de Esperanza haga el ridículo diciendo eso. 19:50”.

 

El diálogo es poco creíble, pero el caso es que eso es lo que dijo Cristina, 35.000, y esa fue la versión oficial del gobierno, que, a pesar del absurdo, sirvió para que los mensajeros aúlicos despreciasen al enorme número de manifestantes que recorrió decenas y, quizá, más de un centenar de poblaciones por toda España. Encontré, ante estas barbaridades, una pequeña esperanza en el muro de Facebook, donde mi prima Henar escribió: “No importa lo que digan mañana sobre cuántos han sido. Lo importante es que ellos saben cuántos han sido”.

Me resisto a conceder veracidad al whathsap encontrado  por “un periodista”, a pesar de la abrumadora verosimilitud que encierra. Pero no hace falta que sea cierto para que verdaderamente constatemos con la tozudez de los hechos que este gobierno obedece por mitades a Maquiavelo y a Goebbels. Como aquel, ampara en la razón de Estado, con soberbio desprecio de las formas democráticas, su arbitraria actuación: ha incumplido radicalmente su programa y sustenta sólo en la fuerza esa actitud prevaricadora. No ha consultado a la población, ni lo hará probablemente, porque le queda un plazo de tres años antes de someterse al juicio ciudadano.

Como Goebbels, hace de la propaganda con la mentira la base de toda su comunicación. Al gozar de práctico monopolio informativo para la inmensa mayoría de la ciudadanía, logra hacer realidad aquella máxima que tanto gustaba al gobernante nazi: “Una mentira mil veces repetida se transforma en verdad”. Repetir, repite sin descanso una tras otra falacia y todavía sigue sin perder el respaldo de esa  inmensa mayoría. A nosotros nos queda la protesta en la calle y mantener la firmeza para la descalificación democrática de estos gobernantes, aunque sólo tengamos a nuestro alcance la fortaleza de las cuatro personas amigas que siguen nuestros cuadernos en la nube.

Marcelino Flórez

 

Huelga general: final del mito

El mito de la huelga general, construido por George Sorel y aplicado por el anarcosindicalismo, ha llegado a su fin. Pensaban los revolucionarios a finales del siglo XIX que la huelga general era el mejor instrumento para cambiar el orden social. Lo pensaban y lo pusieron en práctica sistemáticamente, sobre todo, durante la Segunda República española. Quizá la última propuesta de huelga general revolucionaria fue la que intentó el PCE en 1959, que se saldó con un sonoro fracaso. Las huelgas generales sucesivas, incluidas las unitarias y triunfantes, como fueron las de 1988 y 2002, ya no eran revolucionarias, sino meramente políticas; es decir, perseguían un pequeño cambio político y no una revolución. Las dos últimas huelgas citadas triunfaron y los gobiernos, uno del PSOE y otro del PP, rectificaron su política.

Las tres últimas huelgas generales, sin embargo, aunque unitarias y con mucho apoyo en la calle y en las grandes empresas, han fracasado. Ni con Zapatero, ni con Rajoy han conseguido rectificar las decisiones políticas. ¿Será que los tiempos han cambiado?

Escuché una vez decir a Julián Ariza que una huelga general, o sea, una huelga política, para poder ser convocada, necesita un referente político capaz de gestionarla. Si hay ese referente, la huelga se puede ganar o perder; si no lo hay, la huelga general está perdida. Las tres últimas huelgas se han hecho sin referente político y era necesario hacerlas, aunque sólo fuese para canalizar el descontento social. Los resultados, por otra parte, no han sido los mismos en las tres. La primera de ellas, la del 29-S de 2010, era una protesta por el error del 10 de mayo del gobierno socialista. Un sindicato no puede consentir que un gobierno se someta a los mercados pasando la cuenta a la clase obrera en exclusiva. Había entonces cosas que dialogar y había un gobierno dispuesto a ese diálogo, pero no tenía márgenes para la negociación una vez que había optado por la sumisión a los negociantes de la Unión Europea. Esa huelga sólo sirvió para hundir definitivamente a los socialistas, que perdieron las elecciones municipales de la primavera y se asomaron al abismo en las elecciones generales del otoño de 2011. Aún continúan en ese pozo y es su tarea buscar la salida.

Paradójicamente, el resultado fue la victoria electoral del PP, bien es verdad que con un programa diferente y con unos mensajes opuestos a las decisiones que tomó desde el primer día de su gobierno. ¿Cuál fue el error de los convocantes de aquella huelga de 2010 para que se produjera esa paradoja? Fue no haber advertido que su referente político lógico, Izquierda Unida, carecía de capacidad para gestionar el descontento; no haber advertido eso y no haber intentado poner un remedio a tiempo. (Esto no es una opinión, sino la transcripción en letra de los números de los resultados electorales.)

La primera huelga contra Rajoy, el 29 de marzo de 2012, no sólo era necesaria, sino imprescindible. Estuvo precedida de dos grandes manifestaciones en los meses anteriores y de múltiples movilizaciones sectoriales. Fue seguida de una enorme manifestación el mismo día de la huelga, pero también fracasó. ¿Qué esperaban de aquella gran movilización los sindicatos convocantes? Yo creo que no buscaban más que encontrar un hueco para el diálogo con el gobierno, donde tratar de detener los recortes sociales y la injusta aplicación de la carga social sobre los más débiles. Pero sólo encontraron desprecio. Bueno, desprecio y una sostenida batalla contra el sindicalismo desde todos los resortes del capital, desde su monopolio mediático, desde su exclusivo control administrativo del Estado, y desde los compañeros de viaje, sean éstos compañeros habituales, como la Iglesia católica  y los bancos, sean compañeros circunstanciales, como es el caso de una variada gama de asociacionismo vicario, más o menos bendecido, que habita entre nosotros.

El gobierno se vio con las manos libres y dio un par de vueltas más a la tuerca de los recortes. Las elecciones en Galicia fueron entendidas, además, como un reforzamiento y creyó que todo el monte era orégano. Los ensayistas de la privatización, objetivo único que subyace a lo que llamamos recortes, donde destaca la Comunidad de Madrid, continuaron el desmantelamiento de los servicios públicos, entrando a saco con la sanidad, una vez que la educación había sido ya prácticamente repartida (entre los correligionarios). La segunda huelga contra Rajoy era más necesaria, si cabe, que la primera. Pero esta también parece haber fracasado. Al día siguiente de la más grande manifestación de todos los tiempos habida en España, cuando escribo esto, el gobierno ha dado por cerrado el capítulo, mientras refuerza su argumentario contra los sindicatos.

Ya no existe la huelga general revolucionaria, pero tampoco parece servir la huelga general política, por eso digo que el mito ha llegado a su fin. Pero la lucha no ha fracaso ni ha llegado a su fin. El 14-N  ha sentenciado que, más importante que la huelga por disponer de más apoyo popular, es la movilización en la calle. Les ha dolido y han acusado el golpe, al tiempo que el sindicalismo sale reforzado y con una imagen más limpia de todo el proceso. Hace falta que los sindicatos sepan administrar la movilización, continuando en la extensión unitaria y universalizadora de la protesta, donde se ha abierto una vía que puede ser muy eficaz.

El mito de la huelga general ha terminado y La Razón puede escribir con tranquilidad en su portada del día siguiente: “Fracasados”, porque el gobierno no ha caído y, ni siquiera, ha convocado un referéndum. Sin embargo, los miembros de la Cumbre Social tenían una enorme sonrisa en la cara. ¿Será que son tontos y no ven el fracaso? El mito ha terminado, pero la calle ha sido de nuevo ocupada por la ciudadanía y este es el gran cambio social. La derecha reaccionaria se ha dado cuenta y, por eso, infiltra policía generadora de delincuencia incluso en los piquetes sindicales. Quieren retirar a la gente de la calle, porque saben que la presencia allí del pueblo real anuncia la derrota de los populares virtuales, del partido que usurpa un nombre que pertenece a la ciudadanía.

En otro campo, el triunfo ciudadano de las grandes movilizaciones de los dos últimos años pide a gritos un referente político, mientras los partidos de la izquierda tradicional y los grupúsculos, que se exhiben renovados o se multiplican disgregados, acumulan barro sobre sus ojos hasta perder enteramente la visión. Lo que está naciendo es nuevo y no tiene referencia en el pasado, aunque se nutra de la tradición obrera y solidaria. Por ahí  hay que seguir hurgando para buscar el camino.

Marcelino Flórez

Syriza en gallego significa esperanza

A mucha gente le han sorprendido los resultados de la Alternativa Gallega de Izquierdas: ha pasado de nada a 9 representantes. AGE es una coalición de la Izquierda Unida de Galicia, a la que se ha sumado un líder, Beiras, que acababa de fundar un partido nuevo, ANEVA, después de separarse del Bloque. A Esquerda Unida y a Beiras se añadieron otros retales, Equo y Espacio Ecosocialista, o sea, el factor verde.

Los comentaristas políticos han explicado este éxito electoral en Galicia por la concurrencia de dos factores: el ascenso que venía teniendo Izquierda Unida y la capacidad de liderazgo de Beiras. Posiblemente los comentaristas políticos tengan razón, pero yo creo que hay otros factores a considerar. Uno es la presencia desinteresada de Equo y los Ecosocialistas (entre los 9 representantes elegidos ninguno pertenece a esos grupos); el otro es la ausencia de siglas históricas o conocidas.

Nunca podremos saber cuánto han aportado Equo y el factor verde a los resultados obtenidos. Hay que considerar, sin embargo, que su presencia en las redes es muy destacada y que dispone allí de elevada simpatía. Si el voto obtenido por AGE procediese en alguna medida de abstencionistas y de jóvenes (y no exclusivamente de nacionalistas y socialistas desengañados), el factor verde podría haber sido importante. El otro elemento, la ausencia de siglas conocidas, tiene también su valor, primero porque desliga a esta coalición electoral de los desprestigiados partidos políticos existentes y, segundo, porque manifiesta unidad frente al sectarismo reinante. Eso ha permitido a alguna gente dejar de pensar en votos útiles y optar por un voto deseado y viable, con lo que ha hecho el esfuerzo de ir a votar. En todo ello, el mayor mérito es de Esquerda Unida Galega. Es verdad que le ha compensado su generosidad, pues ha pasado de 0 a 100 o a 500 en presencia parlamentaria.

A mí no me han sorprendido los resultados. De hecho, ha ocurrido lo que yo deseaba y, en alguna medida, presagiaba en este blog los días 20 de abril y 29 de agosto. Con el ánimo que proporciona ver refrendado por la realidad el pensamiento teórico, quiero añadir otra observación: toda la esperanza que trae la improvisada “Syriza” (que, por cierto, quiere decir Coalición de Izquierdas y Ecologista) gallega tiene que contrastarse en el inmediato futuro, no formando un nuevo partido que asiente lo conseguido, sino con la participación abierta de la pluralidad ideológica de la izquierda y de la gente, que precisen propuestas, movilicen a la sociedad y controlen a las personas elegidas. Es tarea que habrá que evaluar.

Marcelino Flórez

Españolizar

El ministro Wert está nervioso. El martes le abuchearon en Valladolid y el miércoles no controló la autocensura y desveló las verdaderas intenciones de sus reformas: pretende españolizar a los niños y niñas catalanes. El objetivo desvelado no resulta sorprendente y el escándalo no lo ha provocado la sorpresa, sino la falta de diplomacia o, en otras palabras, la sinceridad lingüística. Estamos tan acostumbrados a la perversión del lenguaje, al uso encubridor del eufemismo, al falseamiento de la semántica, que un uso de las palabras en su significado propio resulta desconcertante.

Lo que ha dicho Wert es lo que intentó hacer Aguirre durante el primer gobierno de Aznar, que también entonces provocó una importante efervescencia nacionalista. La ministra Aguirre propuso una “reforma de la enseñanza de la Historia”, con la que quería obligar a la historiografía a presentar a los Reyes Católicos como constructores de la unidad de España. La reacción de los historiadores facilitó la intervención del PSOE, que pactó una “reforma de las Humanidades” para dar una salida airosa a la anacrónica propuesta de Aguirre. Los socialistas se equivocaron entonces con su condescendencia y harían muy mal en repetir el error.

Estamos ante un asunto nacionalista, que hoy día debería resultar ridículo para una buena parte de la población, entre la que debería encontrarse toda la intelectualidad y, por supuesto, toda la izquierda. Aunque desde el comienzo de la ciencia histórica los poderes han ordenado a los historiadores construir determinadas identidades colectivas por medio de la enseñanza, hace ya mucho tiempo que la libertad de cátedra hizo imposible obligar a nadie a cumplir los deseos de los gobernantes. Los profesores y profesoras de historia enseñan como consideran más adecuado, teniendo en cuenta sus saberes científicos, su formación pedagógica y también sus propias opciones ideológicas y el conjunto de su pensamiento. En treinta y cinco años de docencia siempre he desobedecido el mandato gubernamental y nunca han logrado impedírmelo, aunque el primer año lo intentaron y casi lo consiguieron, pero aquel curso comenzó con Franco vivo y terminó con el franquismo excitadísimo. Era una situación excepcional.

Españolizar, como catalanizar, son deseos apasionados de españolistas y de catalanistas. Se trata de una fe y no es posible debatir con quienes la sostienen. Sabemos que se basa en una invención, como explicó el recién fallecido Eric Hobsbawm, pero la fe no distingue entre verdadero y falso, simplemente cree y se entrega a la causa. Dejemos a los creyentes que resuelvan su conflicto.

No podemos caer en la trampa. Puede que haya que reformar el Estado, caminar hacia un Estado federal, reformar la Constitución, lo que sea. Pero no conviene hacer mudanza en tiempos de tribulación, como decía San Ignacio. Los socios en el Parlamento español y en el Parlamento catalán han conseguido lo que querían: que nos enfanguemos con españolizaciones, mientras incrementan el paro, reducen los salarios, liquidan los servicios sociales, privatizan enseñanza y sanidad, mientras saquean el Estado. Es una trampa. La línea divisoria entre la izquierda y la derecha la marca la agenda: la preocupación por españolizar es la agenda de la derecha; la preocupación por la crisis económica y por las salidas alternativas a la misma es la agenda de la izquierda. No hay que caer en la trampa.

Marcelino Flórez

 

 

Fascismo en Las Cortes

El juez Pedraz ha exculpado a los convocantes del 25-S, que habían sido apresados, y eso ha soliviantado a la caverna política. Pero una de las frases del auto judicial ha soliviantado también a la clase política. Hasta el anónimo Rafael Simancas ha salido al paso. La frase del juez no hace sino reconocer lo que dicen todas las encuestas de opinión, la “convenida decadencia de la denominada clase política”. El juez introduce esa frase no para criticar a nadie, sino para argumentar la licitud de la opinión de los convocantes del 25-S sobre Las Cortes y sus diputados, cuando piden su disolución y la apertura de un proceso constituyente. Con esa expresión, el juez manifiesta vivir en el mundo y conocer la realidad, lo que concede mayor veracidad a sus veredictos, como sabe toda la judicatura y los que nos hablan del derecho. Nada malo, pues, salvo para el espejo de esos políticos decadentes, que se resisten a la defenestración.

Otra cosa han sido las palabras de Rafael Hernando. Este portavoz del Partido Popular es bien conocido desde hace tiempo por sus actuaciones violentas. Siempre que habla, lo hace a través del insulto y la descalificación de sus oponentes. Y, al menos una vez que yo recuerde, pasó de las palabras a los hechos; es decir, trató de resolver a puñetazos sus controversias con otro diputado. Rafael Hernando encarna las principales cualidades o valores del fascismo: autoritarismo o chulería, descalificación a través del lenguaje adulterado y, sobre todo, violencia (no hay más remedio que recordar aquí “la dialéctica de los puños y las pistolas”, de José Antonio Primo de Rivera).

Ahora, Rafael Hernando ha llamado a Pedraz  “pijo ácrata”. Dos descalificaciones juntas: pijo, que hace referencia a niño pijo, ese producto de la derecha desacomplejada, cuyo modelo tan bien encarna precisamente el propio Hernando, a quien sólo le falta añadir brillantina al fijado que usa para sus bucles; y ácrata, que en la voz de un fascista o violento es una de las dos peores cosas que se puede ser (la otra, claro, es comunista) y que, por lo tanto, debería ser desterrada de la faz de la tierra.

Es muy peligroso que un diputado como Rafael Hernando siga siendo diputado, pero encierra más peligro que un partido como el Partido Popular ni siquiera le haga callar, sólo por mantener viva la estrategia de tener contentos a esos cinco millones de votantes que piensan como Hernando. A los otros cinco millones ya no les cabe excusa: van en el mismo saco.

Marcelino Flórez

 

Memoria de las víctimas, Historia y Política

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