El factor católico y la enseñanza en la nueva era

La idea de escuela pública, que recorre toda la etapa constitucional y toma cuerpo con las aportaciones de la Institución Libre de Enseñanza, del socialismo y del anarquismo de los primeros años del siglo XX, es una idea que encierra el afán por construir una sociedad más capacitada para relacionarse con la naturaleza, más equilibrada socialmente y dispuesta a ganar libertad para las personas.

A esta idea se opusieron siempre los creyentes en el liberalismo, para los cuales todos los individuos son iguales al nacer y las diferencias sociales nacen del diferente esfuerzo que cada cual emplea en su vida, con una pequeña aportación de sus cualidades naturales. Nunca tuvieron en consideración los liberales las diferencias sociales originarias. Por eso, despreciaron la labor de la escuela común. Por eso y por el propio interés de que las cosas, muy favorables para ellos, no cambiasen.

Entre esos dos polos se coló el factor católico, el conocido como pensamiento social católico. Coincide este pensamiento con el liberalismo en que el Estado ha de ser subsidiario y atender sólo aquellas cosas que no desarrolle la sociedad civil. Hay espacios de la vida humana, donde los católicos no sólo exigían que el Estado se apartase, sino que reclamaban el monopolio. Uno de esos espacios es la moral. De hecho, desde el principio del sistema constitucional español, la Iglesia católica ejerció la censura sobre la moral pública, lo que incluía el control incluso de la ciencia. Para ejercer el control, esa Iglesia determinó que tenía que monopolizar la enseñanza. Esta idea se desarrolla paralelamente al conflicto que los católicos mantienen con el liberalismo filosófico, primero, y con el socialismo, después. Así fue como España se llenó en los primeros años del siglo XX de colegios católicos para educar a los hijos de la burguesía. Durante el franquismo, los clérigos aprovecharon la situación de favor para completar el mapa de implantación docente, de manera que, al terminar la Dictadura, la Iglesia católica tenía de hecho el monopolio de la enseñanza media y la mayor parte de la enseñanza primaria urbana en sus manos.

Sobre esa realidad social se construyó la Transición y aquí tampoco hubo ruptura. Para asegurarse el statu quo, la diplomacia vaticana negoció y obtuvo dos éxitos paralelos: la cita del nombre “Iglesia católica” en el artículo 16 de la Constitución y los Acuerdos Vaticanos, firmados un mes después de aprobada la Carta Magna, aunque negociados anteriormente. Lo que sí hubo, ya en democracia, fue un pequeño susto cuando los socialistas en el poder decidieron hacer nuevas leyes educativas. Pero la movilización católica obtuvo nuevamente un éxito político: primero, logró institucionalizar la doble red, pública y concertada, en la LODE de 1985; y después, gracias a una heterogénea alianza, logró hacer fracasar la LOGSE de 1990. No hizo falta más que esperar la oportunidad de reglamentar y aplicar los reglamentos para que el factor católico culminase su éxito. La LOGSE, lejos de poner en peligro a la escuela católica, generalizó los conciertos educativos, convirtió en subsidiaria a la escuela pública y produjo un trasvase enorme de alumnado hacia la escuela privada.

La privatización de la enseñanza que ha completado el Partido Popular en su gestión de la Administración educativa regional, incluyendo los desvergonzados ataques de la Comunidad de Madrid contra la escuela pública, hubiera sido imposible sin la justificación ideológica que proporciona el factor católico. El resultado, además, será duradero, porque ha logrado una reversión moral en el viejo pensamiento solidario y algunas personas han optado por la vía de la segregación con el argumento de desear lo mejor para sus hijos. Esta decadencia moral sí que será difícil de transformar.

Pero acabamos de iniciar una nueva era y el descalabro educativo habrá de situarse de nuevo en el primer plano. La reivindicación vuelve a ser la escuela pública, la misma para todos y todas. La escuela privada deberá volver a ser libre y autónoma. No estoy proponiendo que se termine con los conciertos educativos. Digo que los conciertos educativos, igual que todo lo demás que se financie con dinero público, han de ser gestionados por la sociedad organizada en un Estado, en este caso concreto por la Administración educativa.

Por lo tanto, el profesorado ha de pasar a ser funcionario y seleccionado como el resto del profesorado; el alumnado ha de ser matriculado en función de la proximidad al centro escolar, sin discriminación alguna; y el currículo ha de ser el mismo en todos los centros financiados con dinero público. Si el edificio es privado, habrá que pagar la renta que se pacte.

El que no quiera control público que no acepte dinero público. Se dirá “Pero ya pagamos impuestos”. Bien, como se trata de un derecho básico y de una actuación obligatoria, la enseñanza entre los 6 y los 16 años, podrá desgravarse a las personas o familias que opten por una enseñanza privada el mismo porcentaje en su IRPF que cada año presupueste el Estado para la educación.

Cualquier otra cosa es abuso y el factor católico ya no sirve de excusa. ¿Se imaginan ustedes el ahorro presupuestario que una enseñanza, así planificada como manda la Constitución, aportaría? Pues, además de ahorro, aquí estamos hablando de equidad. Hay que atreverse a poner esto en los programas políticos y buscar la mayoría social que lo haga posible.

Sin ETA, están tristes

Si os fijasteis en los rostros, no estaban sonrientes. Es más, las señoritas tenían una cara que daba preocupación, parecían enfermas de gravedad. Si habéis tenido ocasión de ver algún retazo de debate televisivo o habéis leído alguna portada de la derechona mediática, comprobaréis que están profundamente tristes e infinitamente cabreados. Todo eso porque ETA ha desaparecido de hecho. Que ETA no es más que la bomba y el tiro en la nuca; lo otro, el independentismo, la bravuconería, el machotismo y hasta la sinvergüencería (cada uno que elija el calificativo que se le adecúe), eso no es ETA. El heterogéneo entorno etarra, sin tiro en la nuca, pierde su valor natural. No es que no exista problema, pero es un problema de otro orden.

¿Por qué, entonces, están tan tristes en la derechona? Para comprenderlo bien, nada mejor que escuchar al alcalde de Valladolid, que reproduce con esa limpieza que ya conocemos los argumentarios del Partido Popular. En esta ocasión y nunca mejor dicho, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, León de la Riva, mientras presentaba la SEMINCI, obsequió a los periodistas con los razonamientos oficiales sobre la desaparición del terrorismo. Reconoció de inicio que la declaración de cese del terrorismo es “un paso positivo” (no se puede contradecir a Rajoy y el papel que se tiene reservado) e inmediatamente desnudó a ese paso de su positividad: ETA no se ha disuelto, ni ha entregado las armas, luego no ha ocurrido nada. Además, no se ha puesto al servicio de la justicia para aclarar los más de 300 crímenes aún no resueltos. Luego, seguimos lo mismo. La declaración de ETA no es más que la continuidad del “circo montado 48 horas antes” por los mediadores internacionales; un circo, como ha demostrado Mayor Oreja, que busca encubrir las negociaciones que viene manteniendo el gobierno con ETA en secreto.

León de la Riva, incontinente verbal como siempre, reprodujo de la A a la Z el argumentario. Porque eso que acabo de escribir se lo habréis  oído decir a Cospedal, a Sáez de Santamaría y no tardará mucho en desgranarlo en argumentos separados González Pons con la ayuda del señor Arenas.

No creo que esté en el documento, pero está en la conciencia popular de la derechona,  y su representante vallisoletano ha dejado caer la razón de ese argumentario. Él lo ha dicho con ese gracejo que le caracteriza y que le lleva a los titulares de la prensa local: es “el conejo que se iba a sacar de la chistera el candidato”. Exacto. A esta derechona no le preocupa ETA, ya lo sabíamos. Le preocupa el poder y, para acapararlo, todo está permitido. En 2004 ocurrió lo mismo que ahora, desde el punto de vista argumental. Entonces una buena parte de la población lo entendió perfectamente y actuó en consecuencia. Ahora, es más difícil.

 

Tesis contra el microcrédito

La invasión se extiende imparable. El microcrédito lo llena todo: la Universidad, el Ayuntamiento, los Institutos de Educación Secundaria, el asociacionismo solidario, la calle. Pero el microcrédito está lleno de trampas. Aquí sintetizamos algunas tesis que pueden encontrarse en la literatura crítica.

  1. El microcrédito, en tanto que ideología económica relacionada con el empobrecimiento, transfiere la responsabilidad de la pobreza a los propios pobres, exonerando así de responsabilidad a los poseedores de la riqueza.
  2. La ideología del microcrédito, que es el liberalismo exacerbado, deja de analizar las causas y raíces de la desigualdad social y, por lo tanto, deja de combatir el mal en su origen, haciendo que se reproduzca interminablemente.
  3. El descubrimiento de la ideología del microcrédito está sirviendo a los Estados para canalizar por esa vía la ayuda al desarrollo y la cooperación internacional, sin tener en cuenta las graves consecuencias que ello acarrea.
  4. El microcrédito no puede utilizarse en ningún caso para satisfacer necesidades básicas: alimentación, educación, salud o vivienda. Las instituciones financieras liberales no atienden a este límite ético, al tiempo que los Estados y las instituciones internacionales, con la excusa del crédito, se desentienden de la obligación de satisfacer esas necesidades básicas, como tienen comprometido ante las Naciones Unidas.
  5. El microcrédito produce un endeudamiento permanente de los perceptores, que pasan a depender para siempre de las finanzas y de sus dueños, como constata la experiencia.
  6. La iniciativa en el microcrédito es un elemento para definir la valoración moral del mismo. Si la iniciativa es el liberalismo, el resultado es la reproducción de lo que existe: más pobres y más numerosos; menos ricos con más riqueza.
  7. La ideología del microcrédito desoye toda idea relacionada con el consumo responsable y los límites del crecimiento, acrecentando los graves problemas que sufre la naturaleza y que perjudican en mayor medida al mundo empobrecido.
  8. Del mismo modo que en las finanzas se habla de un uso ético y social de las mismas, el que encarna la banca ética, en el pequeño crédito la presencia o ausencia de principios éticos determina su cualidad moral.
  9. Tanto por la iniciativa, que procede del sistema bancario y de los gobiernos liberales, como por los objetivos, que incluyen la maximación del beneficio a través de intereses desorbitantes, la ideología del microcrédito no merece el apoyo de la economía solidaria y del asociacionismo de cooperación.

El Derecho al Crédito

El día 24 de septiembre de 2011 participé en una jornada, organizada por Fiare de Castilla y León, sobre el derecho al crédito. Desde el principio nos sumergimos en un baño de realismo, dejando claro que la economía social y la banca ética no son la alternativa al capitalismo, sino pequeñas semillas para ir construyendo un cambio social. A partir de ese realismo, se enfocó el derecho al crédito con un método de análisis crítico. En la reflexión, el primer elemento crítico que se nos propuso fue la necesidad de atender a la iniciativa y al contenido cuando se habla de créditos. Existe una iniciativa liberal, la que parte del libre mercado, que, cuando piensa en créditos, siempre lo hace para asegurar clientes a la banca, aunque haya que enmascarar la propaganda con ropajes verdes, pacifistas u obreristas. Hay otra iniciativa, la que forma ese complejo mundo del microcrédito, que concibe el crédito como un elemento reparador de la desigualdad en el acceso a las oportunidades. El uso de este sistema consigue insertar en el sistema bancario a quienes antes no estaban allí, pero a costa de perpetuar indefinidamente la dependencia del crédito, o sea, a costa del endeudamiento. Hay una tercera forma de iniciativa crediticia, que es transformadora, la que concibe el crédito como una herramienta política para el cambio social. Aquí se inserta la banca ética y, si bien hay distintas formas de banca ética, el criterio más clarificador para diferenciarlas de otras formas bancarias, así como a las distintas bancas éticas entre sí, es precisamente el crédito. Qué personas y qué proyectos reciben los créditos es el baremo de la banca ética.

Hay que partir, por lo tanto, al hablar del crédito, de la legitimidad que revisten aquellos que tienen la iniciativa. La legitimidad social, por ejemplo, es distinta cunado el origen del crédito es un banco controlado por grandes propietarios de dinero y guiados por el afán de lucro, que cuando el origen es el asociacionismo solidario guiado por valores entre los que no se incluye el afán de lucro. Hay que observar también la legitimidad ética. Por ejemplo, tenemos que pensar qué nos está exigiendo la doctrina económica del decrecimiento a la hora de pensar en el crédito. Y nos está diciendo que la multiplicación del patrimonio hasta el infinito, como desea la codicia financiera, no es posible, que la naturaleza está al límite y que seguir pensando en la remuneración máxima del capital, además de imposible por los propios límites naturales, es una barbaridad ética.

Se trata de hablar del derecho al crédito, que se halla en la frontera de los derechos emergentes. Y si lo reclamamos ya como un derecho, ha de ser porque existen unos bienes a proteger y unos retos éticos que cumplir. Los bienes a proteger no pueden ser las necesidades básicas, porque esa es una obligación de los Estados. La alimentación, la salud, la enseñanza, la vivienda, la protección de la infancia, de la vejez o de la dependencia son obligaciones de las Administraciones Públicas, que no pueden ser objeto del crédito. Éste ha de cumplir la función que, según el proverbio atribuido a los chinos, cumple la caña respecto a los peces para la alimentación; es decir, el crédito en tanto que derecho ha de ser entendido no como un instrumento para el asistencialismo, sino para la emancipación personal y la transformación social. Si nos fijamos en las demandas éticas del crédito, para ser reconocido como derecho, es evidente que hay que descartar el afán de lucro y no sólo los malos usos tradicionales del dinero que se invierte en armas o en la destrucción de la naturaleza. En este momento, hay fondos de inversión destinados a financiar los microcréditos, lo que constituye una prueba perfecta de la ambigüedad y de las limitaciones éticas de ese instrumento financiero.

Cuando Fiare-CyL organizó la jornada del 24 de septiembre, lo hizo con la vista puesta en la Cumbre del Microcrédito, que nos amenaza en Valladolid. A este respecto, hay alguna cosa que ya está clara:

–          El crédito, sea pequeño o grande, puede ser esclavizador o liberador. Eso depende de la iniciativa de la que proceda y de los objetivos que persiga; es decir, depende de que sea ético o no.

–          En lo poco que se ha evaluado al microcrédito hasta ahora, sí sabemos:

  • Que no es de fiar, por el origen de la iniciativa, dominantemente bancaria y gubernamental.
  • Que genera dependencia financiera en las personas que lo utilizan, provocando un endeudamiento sin fin.
  • Que prolonga los males del capitalismo financiero, transparentados mejor que nunca con la crisis actual, al guiarse por el afán de lucro. Debe saberse que los tipos de interés del microcrédito oscilan entre el 20 y el 80 por ciento.
  • Que desoye los principios básicos de la equidad social y de la protección de la naturaleza.

Además, el recurso ideológico al concepto de microcrédito, enmascarando la realidad como si se tratase del bien universal que salvará al mundo de la pobreza, está sirviendo ya a los gobiernos de los países ricos para ir dejando a un lado su compromiso en la lucha contra la pobreza, abandonando la aportación del 0,7 por 100 de su riqueza para combatir la desigualdad, como tienen comprometido ante las Naciones Unidas.

Por eso, Fiare-CyL y las asociaciones de cooperación desligadas de gobiernos, de empresas y de grupos de presión ideológicos o de otro tipo, han dicho a banqueros y gobernantes que no usen su rostro solidario para defender las ideas y las prácticas del capitalismo financiero global. De manera que, más que nunca, podemos afirmar que esta cumbre no es nuestra cumbre.

Nuevos inquisidores

El 25 de junio de 2011, Rafael Yus y Paco Puche publicaban un artículo en Rebelión, donde explicaban cómo el capitalismo internacional está desmovilizando a la sociedad. En España esa tarea le ha sido asignada a EQUO, decían, donde se han infiltrado tres personas, que son avanzadilla de ese capitalismo internacional a través de alguna fundación altruista. Concretamente, así relataban las cosas: “Aquí también, en el caso de EQUO, la metáfora del queso de Gruyère ha funcionado. Concretamente en su Consejo Asesor, máximo sanedrín de la aún fundación y escaparate propiamente dicho, mientras tanto, de la misma, ha incluido entre sus filas a, por lo menos, tres relevante socios-líderes de la Fundación AVINA Pedro Arrojo, Sandra Benveniste y Victor Viñuales. El primero, ex presidente de la Fundación Nueva Cultura del Agua, que ha ido paseando de la mano de AVINA, por todo Latinoamérica (por tanto también promocionando la empresa Amanco de la misma), el sello “nueva cultura del agua…”

Achacar a EQUO la responsabilidad de la desmovilización ciudadana parece excesivo, pero pretender que EQUO sea un muñeco en las manos de Pedro Arrojo parece que no se conjunta bien con la forma con que se ha elegido a su cabeza de lista por Madrid, a través de un voto libre, tanto presencial, como en la red virtual. No creo que las 2.000 personas que votaron a Uralde sean socios de AVINA y, por lo tanto, marionetas del capitalismo americano. Es más, no creo que conozcan a Pedro Arrojo. Pero el razonamiento de Rafael Yus y Paco Puche se complica más si resulta, como ha ocurrido, que Pedro Arrojo termina no en EQUO, sino en Izquierda Unida, como escribe Izquierda Anticapitalista en su página web, tomándolo del diario Público: “Convocadas las generales, el colectivo Preocupados por el 20-N lanzó el manifiesto Por una izquierda plural y unida, en el que alertaba contra la dispersión del voto progresista –”Sólo si emerge en Aragón una única opción a la izquierda del PSOE, una única marca y un único programa será posible movilizar e ilusionar a la ciudadanía”, decía–. Los firmantes, liderados por Pedro Arrojo y Enrique Tordesillas, empujaron hacia la negociación”.

Nos hallamos ante unos análisis hipercríticos e insuficientemente fundamentados, que terminan provocando unas consecuencias contrarias a lo que parecían pretender. Esos radicalismos verbales sí son desmovilizadores. La siembra de la duda y la sospecha se extiende gratuitamente sobre todo el movimiento social, que resulta descalificado y gravemente lesionado. Una nueva inquisición izquierdista se abate sobre nosotros y puede lograr devorarnos. Otro objetivo de estos nuevos inquisidores ha pasado a ser Fiare, la banca ética que con tanto esfuerzo, pluralidad y transparencia se está construyendo. ¿Qué es lo que ha hecho que Fiare caiga bajo la sospecha de los inquisidores? Pues que hay un miembro de una asociación del territorio valenciano que está en Fiare. Se llama Raúl Contreras y su pecado es ser socio de otra fundación altruista americana, Ashoka. No voy a entrar a juzgar la descalificación de esa persona por parte de los inquisidores, sencillamente señalaré el absurdo de descalificar a Fiare porque una persona, entre varios miles, y una asociación, NITTUA, entre varios centenares, a la que pertenece esa persona, sean socios de Fiare, una de cuyas características es precisamente la pluralidad y una de cuyas preferencias es el asociacionismo de economía solidaria, donde se enclava la asociación NITTUA. Poco importa que Raúl Contreras sea insignificante en Fiare, independientemente de que sus asociaciones solidarias sean del gusto de cada cual, basta que ese tal Raúl Contreras realmente exista, que su nombre aparezca en Internet, para que la sospecha triunfe y algún miembro de alguna asociación o empresa que forme parte de Fiare pida su salida por estar infiltrada por el capitalismo internacional. El razonamiento caería por su peso a la mínima crítica de las fuentes, como saben mis alumnos de cuarto de la ESO, pero mucha gente construye su pensamiento bajo el paraguas de la sospecha.

Estos nuevos cátaros, como aquellos, los puros, son un verdadero peligro para el avance social, porque su tarea no es advertir de peligros de infiltración de enemigos, lo que estaría muy bien, sino partir de la sospecha y provocar la contaminación general del movimiento solidario, aunque sólo sea porque uno pasó un día por un lugar donde había un capitalista infiltrado. En nuestro entorno le ha tocado el estigma al amigo Jeromo. En Castilla y León, en España, en buena parte de Europa y en varios lugares del mundo conocen a Jeromo a través de la Vía Campesina o de las muchas asociaciones y movimientos en los que trabaja. Jeromo es un líder natural, que vive con pocos recursos y con mucho trabajo en el medio rural. Ha emprendido mil actividades en busca de la sostenibilidad, de la fraternidad y de la cooperación. En la mayoría de ellas ha conocido más la hiel del fracaso, que la miel del éxito, pero, dotado de una fe en la humanidad casi incomprensible, continúa en la tarea. Pues también a Jeromo le ha tocado pasar por el tribunal de la nueva inquisición, porque su nombre ha aparecido entre los emprendedores premiados por la asociación Ashoca, que se dedica a eso, a promover emprendedores.

Es muy difícil defender a alguien que tiene que cargar con el sambenito de la sospecha, tan difícil, como fácil es inocular la sospecha. Imaginad una asamblea de una asociación solidaria, a la que asisten casi todos sus miembros. Aunque no figura en el orden del día y nadie conoce el texto, un miembro de la asamblea, con algunos apoyos previamente establecidos, lee una decena de hojas, donde cuenta pormenorizadamente cosas de Jeromo, de la asociación Ashoka, de la que nadie ha oído hablar, pero enseguida se explica que es promovida por el capitalismo americano y de paso se nombra a otra asociación, ésta sí que perniciosa, porque el fundador es hijo del empresario que se enriqueció con el amianto. Únicamente alguna persona que frecuente las páginas de Rebelión o de Izquierda Anticapitalista observa que hay coincidencias con alguna cosa que ya ha leído. Los demás asisten perplejos a un alegato fiscalizador y no saben qué pensar. No importa que todo sea un abuso interpretativo, bien o mal intencionado, la sospecha ha sido sembrada, el mal ha sido ejecutado y todo el movimiento solidario que forma el conjunto de REAS ha sido malherido. Bueno, pues eso está ocurriendo a nuestro alrededor.

Contra los inquisidores es imposible luchar, porque han vencido de antemano, ya que les vale la sospecha para sentenciar. Sólo hay una vía para defenderse de los inquisidores, invitarles a que dejen de pertenecer a todas esas asociaciones corruptas y creen la suya propia, pura y virginal, como las flores del campo. Pues eso.

El veredicto de Otegui

Un tribunal acaba de condenar a Otegui, a Díez Usabiaga y a otras personas por pertenencia a banda armada. Ese es el veredicto. Sobre esta sentencia se han formulado muchas opiniones, pero observo que la inmensa mayoría de esas opiniones no tratan del veredicto, sino de la oportunidad política de la sentencia. Son dos cosas distintas.

Que ETA tiene dos estructuras, una política y otra militar, está fuera de dudas. Que ambas estructuras están, por decirlo de la forma más neutra posible, coordinadas, también está fuera de dudas. Que pertenecer a cualquiera de las dos estructuras es pertenecer a ETA no debería resultar dudoso. Que ETA sigue existiendo también es cierto. El veredicto, por lo tanto, parece responder a su etimología: dicho con verdad.

Por otra parte, Otegui no suele decir que no pertenecía a la estructura de ETA. Es más, si leemos con cuidado los argumentos del abogado defensor de Díez Usabiaga, Íñigo Iruin, observamos que habla del esfuerzo de los ahora condenados para romper “la estrategia político militar” desde el año 2008, lo que provocó un “enfrentamiento de posiciones”, ya que el sector militar era partidario de incrementar los atentados terroristas, a los que Iruin llama, claro está, lucha armada. Ocurre lo mismo con los comentaristas que simpatizan con el Movimiento Vasco de Liberación, como Ramón Zallo, catedrático de la Universidad de País Vasco, que el domingo 18 de septiembre de 2011 escribía lo siguiente en Deia: “Lo real es que chocaron dos estrategias distintas (la una, político-armada; la otra, solo política), atribuibles a dos sujetos DISTINTOS -aunque disimularan públicamente el choque de trenes- y que es un choque aún no culminado, aunque sí canalizado con un balance crítico, una nueva línea, un nuevo liderazgo y un Grupo Internacional de Contacto”. Vaya, que aquí, sea por activa o por pasiva, nadie niega que los condenados formasen parte de la estructura etarra.

El mismo Otegui basó en la oportunidad política su defensa en este juicio, no en la pertenencia o no a ETA, con aquel famoso discurso en su turno de palabra, donde explicó que el fin de la violencia es “irreversible”, porque “sobra y estorba”. Y añadía que se sentía orgulloso de haber hecho “virar el trasatlántico de la izquierda abertzale” hacia una estrategia en la que “no aparece la m por ningún lado”. Según esas palabras, Otegui no sólo era dirigente de ETA durante los hechos que se juzgaban, sino dirigente principal.

La pertenencia, por lo tanto, no entra en la discusión. De lo que se habla es de la oportunidad política: si la sentencia favorece o no “el proceso de paz”. A mí, sin embargo, me interesa otra cosa. Quiero elegir la mirada de las víctimas inocentes. Digo inocentes y excluyo así cualquier mirada de cualquier asociación a quien no le preocupe la inocencia, sino otros asuntos.

Desde la mirada de las víctimas, existe un peligro grande con lo que está ocurriendo en Euskadi, donde lo único que campea es la búsqueda del olvido. Los que hablan del fin de la violencia, desde el interior de la misma, quieren que esa etapa, la etapa político-militar, quede atrás, olvidada, nuevamente amnistiada, para que con el olvido desparezca el crimen. Por eso, no quieren ni nombrar a ETA en sus discursos, de manera que vaya quedando en penumbra hasta evanescerse.

Pero aquí ha habido un crimen de lesa humanidad, que eso es el terrorismo, y hay unas víctimas inocentes y hay unos culpables. Esto no puede remitirse al olvido, sino que es precisamente el punto de partida. Mientras no se reconozca el delito y se asuma la responsabilidad, no hay avance alguno, como ocurrió con el franquismo y ahora experimentamos. No hay avance en la justicia y no hay posibilidad de reconciliación social. El abandono de la violencia no resuelve el problema, porque, en la mirada de las víctimas y de quienes se compadecen con ellas, los responsables de la violencia siguen teniendo rostro de asesinos y de cómplices. Y las víctimas ya no van a desaparecer, una vez que hemos experimentado la enorme injusticia histórica cometida con las víctimas olvidadas. Hemos aprendido que el olvido es la principal causa de la repetición del crimen; y hemos aprendido que la nueva política no puede cimentarse sobre cadáveres de personas inocentes.

Bildu no es ETA, aunque alguno de sus dirigentes sí lo sea o lo haya sido, pero Bildu no ha aprendido la nueva vía política que nos enseñaron Walter Benjamin y los otros “avisadores del fuego” del nazismo. Los dirigentes de Bildu usan el mismo lenguaje ocultador que usó siempre la rama política del terrorismo; ponen en primer plano de su estrategia a los presos, que sí son ETA, es decir, los responsables del crimen de lesa humanidad; utilizan, incluso, los argumentos contra la sentencia de Bateragune con un tono que recuerda la amenaza del regreso a la violencia. En ningún momento se les ha escuchado reconocer el crimen contra la humanidad largamente sostenido en el tiempo. Y éste es el punto de partida, el reconocimiento del crimen y la aceptación de la justicia, que constituye, además, el primer y principal acto reparador para las víctimas. Mientras no se de ese paso, es que alguno quiere seguir recogiendo nueces del nogal que cimbreaban los muchachotes aquellos.

Evangelio o poder

La visita del Papa ha pasado, con mucho boato, sí, pero sin pena ni gloria. Se han ido y sólo queda la calma, aparte de las responsabilidades del Ministerio del Interior. Leo algunos artículos de los teólogos en Redes Cristianas y coinciden en que ha sido una exhibición de poder: son los poderes económicos los que han financiado el acto; es el poder político el que se ha arrodillado con donaciones, con cesiones, con zalamerías; es el poder religioso el que se ha manifestado con la autoridad infalible del Sumo Pontífice, con la veneración sumisa de la grey.

Aquí no ha habido dudas sobre quién es el más grande. En el Evangelio, tampoco las hay. Por ejemplo, Lucas cuenta que Jesús de Nazaret dirimió una disputa entre sus discípulos acerca de ese asunto con estas palabras: “Vamos a ver, ¿quién es más grande: el que está a la mesa o el que sirve? El que está a la mesa, ¿verdad? Pues yo estoy entre vosotros como quien sirve”. En esto, la JMJ-Madrid-2011 ha sido un modelo perfecto.

La verdad es que, como no vivo en Madrid y no veo sus televisiones, esta visita, salvo las rabietas por la actuación policial, casi no me ha afectado. En lo ideológico, tampoco, porque hace mucho tiempo que dejé de ser anticlerical, exactamente desde que dejé de ser un cristiano practicante. La religiosidad de estos neocatólicos es, más que nada, una religiosidad bajo perfil político. En concreto, es el perfil religioso de los neoconservadores que gobiernan casi todos los Ayuntamientos y Comunidades Autónomas, y se preparan para gobernar el Estado. No es un asunto religioso, sino de ideología política. Y con esas cosas ya no me enfado. Las combato, militando y votando a otros, y punto.

Pero es verdad también que siempre queda un poso del viejo anticlericalismo, aquel anticlericalismo tan puro de los izquierdistas republicanos, a los que molestaba la vida poco evangélica del clero. Esta vez ha sido mi suegro el que me lo ha reverdecido. Mi suegro sólo ve en el clero riqueza y poder. Bueno, también se enfada si oye cosas de inmoralidades de otro tipo en las que andan enfangados clérigos, pero es el poder lo que le molesta. En esta ocasión fueron unas leves e ingenuas palabras las que agolparon mis viejos sentimientos: “Si hubiese ido con cuatro camiones llenos de comida a Somalia y hubiese estado esos días comiendo arroz blanco con ellos, le palmea hasta el gato en todas las naciones del mundo”.

Mi suegro no ha leído al evangelista Mateo, que en el capítulo 11, versículo 5, cuenta cómo se identificó Jesús, el Nazareno, ante unos discípulos de Juan, el Bautista. Les dijo, para que Juan le reconociese, que le contasen lo que habían visto: “los ciegos ven, los cojos andan, lo leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la buena noticia”. Supongo que nadie tendrá duda de cuál es la buena noticia para los que sufren la hambruna en Somalia.

Ese mensaje es el que le hubiese gustado a mi suegro, que no puede soportar, sin embargo, tanta reprimenda y amenaza de esos señores tan ricos, tan bien vestidos  y tan bien acompañados. Así que, oídos sordos durante cuatro días y cada palo que aguante su vela, después.

Marcelino Flórez

Memoria de las víctimas, Historia y Política

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