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La carta de Pablo y sus paradojas

-Comentario de texto-

El 14 de noviembre de 2019 Pablo Iglesias ha dirigido una carta a su afiliación con motivo de la firma de un pacto de Gobierno de coalición con el PSOE. Son seis párrafos y estas son las ideas:

– Nos mandaban dejar de protestar y acudir a elecciones

. Lo hicimos y estamos en el Gobierno

. agradecimientos

– No por la astucia de los dirigentes, sino por el esfuerzo de la gente

. reiterado: no el talento de arriba, sino la perseverancia de abajo

– Afrontar un doble desafío: construir un Gobierno para la mayoría y echar raíces

. con dos dificultades: la derecha con sus brazos mediáticos y el PSOE mayoritario

– Pero se puede, con el esfuerzo de la gente de Podemos

Lo podíamos resumir de la siguiente manera:

Cuando estábamos en las plazas del 15-M, los caciques nos invitaban a participar en las elecciones. Lo hicimos y aquí estamos, en el Gobierno. Doy gracias a la militancia de Podemos.

Hemos llegado hasta aquí no por la astucia de los dirigentes, sino por el esfuerzo de la gente. Y lo reiteramos: no por el talento de los líderes, sino por la perseverancia de las masas.

Llegados aquí, se nos presenta un doble desafío: construir el Gobierno para la mayoría y echar raíces. Y encontramos dos dificultades principales: el combate de la derecha con su control mediático y la mayoría gubernamental del PSOE, que obligará a muchas cesiones.

La idea principal que trata de transmitir es, sin duda, la alegría por haber conseguido el objetivo de llegar al Gobierno y la necesidad de votar afirmativamente, a pesar de las dificultades y cesiones que habrán de venir.

Esta carta no deja de ser una petición del voto favorable en la consulta que Podemos ha anunciado a sus bases, pero es muy interesante la argumentación que utiliza. En primer lugar, se esfuerza por enlazar a Podemos con el 15-M, transmitiendo así la pervivencia del valor de la asamblea y de la participación popular. Esa idea la refuerza con la adjudicación del éxito a la movilización de la militancia y lo hace mediante el uso de una figura literaria, la paradoja, que termina subrayando precisamente lo contrario: la habilidad del líder, que acaba consiguiendo lo que quería sin ceder un ápice en ningún momento. Efectivamente, a la vista de todo el mundo está el hiperliderazgo que ejerce Pablo Iglesias, que ha alcanzado las máximas cotas en las dos campañas electorales últimas. Y lo ha hecho con mucho éxito. A pesar de perder la mitad de los votos y de los diputados, es decir, de la desmovilización o huida del electorado, de la afiliación y de los dirigentes, el líder ha conseguido el objetivo, un Gobierno de coalición. No ha sido, por lo tanto, la perseverancia de los de abajo, sino el talento del líder, como viene a decir el propio protagonista a través de la reiteración de la paradoja.

Entre los razonamientos del escrito, hay uno que refuerza la interpretación que acabamos de hacer. Dice que uno de los desafíos que se presentan es “echar raíces”, esto es, el reconocimiento de que no hay sustrato, no hay bases. En algunos lugares, Podemos sencillamente no existe; en casi todos, no hubiese podido dar un paso sin la aportación de los aliados, especialmente de Izquierda Unida, pero también de los aliados territoriales de Cataluña o de Galicia, por ejemplo. Nunca como en esta ocasión se ha presentado un apoyo tan cerrado de las fuerzas políticas coaligadas a Podemos y nunca con tanta eficacia electoral como en este caso.

Para terminar y para que las bases no tengan ninguna duda sobre el sentido del voto, Pablo Iglesias se pone la venda antes de la herida y achaca la responsabilidad de las dificultades que han de llegar al IBEX 35 y al PSOE. Nada, pues, debe impedir el voto favorable al acuerdo alcanzado. No entro a comentar este aspecto, pero la verdad es que no aporta mucha confianza para el futuro gobierno.

La carta certifica dos cosas: el afianzamiento del liderazgo de Pablo Iglesias, que relega sine die el debate interno sobre los resultados electorales, sobre la organización del partido y sobre el propio liderazgo; y el estancamiento de la reorganización de la izquierda plural, prisionera en los próximos años de la coalición electoral a la que con tanta fuerza se ha agarrado. En lo que a mí respecta, sirve para confirmar cuál era la razón de la insistencia numantina en el gobierno de coalición, tanto en julio como en septiembre, una estrategia finalmente victoriosa, la que asegura la continuidad del líder.

Marcelino Flórez

Vendaval nacionalista

Han ocurrido más cosas, pero la principal ha sido el vendaval nacionalista. El fuego de las calles de Barcelona, auspiciado por la sentencia del procès, ha determinado la composición de las Cortes de España. En todas partes han ganado los nacionalistas y en todas sus versiones: los nacionalistas extremos de la unidad de la patria, los que impulsan a los CDR, los moderados y los radicales de Euskadi, los que habían desaparecido en Galicia, todos en todas partes, hasta Teruel ha aportado su identidad territorial.

El vendaval nacionalista ha anulado cualquier otra opción, particularmente las que intentaban hablar de lo importante, de los problemas de la gente y, sobre todo, de la destrucción de la naturaleza, que nos conduce a un colapso civilizatorio, lo que ya no es una hipótesis, sino una realidad presente. Más País ha naufragado en este vendaval, aunque hay más razones que explican esto.

El problema principal en España es el territorial, porque, sin solucionarlo, es imposible atender a lo que interesa, formar gobierno. Y la constitución de un gobierno se presenta difícil. El Partido Popular ha cerrado el paso, poniendo sobre la mesa el programa, para destacar las diferencias con el programa del PSOE, y, por si no quedaba claro, exigiendo la dimisión de Pedro Sánchez. Con VOX no se puede contar, no sólo porque se descarten ellos mismos, sino porque no se puede aceptar el mensaje de odio, un mensaje de xenofobia, de homofobia, de machismo, que, junto a las llamas catalanas, le aupado al poder. Los independentistas catalanes tienen también cerrados todos los caminos, mientras no reconozcan el error (o delito) de los días 7 y 8 de septiembre de 2017. Con todos los demás se puede hablar y alcanzar acuerdos, aunque Unidas Podemos, a través de su poderoso líder, ha establecido ya su barrera, la misma que condujo al fracaso en las anteriores elecciones, el condicionante de una coalición antes de negociar cualquier cosa. Preocupa esta actitud, como ya preocupaba en abril, cuando UP cayó desde los 71 hasta los 42 escaños; luego perdió casi todo en municipios y regiones, pero insistió con más fuerza en la condición de la coalición; ahora pierde 7 escaños más, a pesar de lo cerrado que ha sido el apoyo de sus coaligados, y sigue insistiendo en poner condiciones. Mal comienzo, desde mi punto de vista.

La otra cosa que se dilucidaba en estas elecciones era el dictamen sobre la culpabilidad en el fracaso de la legislatura que no llegó a iniciarse. La sentencia de los votantes reparte las culpas entre PSOE y UP, aunque en distinta proporción: al PSOE le han restado tres escaños, conserva el 97,5 por 100; a Unidas Podemos le han restado siete escaños, conserva el 83,3 por 100, es decir, sale peor parado. Quizá una parte de la debacle de Ciudadanos tenga también algo que ver con el bloqueo gubernamental. La discusión acerca de la culpabilidad en el fracaso de la gobernabilidad está cerrada con la sentencia de la ciudadanía: al PSOE le ha correspondido el 2,5 por 100 de la culpa, a UP, el 16,6. Insistir en este debate no es más que perder el tiempo.

El otro aspecto relacionado con estas elecciones, que a mí me interesa, es el estado de la unidad de la izquierda. Alguna cosa se va aclarando, a pesar de la confusión inicial. La primera constatación es que la fórmula de la coalición de izquierdas no sirve, está agotada. Podemos ha cerrado ese camino y la situación ya no tiene vuelta atrás. Ninguna fórmula que no contemple apertura democrática, con primarias en cada circunscripción y con elaboración participada de programas, tiene salida. También se va aclarando otra cosa: la reconstrucción de la izquierda ha de construirse con federalismo territorial. El futuro será una agrupación federal o será irrelevante. Por cierto, esta es también la única salida que veo para la formación de un gobierno en el momento actual, una agrupación federal con todos los que quieran formar parte de ella, sin más condición que el respeto a la Constitución vigente, lo que antes se llamaba un gobierno de concentración.

Marcelino Flórez

Franco, un escalón

La inmensa mayoría de la población española ha celebrado como un triunfo el traslado de los restos de Franco desde Cuelgamuros a Mingorrubio. Celebrémoslo, porque la historia recordará el 24 de octubre de 2019 como el mayor triunfo de la democracia española, después de la Constitución de 1978, un triunfo sobre la dictadura franquista, régimen responsable de crímenes contra la humanidad, como aseveró en su día el Tribunal Supremo. No es el final del camino, pero es el eslabón imprescindible para ir dando fin al franquismo y a sus crímenes.

Sorprende que este hecho, sin duda, histórico haya estado rodeado de un comportamiento insólito entre casi todas las fuerzas políticas y entre ciertos sectores de la sociedad. Dejo a un lado a los troles que inundan las redes y que las han llenado de chistes de mal gusto sobre el dictador. Es una cosa demasiado seria, para entretenerse en chismorreos. Como casi siempre, los troles destilaban odio y eso es incompatible con el sagrado acto democrático que el día 24 se ha realizado. Quede constancia de su rechazo y punto.

Sorprende menos la actitud de las fuerzas de derechas. Entendemos perfectamente que VOX se ofrezca como receptáculo de los restos del franquismo, ya venía ejerciendo como tal desde sus orígenes. Se entiende también la actitud de Ciudadanos, ese actuar siempre enrevesado, que busca distraer la atención con otros elementos, a causa de la vergüenza que les produce expresar sinceramente lo que piensan. Se entiende, en fin, la actitud del Partido Popular, mirando hacia otro lado con el deseo de que sus votantes no tengan muy en cuenta que nunca han condenado al franquismo. Una vez más, la derecha ha perdido la ocasión de homologarse con Europa, es decir, con la democracia. Sigue, por lo tanto, pendiente de refundación.

Sorprende algo más la actitud de los nacionalistas, sean catalanes o vascos. Ver a Esquerra Republicana de Catalunya pedir la comparecencia de la Ministra de Justicia o ver al portavoz del PNV atacar al gobierno por haber convertido la exhumación “en una fiesta de exaltación franquista y en una nueva humillación” nos deja boquiabiertos, porque todos y todas hemos podido ver la dignidad de Dolores Delgado, ejerciendo de notaria de la exhumación desde la distancia institucional que le correspondía o hemos podido ver la soledad de los nietos y biznietos del dictador, imagen ésta que no puede estar más lejos de la exaltación. No todo vale porque estén próximas unas elecciones.

Sorprende en el grado máximo ver a Podemos criticar la exhumación, acusando al gobierno de electoralismo. Este es un error definitivo. Lo primero, porque es mentira; lo segundo, porque muestra la desubicación de Podemos. Demostrar que es mentira la acusación de electoralismo es muy sencillo, basta con recordar la cronología de los hechos: el anuncio del gobierno de su voluntad de exhumar al dictador es del mes de junio de 2018, nada más tomar posesión tras la moción de censura; el 24 de agosto el gobierno modificó la conocida como ley de memoria histórica para hacerlo posible. Fue la familia del dictador y sus aliados quienes boicotearon cuanto pudieron el acto, proponiendo, primero, la inhumación en La Almudena y recurriendo al Tribunal Supremo cuando, el 8 de noviembre de 2018, el Consejo de Ministerios anunció para diciembre la fecha de la exhumación. Ese Consejo volvió a poner fecha en su reunión del 15 de marzo de 2019 para el 10 de junio, justo una vez pasadas las elecciones generales, europeas, autonómicas y municipales. Fue el Tribunal Supremo quien desautorizó aquella fecha hasta que el 24 de septiembre rechazó todos los recursos presentados. Ese día el gobierno anunció que Franco sería exhumado antes comenzar la nueva campaña electoral. Si esto no fuera suficiente para demostrar la falsedad de la acusación, bastaría añadir aquí la relación de bromas que los troles de la izquierda han vertido en las redes, mofándose de los “fracasos” de Pedro Sánchez, para certificar que la acusación de electoralismo no supera el nivel de los troles.

Hay ocasiones que sirven para conocer bien la esencia de los partidos y de las personas. Cataluña es una de ellas; Franco es otra. En los dos casos, se trata de cuestión de Estado y eso significa una cuestión básica, de tratamiento en el largo plazo. Son éstas las ocasiones en las que hay que posicionarse sin matices al lado del gobierno, sea del signo que sea. Ni en el uno, ni en el otro caso, Podemos ha sabido actuar, lo cual es una prueba de que está desnortado, de que la estrategia le ha conducido al abismo, al que se asoma sin arneses. En gran parte, esta desubicación viene causada por la función que cumple el liderazgo, el otro elemento que, junto a la estrategia, entra en el sorteo del 10 de Noviembre.

Dejo a un lado la relación de argumentaciones banales que cierta izquierda viene aduciendo para desvalorizar el significado de la exhumación: que lo tiene que pagar el Estado, que le vuelven a enterrar en dominios del Patrimonio Nacional, que es una vergüenza porque se escucharon gritos fascistas y otras tales. Dejo a un lado esas banalidades y presto atención a la excusa que más se escucha para desvalorizar lo ocurrido el día 24 de septiembre: que las víctimas siguen en las fosas. Esta forma de argumentar, distrayendo la atención del asunto que se trata y derivando a otro hecho, aunque esté cargado de dignidad, cumple la función de restar importancia, desvalorizar y tratar de eliminar la significación del hecho tratado. ¡Claro que las víctimas siguen en las cunetas! Y algunos nombres en las calles y algunos monumentos y todo lo que robaron en manos de los ladrones. ¿Resta esto algún valor a la exhumación de Franco? No sólo no le resta, sino que resalta su importancia, pero utilizarlo argumentalmente con el fin de distraer sólo sirve para desvalorizar lo principal, la exhumación. Primo Levi calificaría a esa forma espuria de razonar como perversión moral. Yo estoy con Primo Levi.

Queriendo evitar que Pedro Sánchez se apuntara un tanto, estos tontos de la izquierda se han aliado con las derechas para restar valor a la exhumación. De esa manera, no sólo reservan el éxito para Pedro Sánchez en exclusiva, sino que ponen de manifiesto su inutilidad política. Y eso es también estrategia. Por eso, afirmo y reafirmo que el 24 de octubre de 2019 es un día histórico para la democracia en España y para las víctimas del franquismo. El peldaño que se subió con la exhumación abre la puerta de las reparaciones. Sólo la ceguera que producen los nervios ha estado a punto de quitarle su valor.

Marcelino Flórez

IU salva a Podemos

La decisión de Izquierda Unida de permanecer en Unidas Podemos sin ninguna alteración del pacto es el acto más importante de la izquierda plural ante las próximas elecciones. Han tomado esa decisión, pero podían haber tomado la contraria. Es más, las circunstancias que rodearon las conversaciones de junio y julio pasados favorecían que IU tomase otra decisión, porque pocas veces una organización tan poderosa ha tenido que sufrir una humillación tan severa, como la que imprimió Podemos durante la investidura.

Como no formo parte de IU, no conozco los razonamientos que condujeron al Consejo Federal a tomar esa decisión. Dudo que fuese una razón asertiva poderosa, más bien serían razones coyunturales relacionadas con la premura del tiempo para pensar en otras alternativas. En cualquier caso, IU ha tomado esa decisión y lo ha hecho con un fuerte sentido de partido, nadie ha podido ver la mínima fricción en ninguna parte, pocas veces hemos podido observar tan perfecta unanimidad.

Con esta decisión, IU ha salvado a Podemos por segunda vez, le ha salvado de la catástrofe a la que inexorablemente le conducía su estrategia, su estructura organizativa, su liderazgo. El cansancio de los inscritos no resistía más y no sé cómo estaría el ánimo de los votantes. De hecho, muchos territorios se habían quedado sin círculos y Podemos era ya irrelevante en buena parte de España. Habrán de ser las bases de Izquierda Unida las que afronten las próximas elecciones con sus recursos humanos. Sin IU, Podemos habría llegado a su fin en noviembre. Por segunda vez, va a ser salvado de su estrategia suicida.

Con esa decisión, IU se ha adherido al futuro de Podemos, quizá de forma definitiva. Aunque la decisión haya sido muy coyuntural, las circunstancias terminarán convirtiéndola en una decisión transcendental. Fuera de Podemos, IU ha dejado de existir; dentro, se halla en una posición poco relevante. Enorme paradoja la que presenta IU en esta ocasión, arriesgarlo todo a una carta, al tiempo que su aportación al juego es imprescindible, poner toda la carne en el asador a cambio de una magra recompensa.

Y era tan importante la decisión, porque está en juego la reorganización de la izquierda plural. La irrupción de Más País no sólo pone en cuestión a los viejos partidos, como había ocurrido con la llegada de Podemos, sino que pone en cuestión a Podemos, su estrategia, su estructura, su liderazgo. Todo esto entra en el lote del 10-N, de ahí que fuese tan importante tomar una decisión al respecto. IU la ha tomado y ha salvado a Podemos, aunque uniéndose indisolublemente a su caminar.

Marcelino Flórez

Diferencias y pluralidad

No parece, en principio, que vayan a existir importantes diferencias programáticas entre Podemos y Más País. Existirán acentos diferentes y alguna cosa menor, nada de importancia. Donde sí se aprecian diferencias desde el principio es en lo relativo a las formas, o sea, el método. Y no sólo es el talante, que va forma parte del carácter de las personas. Así, hemos visto la diferencia de talante entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, lo vimos gráficamente en Las Cortes en 2016 y lo hemos vuelto a ver en los discursos estos días. Pero eso no es lo más importante, lo que atrae mi atención son otros aspectos del método, como los que relacionan la táctica con la estrategia.

Ya sabemos que Podemos tiene su mirada en el asalto a los cielos y a eso supedita todo lo demás. No se explicaría de otra manera la opción cerrada por un gobierno de coalición, negándose a hablar en absoluto de un programa de gobierno, aunque fuese de duración tasada, bien el solo acto de investidura, bien un año de duración a prueba o toda la legislatura con los mecanismos de control que fuese necesario establecer. Es la misma estrategia del sorpasso, que ya vimos en 2016 y que se ha repetido milimétricamente ahora.

Parece que Más País hace suya la estrategia que formulaban algunos grupos del 15-M con aquella consigna de “vamos despacio, porque vamos lejos”. Es la estrategia de la moderación, que en las redes se formula como acusaciones de estar vendidos al PSOE o de ser su maleta electoral, a lo que, en consecuencia, se califica como traición. Digo parece, porque, aunque las propuestas que vimos en la Comunidad de Madrid y la palabras que escuchamos ahora a algunos dirigentes van en esa dirección, no hemos podido comprobar aún la consistencia en la práctica de esa estrategia.

En situación paralela a la relación entre táctica y estrategia se halla la cuestión de la coalición y la confluencia. Está comprobado de forma repetida que Podemos, si no consigue la integración simple bajo sus siglas de otras opciones, exige la fórmula de la coalición para concretar la unidad de la izquierda y siempre una coalición en desigualdad, donde ha de destacar la identidad de Podemos. Esta fórmula acarrea circunstancias como las que pudimos observar en los meses de junio y julio, donde la coalición de Unidas Podemos se vio suplantada en la negociación de investidura por la formación dominante, hasta el punto de llegar a convocar una consulta exclusiva a sus propios inscritos sobre las posturas que debían defenderse. Ellos mismos fueron conscientes del error cometido y trataron de corregirlo en adelante.

Aún es pronto para saber si Más País buscará la convergencia de la pluralidad de la izquierda sin coaliciones, pues la urgencia de los pactos para las elecciones del 10-N no ayuda a conocer adecuadamente ese aspecto del proyecto. Las fórmulas utilizadas tanto con Compromís, como con la Chunta Aragonesista posibilitan caminos de confluencia, pero no lo aseguran. Para que podamos hablar de confluencia y no de coalición tienen que darse algunas condiciones: selección de las candidaturas mediante primarias abiertas en cada circunscripción electoral; construcción participada de los programas electorales, generando debates y compromisos a lo largo y ancho del territorio; garantías de participación para el seguimiento de la acción política y capacidad de control de toda la actividad. Nada de eso ha sido posible en el espacio de un mes y una consulta para refrendar candidaturas no es suficiente prueba.

Hay otro elemento metodológico relacionado con los anteriores, que es la opción por el federalismo o por el centralismo. Podemos ha establecido una estructura rígidamente centralista, cediendo en los aspectos federales sólo mediante el uso de la fórmula de la coalición, como ocurre en Cataluña o en Galicia; en el caso de Adelante Andalucía, el centralismo se ha puesto de manifiesto en toda su extensión. Lo mismo ocurre con la designación de las candidaturas, que se hace desde Madrid. Nada, pues, de federalismo.

Más País, en cambio, sí ha mostrado ya un rostro federal, quizá influido por EQUO, que lleva esa característica en su organización. De hecho, los pactos tanto en el País Valenciá, como en Aragón, dejan plena autonomía a los territorios para designar candidatos y perfilar las identidades territoriales. Es pronto, sin embargo, también en este caso para poder afirmar nada, por estar la organización sin construirse, de modo que sólo se puede hablar de indicios, por el momento. No obstante, algunas diferencias de método sí han comenzado a manifestarse.

Soy de la opinión, y así lo tengo escrito en este blog, de que Más Madrid era mucho más que Carmena, como Más País es mucho más que Errejón, sin que esta opinión reste nada al valor social de los liderazgos. Es pronto para saber cuánto movimiento social y político se halla detrás de Más País, pero es indudable que lo hay; y eso que no todas las organizaciones han podido elegir, por los condicionantes del tiempo escaso. En algunas organizaciones se ha pospuesto el debate, pero la reconstrucción de la izquierda plural inicia, sin duda, un nuevo camino con las elecciones del 10-N y esperemos que pueda disponer de cuatro años para debatir y construir sus estructuras. En la parte más extensa y más vaciada de España nos toca la tarea de observadores ahora mismo. Eso nos da también gran libertad de voto para los que andamos en el espacio de la pluralidad, pero seamos conscientes de que nuestro voto, además de imprescindible, no será neutro con vistas al futuro.

Marcelino Flórez

Comienza el desorden

Equo es un proyecto fracasado. Los afiliados lo sabemos, porque nunca hemos necesitado más dedos que los de las manos para contar a los asistentes a las reuniones y a los inscritos en las listas. La sociedad también lo sabe, porque ha podido ver los apoyos electorales, siempre escasísimos. Seguramente Equo fracasó porque, antes de que se hubiese consolidado, apareció Podemos, que fue un proyecto triunfador desde el primer día. Bueno, algo habrán tenido que ver los medios de comunicación y la propia militancia. No me importan las causas, me importa el hecho: Equo no se ha consolidado como oferta política.

En el caos político que existe desde hace seis u ocho años, Equo ejerció de pegamento entre la izquierda, favoreciendo los pactos de coaliciones electorales. Ha sido una labor meritoria y Equo ha recibido más de lo que ha aportado. De hecho, ha logrado subsistir gracias a las migajas económicas y mediáticas que la coalición ha reportado. Al ponerse en duda las coaliciones existentes con la irrupción de Más Madrid, Equo entra en un desequilibrio demoledor. Pronto lo vamos a ver.

En la fase de coaliciones, las desavenencias internas fueron ya una constante en Equo. Se produjo una ruptura primera en 2016, que se personificó en la división entre Floren Marcellesi y Juantxo López Uralde. En el proceso electoral múltiple de 2019, la ruptura ha sido la norma, ejemplificada de forma perfecta en las elecciones europeas, al querer ir unos con unos y otros con otros, de lo que resultó no ir a ninguna parte. Se salvó Madrid en esa vorágine electoral, donde una amplia mayoría de personas afiliadas de Equo, con los líderes a la cabeza, se insertaron en las listas de Más Madrid y contribuyeron a la creación de este partido, cuyo origen son las confluencias, algo bien distinto de las coaliciones. Ahora son concejales en muchas localidades madrileñas y procuradores en la Comunidad Autónoma. La mayoría de estas personas estaban en la asamblea del domingo 22 e Inés Sabanés, la concejala madrileña, ejerció de portavoz. Ese gesto ha hecho estallar la contradicción.

Juantxo López Uralde ha contestado en los medios con toda premura y dureza a Inés Sabanés. Que si los estatutos no permiten la doble militancia, que si mucha gente está en desacuerdo con Errejón, que si la ejecutiva está a su favor y, por eso, no la expulsan, que no cabe para él más opción que la coalición con Podemos y que “si se toma otra decisión yo no estaré”.

El problema para Juantxo es que en Equo ha habido un referéndum. Cuando Podemos hizo su referéndum, IU y Equo se vieron obligados a hacer lo propio. Al ser una decisión no coordinada, cada partido propuso unas peguntas diferentes. Las de Equo fueron: “votar a la investidura”, “votar en contra de la investidura”, “votar en el mismo sentido que Unidas Podemos”. Sólo participaron 692 personas, cosa que es habitual; y ganó por goleada, el 70 por 100 en números redondos, “votar la investidura”, con 484 votos; quedó en segundo lugar la opción por la unidad con la coalición, 171 votos; y fue insignificante la opción por el no a la investidura, 37 votos. Aunque los resultados eran evidentes y las preguntas clarísimas, el único representante parlamentario de Equo no ha hecho caso de los mismos. Más desorden y más quiebra es imposible encontrar.

En este contexto, irrumpe en la escena Más Madrid, uno de cuyos componentes significativos es el personal de Equo en la región. No sólo están en Más Madrid, sino que ejercen de portavoces. Mientras tanto, Equo tenía convocada una asamblea extraordinaria para los días 26 y 27 de octubre, donde se “renovarán los cargos de la Comisión Ejecutiva Federal y se sentarán las bases de la renovación del partido”. Para la aprobación del reglamento de esta asamblea se ha hecho una consulta, que apenas ha rebasado la cifra de 200 participantes, lo que no deja de ser una muestra del desánimo y el desorden reinante. Yo mismo no me he dado de baja aún, por si hubiese que participar en alguna votación relevante en fechas próximas. Pero todo indica que la “renovación del partido” no va a esperar a la asamblea de octubre, sino que se resolverá en el desorden reinante.

Marcelino Flórez

Preveo desorden

Quedan muy pocos días para continuar con el relato o justificación que cada cual hace de la postura tomada. Desde el martes, 24 de septiembre, no va a importar quién tuvo la culpa, sino cuál es la propuesta. En cuanto a los contenidos, resultará muy difícil establecer diferencias en la izquierda, donde existe un práctico consenso, que se plasmó en un acuerdo de presupuestos. Ese será el programa del PSOE, bien seguro. Podemos tendrá que establecer su diferenciación en la reclamación de un gobierno de coalición, que tanto ha venido a parecerse a aquel ya lejano programa, programa, programa. El empecinamiento de entonces le valió a Julio Anguita que IU pasase de 21 diputados en 1996 a 8 en 2000, a 3 en 2004 y a 1 en 2008. Una lección, en absoluto despreciable. Si el PSOE dice que no va a haber un pacto de gobierno, y ya lo ha dicho, el voto a Podemos se presentaría como totalmente inútil, en el caso de reincidir en la propuesta de un gobierno de coalición. Inútil, claro, para parar a la derecha o para desarrollar un programa de progreso. Seguiría siendo útil, eso sí, para los más fieles a las siglas o al líder. No querría estar, en ningún caso, en la piel de los diseñadores de la campaña de Podemos.

Estos días las redes están incendiadas contra la aparición en escena de Más Madrid. Los insultos forman una gama variada, en la que los más gruesos están en cabeza. Pero se equivocan los que insultan. Más Madrid sólo puede favorecer a la causa de la izquierda en este momento de desafección. Mucha gente que podría quedarse en casa o dirigir su mirada al PSOE encontrará un consuelo en Más Madrid. No sabemos en cuántas provincias se presentará. Recordemos que la provincia es la circunscripción electoral por prescripción constitucional. Parece que será en pocas, pero si Más Madrid fuese ya algo más que Íñigo Errejón y tuviese un movimiento social detrás, tal vez no se presente sólo en Madrid, sino que lo haga también en algunas circunscripciones de las más pobladas, donde el sistema electoral funciona de hecho como proporcional puro.

La salida a escena de Más Madrid, por otra parte, crea un importante dilema dentro de IU y, sobre todo, en EQUO. ¿Van a seguir en la coalición de Unidas Podemos o se van a adherir a Más Madrid? Recordemos que los resultados en las elecciones autonómicas fueron de 7 y 20, respectivamente. ¿Cabrá algún representante de IU en los dos o tres primeros puestos de las listas? EQUO, en mayo, ya optó por Más Madrid. Hasta ahora han cerrado filas en la coalición de Unidas Podemos, pero la presencia de Más Madrid desbarata el argumento de la unidad de la izquierda. Creo yo que no hemos terminado de ver todos los movimientos de las diversas militancias. Y Pablo Iglesias ha humillado mucho a los otros miembros de la coalición durante el reciente proceso de investidura. Nos esperan un par de semanas entretenidas, vaticino.

No es, por lo tanto, en la izquierda, en sus diversas opciones, donde hay un problema. Es en la coalición de Unidas Podemos donde está el problema. Lo primero, hay mucho descontento por la forma como se ha llevado la negociación y por los resultados. A eso se suma la aparición en escena de Más Madrid. De manera que el desorden, al que ya asistimos en las elecciones territoriales de mayo, donde un mismo partido podía ir en tres coaliciones distintas, reaparece ahora multiplicado. ¿No tuvieron esto en cuenta los expertos negociadores o la negociación tenía precisamente el fin de que ese desorden no se llegase a producir, porque lo impidiesen los cortos plazos de los que se disponía hasta las elecciones? Sólo faltaba que ésta fuese la explicación de la votación de julio, como ya escribí en una entrada anterior.

Marcelino Flórez