Comienza el desorden

Equo es un proyecto fracasado. Los afiliados lo sabemos, porque nunca hemos necesitado más dedos que los de las manos para contar a los asistentes a las reuniones y a los inscritos en las listas. La sociedad también lo sabe, porque ha podido ver los apoyos electorales, siempre escasísimos. Seguramente Equo fracasó porque, antes de que se hubiese consolidado, apareció Podemos, que fue un proyecto triunfador desde el primer día. Bueno, algo habrán tenido que ver los medios de comunicación y la propia militancia. No me importan las causas, me importa el hecho: Equo no se ha consolidado como oferta política.

En el caos político que existe desde hace seis u ocho años, Equo ejerció de pegamento entre la izquierda, favoreciendo los pactos de coaliciones electorales. Ha sido una labor meritoria y Equo ha recibido más de lo que ha aportado. De hecho, ha logrado subsistir gracias a las migajas económicas y mediáticas que la coalición ha reportado. Al ponerse en duda las coaliciones existentes con la irrupción de Más Madrid, Equo entra en un desequilibrio demoledor. Pronto lo vamos a ver.

En la fase de coaliciones, las desavenencias internas fueron ya una constante en Equo. Se produjo una ruptura primera en 2016, que se personificó en la división entre Floren Marcellesi y Juantxo López Uralde. En el proceso electoral múltiple de 2019, la ruptura ha sido la norma, ejemplificada de forma perfecta en las elecciones europeas, al querer ir unos con unos y otros con otros, de lo que resultó no ir a ninguna parte. Se salvó Madrid en esa vorágine electoral, donde una amplia mayoría de personas afiliadas de Equo, con los líderes a la cabeza, se insertaron en las listas de Más Madrid y contribuyeron a la creación de este partido, cuyo origen son las confluencias, algo bien distinto de las coaliciones. Ahora son concejales en muchas localidades madrileñas y procuradores en la Comunidad Autónoma. La mayoría de estas personas estaban en la asamblea del domingo 22 e Inés Sabanés, la concejala madrileña, ejerció de portavoz. Ese gesto ha hecho estallar la contradicción.

Juantxo López Uralde ha contestado en los medios con toda premura y dureza a Inés Sabanés. Que si los estatutos no permiten la doble militancia, que si mucha gente está en desacuerdo con Errejón, que si la ejecutiva está a su favor y, por eso, no la expulsan, que no cabe para él más opción que la coalición con Podemos y que “si se toma otra decisión yo no estaré”.

El problema para Juantxo es que en Equo ha habido un referéndum. Cuando Podemos hizo su referéndum, IU y Equo se vieron obligados a hacer lo propio. Al ser una decisión no coordinada, cada partido propuso unas peguntas diferentes. Las de Equo fueron: “votar a la investidura”, “votar en contra de la investidura”, “votar en el mismo sentido que Unidas Podemos”. Sólo participaron 692 personas, cosa que es habitual; y ganó por goleada, el 70 por 100 en números redondos, “votar la investidura”, con 484 votos; quedó en segundo lugar la opción por la unidad con la coalición, 171 votos; y fue insignificante la opción por el no a la investidura, 37 votos. Aunque los resultados eran evidentes y las preguntas clarísimas, el único representante parlamentario de Equo no ha hecho caso de los mismos. Más desorden y más quiebra es imposible encontrar.

En este contexto, irrumpe en la escena Más Madrid, uno de cuyos componentes significativos es el personal de Equo en la región. No sólo están en Más Madrid, sino que ejercen de portavoces. Mientras tanto, Equo tenía convocada una asamblea extraordinaria para los días 26 y 27 de octubre, donde se “renovarán los cargos de la Comisión Ejecutiva Federal y se sentarán las bases de la renovación del partido”. Para la aprobación del reglamento de esta asamblea se ha hecho una consulta, que apenas ha rebasado la cifra de 200 participantes, lo que no deja de ser una muestra del desánimo y el desorden reinante. Yo mismo no me he dado de baja aún, por si hubiese que participar en alguna votación relevante en fechas próximas. Pero todo indica que la “renovación del partido” no va a esperar a la asamblea de octubre, sino que se resolverá en el desorden reinante.

Marcelino Flórez

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