Elecciones: el análisis viene hecho

Ganó el PSOE, aunque en algunos lugares gobernará la derecha. Así va a ser en Madrid, pero también en Murcia, en Castilla y León o en Aragón; y en un buen número de capitales de provincia. Por eso, aunque ganó el PSOE, se salvó el PP. A Ciudadanos no le salen bien las cuentas y VOX parece haber encontrado un techo y eso que la debacle de la izquierda ha impedido cerrarles el paso a muchas instituciones, como ha ocurrido en Valladolid y en Castilla y León. De lo que no cabe duda es que perdió Podemos, perdió en todas partes, perdió en todos los aspectos.

De los resultados del 26-M sólo me interesa el futuro de la izquierda. Hace mucho tiempo escribí que el PSOE recuperaría buena parte del poder. Es lógico por su fuerte estructura orgánica y sus largos decenios de existencia. Le ha llegado el momento y suyo es el gobierno del Estado, el de media España autónoma y el de la mitad de los grandes municipios. Tiene más poder que capacidad para gestionarlo, así que será interesante hacer seguimiento del periodo que comienza.

La otra izquierda, la llamada del cambio, ha llegado a su fin. Podemos ha perdido todo el poder que tenía, Izquierda Unida ha profundizado el foso en el que habita, EQUO se va disolviendo sin necesidad de que nadie le ayude, bastándose a sí mismo para llegar al final. La izquierda del cambio ha desaparecido y ya no valen modificaciones de estrategia, revisiones profundas, ni siquiera la dimisiones que tenían que haber estado sobre la mesa en la noche electoral sirven ya para evitar el final.

La crisis de Podemos, de IU y de EQUO ha arrastrado a las confluencias allí donde las había, pero son éstas las que mejor han resistido. Lo refleja muy bien, por ser una confluencia ya muy consolidada, Toma La Palabra. Ha sufrido una importante rebaja, casi el veinte por ciento de los votos, y ha perdido una de sus cuatro concejalías, o sea, el mismo porcentaje. Pero ha resistido y lo ha hecho en medio de una dificultad extrema: con el aire a favor del PSOE, con un Podemos enemistado y agresivo, con una caterva de siglas y mezclas de los propios partidos confluyentes en TLP, que formaban un laberinto inextricable en la mesa electoral.

Hay que reconstruir la izquierda, pero no sirven los partidos existentes en su seno, sino las experiencias alternativas que se vienen ensayando.

Marcelino Flórez

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