A vueltas con las coaliciones


Victoria Sendón de León escribe hoy (17/12/2018)un artículo en eldiario.es, que titula “¿Por qué la izquierda anda errante?”. Esta tal Victoria es de Podemos y su tesis es que el fracaso electoral en Andalucía se debe a la alianza con IU, que son unos antiguos. Creo que no hay una sola idea o un solo argumento más.

En una cosa estoy de acuerdo con la tal Victoria, en que la unión con Podemos o de Podemos con cualquiera ya no suma y, quizá, ha comenzado a restar. Pero no estoy de acuerdo en la explicación. Es más, pienso lo contrario: la modernidad está del lado de IU claramente. Si quieren hacer la prueba, que vayan solos a las próximas elecciones.

 El cambio político que se manifestó en las plazas el 15M marcó el paso a la democracia deliberativa, la que se construye con consensos, sin imposiciones de mayorías, con razonamientos convincentes, sin órdenes jerarquizadas, con limpieza y transparencia, sin artimañas para situar a los míos. En los espacios en los que me muevo, observo que quien ha entendido eso es IU y quien no lo ha entendido es Podemos, el de Vistalegre II.

Hace cuatro años, mientras nos preparábamos para las elecciones municipales a través de convocatorias abiertas a toda la población, a los partidos políticos, a los movimientos sociales y a la gente común, con la intención de buscar una confluencia, es decir, puntos comunes para avanzar juntos, Podemos, entonces joven,logró abortar el intento en muchos lugares. En Valladolid lo hizo mediante la creación de un partido instrumental, al que denominó Sí se Puede. En Barcelona o en Madrid, donde el equilibrio de fuerzas no se lo permitió, tuvo que transigir con denominaciones comunes y sin las siglas particulares. Cuatro años después, ha vuelto a la carga y ahí hay que entender el conflicto con Carmena y su equipo de Ahora Madrid.

 Podemos no quiere confluencias, quiere coaliciones, porque no quiere colaborar, quiere dirigir los cambios. En las confluencias todos somos iguales y participamos de forma altruísta, sin esperar beneficios personales; en la coalición se juntan dos o más partidos, que hacen sus listas en casa, con la intención exclusiva de obtener más representación política, más poder. Y esa diferencia se nota, comenzando por las denominaciones. La confluencia usa nombres acogedores de las diferencias; la coalición exige que el nombre de cada partido figure con letras grandes, incluso cuando se recurre a nombres genéricos. En la confluencia se manda obedeciendo a la asamblea; en la coalición la jerarquía decide.

 Hay más diferencias entre confluencia y coalición y la gente va aprendiendo a diferenciarlo. En Andalucía se hizo una coalición con dos partidos hegemónicos, que ha dejado en todo momento claro quién mandaba allí. La gente lo ha entendido perfectamente y ha optado por quedarse en casa. Lo viejo aquí no era IU, era el método, la forma, la coalición.

 Cuando alguien está empeñado en que su nombre figure en la papeleta, es porque está pensando en coaliciones, no en confluencias. En esos casos, hay que se muy respetuosos y dejar que los nombres propios vayan solos o junto a una sopa de letras, pero sin engañar a nadie. Los partidarios de la deliberación en asambleas nos quedaremos en casa, aunque nos estalle la conciencia, como en Andalucía.

Marcelino Flórez

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