Soterramientos

Sólo los ecologistas más radicales se opusieron siempre al soterramiento del ferrocarril en Valladolid, a causa, en términos generales, del carácter especulativo que caracterizó al proyecto o Plan Rogers. A todos los demás, incluyendo a los ecologistas moderados, nos subyugó la idea de ocultar el ferrocarril en Valladolid, sin reparar en los costes y en otros elementos. La Sociedad Valladolid Alta Velocidad , quince años después de constituirse, no sólo no ha soterrado el ferrocarril, sino que ha generado 400 millones de deuda.

Después de muchas vueltas, el Ministerio de Fomento asumirá la deuda y Adif, con el Ayuntamiento y con la Junta, abandonarán la idea de soterramiento y optarán por permeabilizar la ciudad a ambos lados de la vía del tren con 17 actuaciones, que incluirán 25 pasos, de manera que la distancia máxima entre ellos no supere los 300 metros. Un carril bici y un paseo peatonal recorrerán, además, todo el largo de las vías, comunicándose con cada uno de los pasos. También se integrará la Estación de Autobuses, soterrada junto a la del ferrocarril. Todo esto no costará miles de millones, sino que el Ayuntamiento tendrá que gastar 78,19 millones en siete años, bastante menos que la deuda anteriormente contraída.

Quizá falte una explicación detallada del nuevo proyecto, especialmente en los barrios y, sobre todo, en los más afectados. Pero yo entiendo perfectamente el cambio que se ha adoptado. Lo entiendo y, a medida que lo veo y lo repaso, me gusta más y más. Entiendo también que no le guste al Partido Popular de Valladolid, por el mal lugar en el que queda, pero no logro comprender la oposición de algunos sectores sociales a la Integración en Superficie del Ferrocarril. Bien está que se siga luchando por un corredor de ferrocarril convencional entre Palencia y Medina del Campo, pero que se califique de especulativo al nuevo proyecto, creo que es coger el rábano por las hojas con tal de marcar alguna oposición al equipo de gobierno.

Por mi parte, agradezco mucho tener un concejal como Manuel Saravia y un equipo de arquitectos y urbanistas como el que está diseñando el nuevo Valladolid, de rostro amable. Es un regalo a todas luces inmerecido, si miramos alrededor.

Marcelino Flórez

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