Están frenéticos

Los agresivos editoriales de El País contra la coalición de ‘Unidos Podemos’ son prueba del nerviosismo que recorre a la derecha española. El bipartidismo ya ha sido sepultado y los dos partidos han entrado en periodo de recomposición. Los socialistas, que podían haber resistido con facilidad, se han empeñado en autodestruirse por medio de barones miopes y de jarrones chinos recolocados en los estrechos pasillos de la casa familiar. Los populares esperan a perder el poder para resquebrajarse con un cántaro al rozar con la piedra de la realidad.

Asombra ver a Pedro Sánchez ejerciendo la mendicidad casa por casa y, más aún, a Rajoy disfrazado un día de charcutero y al día siguiente de vendedor de pescado. Me darían pena, si no conservase la memoria de aquel pacto, impuesto por la baronía, con ‘Ciudadanos’ y de los últimos cuatro años, devenidos en cinco, de gobierno autoritario, que disputaba la primacía entre la ineptitud y la soberbia que humilla a los débiles. Pero conservo la memoria. No hay olvido.

Como el impulso social es tan fuerte y espontáneo, recurren a todos los trucos antiguos para conjurarlo. En el principio fue Venezuela, pero este recurso se va desgastando, porque da poco miedo a la gente. Ahora han regresado al comunismo y es un argumento tan viejo y tan franquista, que hasta se vuelve en contra. Cada vez que veo a los autoritarios y a sus marionetas recurrir al comunismo, me devuelven la memoria del Partido Comunista de España luchando como nadie contra la dictadura y a favor de las libertades. No sólo no me aterra, sino que me reconcilia con aquellas ideas y personas, que tanto se deterioraron cuando alcanzamos la democracia. Siento, entonces, que el viento del cambio sopla implacable.

Mientras tanto, los agredidos sonríen y se abrazan con la gente. Dan por descontados los insultos, que se van desgastando por repetitivos, y comienzan a desgranar propuestas: ya no asusta hablar de un pacto para hacer un referéndum en Cataluña, donde solicitar el sí a un solo Estado para España; no da miedo hablar de una renta mínima garantizada para toda la gente; y es un orgullo poder proponer a los votantes la opción por un nuevo modelo energético; o la negociación con Europa de un pago pausado para la deuda generada por Rajoy; o la devolución a la ciudadanía de los servicios sociales y de las libertades, después de tantos recortes y de tanta ley mordaza.

Tienen miedo, porque ya no dan miedo. No es extraño que unos sonrían y otros estén frenéticos.

Marcelino Flórez

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