5. Propaganda

El Partido Popular intenta ocultar la realidad a través de la propaganda, para lo cual cuenta con muchos recursos propios y y con la ayuda incondicional de los dueños del capital, que disponen de un práctico monopolio mediático. Con una prensa levemente libre, ese añorado cuarto poder, no hubiera podido ocurrir todo lo que ha ocurrido en el régimen de la Transición.

La propaganda está diseñada por técnicos y no duda en recurrir a métodos goebbelianos de repetir una mentira innumerables veces hasta hacerla parecer una verdad. El ejemplo perfecto de esto fue la atribución del atentado del 11-M a ETA, mentira que nunca han reconocido públicamente los impulsores, ni siquiera después de una sentencia judicial, y que algunos clientes, entre los cuales se incluye alguna asociación de víctimas, siguen utilizando.

En el final de la anterior legislatura, cuando irrumpió la crisis económica, la propaganda se centró machaconamente en achacar la crisis a Zapatero. La “culpa” de Zapatero fue un martillo pilón, que horadó nuestros tímpanos hasta perforarlos. Tomado el poder, la “culpa” se transformó en “herencia de Zapatero” y el mantra le ha servido al PP durante años. Cuatro años después, sin embargo, y habiendo dicho que bastaba con cambiar a Zapatero por Rajoy para terminar con la crisis, el argumento se va desbaratando.

El nuevo mantra es el de la “recuperación económica” y a él se aferra como a un clavo ardiendo todo el partido. Desde hace unos meses, no hay argumentario que no se construya en torno a la “recuperación económica”. Aparentemente, hay datos que pueden avalarlo: la mejora del PIB o el incremento de los beneficios empresariales, aunque no se explique la determinación en ambos casos de las políticas del Banco Central Europeo. Pero no hacen falta explicaciones, porque la machacona repetición del eslogan no pretende trasmitir una noticia, que podría aumentar el optimismo de la población, sino que busca ocultar con esa noticia todo lo demás: el neofranquismo, la crispación, la corrupción, el clientelismo, el disenso; y busca, sobre todo, convencer de que el fin justifica los medios, de modo que hay que olvidarse del sufrimiento padecido. En esto consiste la propaganda, en ocultar la realidad.

El problema es que la recuperación no llega a la mayoría social: el paro sigue siendo el primer problema español para la opinión pública, la pequeña empresa sigue quebrando una tras otra, los desahucios continúan, los salarios han caído hasta convertir en pobres a las personas con contrato, las listas de espera en la sanidad siguen aumentando, la vida cotidiana, en fin, continúa aniquilada por la crisis. Y Zapatero ya no es suficiente para tapar las vergüenzas del gobierno. Veremos de lo que es capaz la propaganda en esta difícil situación.

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