Un alivio, pero escaso

Hay dos ganadores en las elecciones del 28 de abril, el PSOE y C’s; y dos perdedores, PP y UP. Victorias y derrotas lo son en distinto grado y, por eso, admiten lecturas en diferentes perspectivas.

En lo coyuntural e inmediato, la mayoría social respira aliviada, porque ha cortado el paso a una extrema derecha, que se anunciaba peligrosa, “sin complejos”. Las conquistas sociales no desaparecerán y podrán incrementarse en algunos aspectos. A medio plazo, este resultado electoral influirá en las elecciones de mayo, favoreciendo especialmente al PSOE y contribuyendo a demoler al PP. Por lo demás, pocos cambios pueden esperarse. Y, con toda probabilidad, el PSOE formará un gobierno con independientes y apoyos amplios del Parlamento para un programa común, pero nada de coaliciones.

A largo plazo, el resultado de estas elecciones anuncia mayores consecuencias. La consolidación de la renovación del PSOE hará silenciar definitivamente a sus “barones”, que tanto daño vienen haciendo a la socialdemocracia española. Pero, sobre todo, se anuncia un largo proceso de renovación en la derecha, ahora definitivamente diferenciada. Habrá que ver si, con el franquismo ya fuera de su seno, el PP es capaz de subsistir. Los efectos de la corrupción, que irán cayendo gota a gota de los tribunales, tal vez lo hagan desaparecer. Más aún, teniendo, como tiene, sustitutos, tanto para el nacionalcatolicismo, como para el liberalismo económico.

Más dudoso es el futuro de Unidas Podemos. La quiebra electoral ha sido tan notable, como anunciada. De poco ha servido la rectificación subliminal de Pablo Iglesias, con su moderado aire profesoral, contrapuesto a la cal viva que le sigue abrasando. El anuncio, que ha repetido ya dos veces, de una próxima sustitución de su puesto por una mujer quizá pueda encarrilar algo a ese sector de la izquierda. Aunque el asunto aquí no es sólo de personas, sino de proyecto. Sin apertura democrática, la construcción de la izquierda no tiene futuro. O cesan los autoritarismos de las ejecutivas y se da la voz a las bases territoriales o veremos retroceder los apoyos sociales inexorablemente.

Hay otro asunto oculto, que sólo ha podido ser observado desde el interior, en estas elecciones: la ruptura de EQUO. El partido ecologista, que nunca logró ocupar un puesto relevante en el panorama político, es ahora una entelequia. El escaño de Juanxo López Uralde no será suficiente para reparar el último desgarro en su seno. La vía del ecologismo tendrá que buscar otros caminos y eso será en la refundación general que reclama toda la izquierda.

Marcelino Flórez

Votar y no votar

Auguro que va a ir más gente a votar que otras veces. Tengo una prueba. Muchas irán o iremos con la nariz tapada, como hemos hecho tantas veces, pero iremos. Esta vez hay una o dos causas de orden superior. La primera, demostrar al trifachito que ése no es el camino, que la vuelta de tuerca extrema que la alianza andaluza acaba de introducir tiene que ser detenida. Más que nunca, no pasarán. Y eso con un simple voto, sin pistolas.

La otra causa sólo nos afecta a un sector de votantes. Es el asunto de la confluencia. Aquí las cosas no pueden estar peor, pero eso no nos va a dejar en casa. Nos taparemos la nariz, cerraremos lo ojos, pero votaremos, sea a un lado o a otro, votaremos. Cualquiera de los dos que reciba el voto tiene que saber que es prestado y que los préstamos, si no se resarcen, no se repiten. Ambos lo tienen fácil ahora, basta con no meter más la pata en estos próximos quince días. Les ayuda también el rebuzno constante de las tres derechas, que ya es atronador. Y cuando pasen las elecciones, hablamos.

La prueba que decía se la debo a Kaosenlared. El 6 de abril de 2019 publicó un artículo, que firmaba Manuel I. Cabezas González, titulado Si votas el 28A, no te quejes después. El artículo es una invitación a la abstención sin ningún argumento consistente. Pues bien, la red se llenó inmediatamente de comentarios, casi todos contrarios al artículo. Tanto es así, que los de KAOS se han visto obligados a salir reiteradamente al paso, recordando que “es la opinión del autor, no es un artículo editorial de KAOS. Podéis borraros de donde queráis, pero hay libertad de expresión y respetamos las diferentes opiniones de quienes escriben en KAOS”. Queda expuesta la prueba.

Sigo teniendo algún amigo en Facebook que insiste en proponer la abstención. La falta de solidez de una propuesta así se demuestra si, quien la propone, no se retira del uso y disfrute de cuantos servicios ofrece la sociedad en la que vive. Es decir, si uno continúa usando las carreteras, cobrando las pensiones, acudiendo al médico y propone no votar, o no ha entendido nada o es un sinvergüenza. No digamos si quien lo propone es mujer o es familiar de desaparecidos por el franquismo o simplemente un obrero.

En el caso de que se trate de sinvergüenzas, no tengo nada que decir. Pero si se trata de desconocimiento, haré un esfuerzo más. Votar y no votar son un mismo acto político, la respuesta a una misma situación (salvo para los que viven enteramente fuera del sistema, repito. Eso sí, que después no vengan a pedir sal o a solicitar compañía). Estamos tan entreverados por el apoliticismo de la Dictadura, que cuesta trabajo hacer entender esto. Observad: si no voy a votar, facilito que con pocos votos los aliados de VOX obtengan mucha representación. Eso no ocurriría si yo y los míos votásemos, pues entonces habría que repartir los escaños entre más gente. Es muy sencillo, es como si tenemos diez caramelos y acuden cinco a recogerlos, tocan a dos cada uno. Pero si acuden ocho, tres se quedan con un solo caramelo. Con los escaños pasa lo mismo. Mirad qué bien lo han aprendido en Andalucía: unos no fueron a votar y otros se llevaron el gato al agua.

Hay otros que no van a votar, porque están fuera del sistema, pero no por ácratas, sino por pobres. El día 6 de abril lo contaba El País: los de La Cañada Real de Madrid, los de Las Tres Mil Viviendas de Sevilla, los de Los Asperones de Málaga, los de La Mina de Sant Adrià de Besòs, los de El Puche de Almería, los de Las Mil Viviendas de Alicante, más del setenta por ciento en todos esos lugares no acuden a votar. Ni siquiera saben cuándo hay elecciones. Y la mitad son mujeres; todos asalariados, cuando hay trabajo; muchos, familiares de desaparecidos; enferman con frecuencia; casi no conocen la escuela. Son los que van a sufrir las políticas de VOX y sus aliados. Por eso, amigos abstencionistas, si la razón no os convence para ir a votar, hacedlo al menos por solidaridad con los pobres.

Marcelino Flórez

López Obrador y el 12 de octubre

El presidente de México ha enviado sendas cartas al Rey de España y al Papa de Roma solicitándoles que pidan perdón “a los pueblos originarios por las violaciones a lo que ahora se conoce como derechos humanos”, según ha comunicado públicamente. Y ha añadido: “Es el tiempo de decir vamos a reconciliarnos, pero primero pedimos perdón”. No se ha quedado ahí, ha reconocido también la culpa de los propios mexicanos: “Yo lo voy a hacer también porque después de la Colonia hubo mucha represión a los pueblos originarios”.

Es difícil estar en desacuerdo con las palabras de López Obrador, pero la derecha extrema ha salido en bloque nuevamente a descalificar al presidente mexicano, dando muestras de muy poco conocimiento y de un almacén inacabable de odio. Ni una palabra para ellos y para su adlátere, Pérez Reverte.

Tampoco hay que contestar al gobierno, que cumple su función diciendo que “la llegada, hace 500 años, de los españoles a las actuales tierras americanas no puede juzgarse a la luz de consideraciones contemporáneas”. De acuerdo.

Pero vayamos al asunto del fondo. La conquista y la colonización castellanas fueron muy crueles, se explotó hasta el límite el trabajo indígena con el fin de enriquecerse y los pueblos originarios quedaron marginados para siempre. Es cierto que el Consejo de Indias y los reyes españoles legislaron a favor de los indígenas, tratando de aliviar los tratos más crueles. Ningún eximente, sin embargo, podemos aducir en favor del trato recibido por los negros. Para ellos reservó la Colonia el último lugar, incluyendo su caza y la esclavitud. Es cierto también que, cuando sobrevino la independencia, los pueblos originarios se situaron a menudo en el lado de los reyes de España y no de los criollos independentistas. Pero eso no resta nada a lo que hoy sería considerado un crimen contra la humanidad y, sobre todo, no resta nada a sus consecuencias, esas sí, duraderas. Los pueblos originarios de América, los afrodescendientes y todos sus mestizajes siguen siendo hoy los últimos y eso tiene su origen en la Colonia. Pedir perdón no es más que reconocer a las víctimas como víctimas, aunque ello obligue a poner medios para remediar la injusticia que permanece. Nada distinto, por otra parte, de lo que vienen haciendo las asociaciones de cooperación y el propio Estado desde hace algún tiempo.

¿Por qué, entonces, tanto escándalo con las palabras moderadas y plausibles del presidente mexicano? No hay otra explicación que la pervivencia de la ideología colonial en buena parte de la sociedad española, como demuestra día tras día la trinidad extrema de la derecha y sus apoyos sociales, que no es sólo el innombrable escritor de novelas coloniales, sino el propio gobierno socialista, cuando sigue celebrando la conquista cada 12 de octubre. Mantener esa fecha como Fiesta Nacional no sólo es el gran error de la democracia actual, sino la prueba de que el sentido colonizador pervive y eso explica el enfado del nacionalismo español. Bienvenidas sean, pues, las palabras de López Obrador, tan necesarias como liberadoras. Y bienvenida la actitud del Papa, que reconoció aquella barbaridad y pidió perdón hace bien poco tiempo.

Marcelino Flórez

Valladolid, en confluencia

Hay palabras que cuesta más explicar que otras. Una de ellas es confluencia. Llevamos cinco años practicándola en Valladolid y todavía algunos medios de comunicación no lo han entendido. Estos días podéis haber escuchado o leído que IU celebraba elecciones primarias, cuando quien las celebraba era VTLP, donde también está IU, pero que no es IU, sino una confluencia de partidos y movimientos sociales.

¿En qué consiste esa confluencia? Primero, en aceptar no presentar listas electorales propias por parte de los partidos confluyentes. Segundo, en animar a sus seguidores a inscribirse en VTLP. Tercero, en participar en la asamblea para dotarse de normas de comportamiento o código ético y de un programa electoral, así como para elegir a sus representantes mediante elecciones primarias abiertas.

La asamblea resultante de la confluencia no representa a nadie, ni depende de nadie; es autónoma y practica una democracia transparente e inclusiva, por lo que se busca siempre el consenso y no la imposición de mayorías. Tiene que haber, claro está, un acuerdo mínimo de partida, que se concreta en el Código Ético y en los programas electorales. Esa es toda la ideología. Las particularidades se ejercen en los partidos y movimientos de los que proceden las personas y a los que todo el mundo respeta.

VTLP se inició en el verano de 2014 con la intención de aglutinar a las personas ubicadas políticamente a la izquierda, de manera que se ofreciese a la ciudadanía una única opción más allá del PSOE. Se consiguió esa unificación con la sola excepción de Podemos, que creó un partido funcional, Sí Se Puede, con el que obtuvo tres concejalías a pesar de tratarse de personas poco conocidas y poco integradas en el movimiento social.

En septiembre de 2018, VTLP ofreció nuevamente a Podemos confluir en esta Plataforma y comenzó a esperar una respuesta, que se retrasaba constantemente. El 8 de noviembre se celebró una reunión, urgida por VTLP. Otras reuniones, siempre urgidas por VTLP, se repitieron los días 22 de noviembre, 4 y 19 de diciembre. En esas reuniones se invitó a Podemos a participar en el proyecto Valladolid-2030, que se venía desarrollando para comenzar a redactar participadamente un programa electoral. La invitación, acordada verbalmente, se cursó formalmente por escrito. Pero nadie asistió al Valladolid-2030. El día 19 Podemos propuso un calendario, en el que se fijaba una primera asamblea conjunta para el día 2 de febrero, con la decisión de confluir ya tomada y aprobada por las respectivas asambleas. VTLP aportó, por su parte, tres documentos en borrador, para ir iniciando tareas y ante la urgencia de los plazos con vistas a las elecciones municipales. Los documentos eran un reglamento de primarias, un código ético y una propuesta específica de confluencia.

El día 24 de enero, viendo que no había ninguna respuesta y que se acercaban las fechas para tomar decisiones, VTLP urgió una nueva reunión, en la que Podemos dijo que no estaba en condiciones de cumplir su propio calendario. Finalmente, hemos sabido por la prensa que el Consejo Ciudadano (en la fotografía oficial aparecen ocho personas en círculo cerrado y dos sillas vacías dentro del círculo) había decidido por unanimidad no confluir con VTLP. Eso fue el 15 de marzo, pero seis días antes se había celebrado una asamblea local o provincial, a la que no se le dio la oportunidad de emitir su voto sobre esta cuestión, después de que “dos tercios” de ella se manifestasen partidarios de la confluencia, como me han asegurado dos personas diferentes, de las 27 que estuvieron presentes. El tercio que no estaba de acuerdo es el que aparece en la fotografía oficial. Relato esta crónica pormenorizada, porque nadie ha podido seguir el proceso a causa de la manipulación informativa de que ha sido objeto.

Una decisión de ese tipo necesita ser justificada ante la sociedad. Tres “razones” aduce Podemos para tomar esa decisión; dos de tipo programático: el soterramiento y la ley mordaza; y una referida al nombre de la confluencia, donde la sigla Podemos debería figurar en las papeletas.

Hay que afirmar que las razones no son tales, sino que se trata de excusas, pues nunca se ha llegado a hablar en las reuniones de esos asuntos, aunque hayan podido ser mencionados en alguna ocasión, y lo que figura en la propuesta escrita de acuerdo, cuyo borrador VTLP entregó, es lo siguiente en cuanto al programa:

PROGRAMA ELECTORAL PARTICIPATIVO

Se promoverá un proceso de debate abierto a la ciudadanía, a partir de un borrador redactado por una comisión programática. Esta tendrá en cuenta las conclusiones del proceso Valladolid 2030, así como el balance de la experiencia de gobierno, tanto para planificar el desarrollo de los proyectos iniciados en el actual mandato, como para abordar aquellas cuestiones que no se hayan acometido en estos años.

Los partidos políticos, así como cualquier otro grupo organizado que lo desee, podrán realizar sus aportaciones colectivas al proceso de debate del programa.

La comisión que redacte el borrador propondrá una metodología que permita la presentación de enmiendas, la construcción de consensos y, en último caso, la resolución democrática de los disensos. No obstante, se garantizará una reflexión suficiente sobre aquellos asuntos en los que mayor debate se suscite, dedicándoles mayor tiempo y una metodología particular si fuera necesario. En todo caso, la decisión final sobre el contenido parcial y global del programa, corresponderá a la asamblea abierta”.

Que se trata de una excusa necesita pocas pruebas, después de la crónica que hemos hecho y del texto de acuerdo programático, donde no hay un solo obstáculo para tratar cualquier tema, pero tenemos un argumento más. En la explicación de su decisión de no confluir, tal y como la expresaba lo que parece ser el órgano oficial de comunicación de Podemos, dice: “para Podemos significaba más una integración que un proceso de confluencia”. Pues claro. ¿Es que, acaso, confluir no es integrarse? ¿Cuando un río confluye con otro, acaso no se integran? ¿Y cuando los ríos confluyen en el mar, acaso no se integran?

No son los medios de comunicación los únicos que no han entendido lo que significa confluencia. Podemos tampoco lo entendió en 2014 ni en 2019. Siguen pensando en coaliciones, en decisiones desde los despachos con un par de personas u ocho como mucho. La asamblea, abierta, libre, les produce pavor. Pero en VTLP quien manda es la asamblea y lleva ya cinco años demostrándolo.

Marcelino Flórez

Los símbolos y sus significados.

La vuELta.

El error del cartel, que sólo un enemigo pudo idear, más que por rezumar machismo, que también, lo es por la imagen de hiperliderazgo que propone. Queda muy claro que nada está por encima del líder. Ni siquiera las siglas, cosa increíble en este caso, donde tanto se idolatran, a pesar de sus pocos años, tienen primacía. Mucho menos lo tendrá el movimiento social o, incluso, las bases populares adscritas a las siglas. El cartel sería sólo un error, si no fuese un símbolo.

Porque lo malo es la concordancia del cartel con las políticas, invariables desde aquel indeleble 2 de marzo, que la moción de censura no ha logrado borrar. Esas políticas son la opción por las coaliciones frente a las confluencias, la designación de candidaturas frente a primarias abiertas, la exclusión del movimiento social y político frente a la apertura a la pluralidad. Ahora podemos afirmar con el profesor Cotarelo, maestro de nuestro líderes supremos, que “Podemos es lo peor que ha pasado a la izquierda española desde 1975”. Lo dijo en su blog, Palinuro, el día 27 de junio de 1916, y todos los pasos seguidos, incluído el cartel del vuELve, lo confirman. Hemos perdido una oportunidad y hay que ponerse a pensar en reconstruir desde la pérdida.

Ya nos ocurrió algo parecido en 1982, cuando las elecciones sepultaron al PCE, al tiempo que derribaban a la derecha del poder con un voto masivo, aunque prestado, al PSOE. Nos volvió a ocurrir con Izquierda Unida a causa de la estrategia de las dos orillas, practicada entre 1993 y 1996 con la táctica de la pinza, que protagonizó Anguita, hermanándose con Aznar. Y se vuelve a repetir con Podemos, incapaz de entender lo que significa confluencia y de lo que es la pluralidad, incapacidad que se rematará poblando de cuneros las cabeceras de las listas electorales en todas las provincias. Por muchas razones, el 28 de abril tiene un espejo en el 28 de octubre de 1982, cuando el PCE quedó reducido a cuatro escaños, y en el 9 de marzo de 2008, cuando Izquierda Unida se quedó con sólo dos escaños, culminando la decadencia que comenzó en la estrategia de 1993.

Sabemos también que la historia no se repite y que el 28 de abril tiene muchas diferencias con sus espejos, salvo en una cosa: ahora como antes, los votantes naturales de la izquierda están desanimados a la vez que temerosos de la derecha, que ya sólo es extrema. La duda es si irán a votar y la batalla es la batalla del voto, que sólo se ganará si se sabe señalar bien al enemigo y se deja abierto algún espacio que ampare el desaliento. Esto, el 28 de abril, porque lo que traerá mayo será bien diferente. Para entonces contarán menos esos líderes.

Marcelino Flórez

La abstención sí cuenta; el voto en blanco, también

Hay mucha gente que no entiende bien cómo se hace el reparto de escaños en el sistema electoral español. Es posible que haya oído hablar de la Ley D’Hont, pero la mayoría de la gente no sabe en qué consiste ese método de recuento del voto. Se trata de una forma proporcional de repartir los escaños, que consiste en dividir sucesivamente el número de votos obtenidos por tantas unidades como escaños existan; es decir, se va dividiendo por uno, por dos, por tres y así hasta agotar el número de escaños. Lo que cuenta para el reparto no es el número de votos emitidos, ni el número de votantes posibles, sino el número de votos recibidos y el número de escaños a repartir.

Supongamos que en un distrito electoral se presentan cinco partidos y hay que repartir ocho escaños. El partido más votado recibe 310 votos; el segundo, 222; el tercero, 212; el cuarto, 154; y el quinto, 102. Después de hacer las correspondientes divisiones, se van asignado los ocho escaños a los cocientes más altos y resulta que el primero consigue tres escaños; el segundo, dos; el tercero, otros dos; el cuarto, uno; y el quinto, ninguno. En este caso, el primero se llamaba PSOE y el quinto VOX.

Supongamos que la izquierda está muy enfadada y deja de ir a votar en gran número en ese mismo distrito electoral, en torno a un veinte por ciento de esos votantes se quedan en casa y algunos echan la papeleta en blanco o rota o pintarrajeada. Ese día, el partido más votado recibe 242 votos; el segundo, 180; el tercero, 170; el cuarto, 140; y el quinto volvió a recibir 102 votos. El reparto de escaños da el siguiente resultado: dos para el primero; dos para el segundo; dos para el tercero; uno para el cuarto; y uno para el quinto. Aunque todos perdieron votos, menos el último, el resultado fue bien distinto. El PSOE se quedó con un escaño menos y VOX ganó ese escaño sin tener que aumentar un solo voto. ¿A quién tiene que dar las gracias VOX por esta ayudita? Sí, sí, a los abstencionistas de la izquierda, a los del voto en blanco y a los del voto nulo. Algo parecido acaba de ocurrir entre nosotros hace poco tiempo.

La abstención cuenta exactamente lo mismo que el voto válido, es el mismo acto político y tiene las mismas consecuencias, como se ve en el ejemplo anterior o como se vio en Andalucía el 2 de diciembre de 2018. Tengo algún amigo en Facebook que se proclama anarquista y anima a que la gente no vote. Tendré que seguir siendo su amigo, pero él y yo tenemos que saber que vivimos en lados distintos de la frontera. Y él, yo, en este caso, no, tendrá que reconocer que su abstención y mi voto son decisiones políticas de idéntico valor y de idénticas consecuencias. Eso sí, que no me invite después a ir a la manifestación, si los que ganaron las elecciones gracias a su abstención nos congelan las pensiones. Lo que me fastidia es que también me la congelan a mí, no sólo a él.

La ingenuidad acerca del significado de la abstención, igual que la rabia y el despecho que conduce a pintarrajear la papeleta vienen de lejos. Durante la Segunda República fue un tema recurrente y de notables consecuencias. En noviembre de 1933 algunos pidieron la abstención y la derecha alcanzó el poder. Luego echaron la culpa a las mujeres, que votaban por primera vez. En febrero de 1936 esos mismos animaron a votar al Frente Popular, principalmente para poder sacar a los miles de presos suyos que estaban en la cárcel. El voto pudo mucho más que todas las manifestaciones y huelgas generales, pudo más, incluso, que la revolución y los presos salieron a la calle. Fijaros si pudo, que las derechas financiaron y unos cuantos militares, estos sí que eran felones, organizaron un golpe militar y previeron una guerra, para la cual se pertrecharon de armas con antelación, además de apropiarse de las que custodiaban de todo el pueblo.

Asombra que haya gente en nuestros días que continúe animando a la abstención. Asombra mucho más que lo haga en nombre de la lucha de la clase obrera. Entiendo que alguna gente es tan buena, tan lista y tan pura, que es muy difícil que encuentre a alguien de su categoría a quien poder votar. Pero lo que no entiendo es que esa gente no sea consciente del significado de su decisión de votar o no votar. Y lo que hay que exigir a estos abstencionistas por razones ideológicas o estratégicas es que lleven sus decisiones hasta el final, que prescindan de una vez de los servicios que ofrece la sociedad organizada, que pasen a la condición de sin papeles y construyan su propio mundo, alejado de villas y ciudades, de ferrocarriles y de carreteras, que renuncien, por supuesto, a las pensiones de la sociedad solidaria, como se atreven a hacer unos pocos valientes, que verdaderamente creen en ello.

Vivir entre la gente y abstenerse en las elecciones es legítimo, pero es una decisión equivocada, que no se puede justificar en nombre del anarquismo, porque es el mismo acto que votar y acarrea las mismas consecuencias. La abstención puede manifestar descontento, desconfianza, malestar, pero no puede fundamentarse en principios doctrinales. Es cierto que los partidos políticos existentes tendrán que analizar por qué producen rechazo o desconfianza. Ese es otro asunto y tampoco justifica la abstención, porque la gente molesta siempre puede crear su propio partido y convencer a mucha otra gente, hasta conseguir el triunfo electoral. De hecho, algo parecido viene ocurriendo en los últimos años en España.

Recuerdo en alguno de los últimos procesos electorales haber participado en alguna discusión con gente amiga y bien formada sobre el significado o la importancia del voto en blanco. Hay quien pretende buscarle un significado más allá de la manifestación de un descontento. Como bien se ve, estas discusiones reflejan la necesidad de una educación política, pero yo estoy ya jubilado y cansado de dar lecciones. Eso sí, no consiento que nadie pueda pensar que su abstención es distinta de mi voto y que no produce los mismos efectos sobre mi pensión de jubilación.

Marcelino Flórez

Madrid es un modelo político

Pablo Iglesias está gestionando la crisis con Más Madrid a su estilo, incluyendo en ese estilo el insulto, el circunloquio, la metáfora y cuantas figuras literarias sirvan para decir lo que se desea, sin que lo parezca.

Decir, por ejemplo, “Íñigo, a pesar de todo, no es un traidor” significa introducir la idea de traidor en el debate. Como cuando decimos retóricamente “no voy a afirmar que el suyo sea un partido corrupto, pero ahí esta la Gürtel y cien casos más”, lo hacemos para recordar la corrupción. Pablo Iglesias utiliza figuras literarias, Echenique o Monedero son directos, insultan y se lavan las manos. Pero esto no es más que un velo que oculta lo que importa.

La decisión que ha tomado el Consejo Ciudadano de elegir primero una candidatura para la Comunidad de Madrid y negociar después con Más Madrid responde a la opción por buscar una coalición y no una confluencia. Del mismo modo, el empeño en afirmar que Errejón y Carmena han creado un nuevo partido, además de manifestar un deseo de diferenciación y aun de exclusión, tiene igualmente la voluntad de negar el principio de la confluencia. Cada paso va en la misma dirección y, de ahí, el empeño en que el nombre “Podemos” figure en papeletas, carteles y cada acto público que pueda celebrarse. El partido es la prioridad y su control ha de ser férreo. Hasta aquí, todo igual que en 2015. La única diferencia es que entonces el enemigo era Izquierda Unida y ahora se llama Errejón.

Bueno, hay otra diferencia. En 2015 Podemos estaba en la cresta de la ola y ahora se ve arrastrado por la arena de la playa. Los resultados de Andalucía, que confirman la tendencia imparable hacia la irrelevancia, ya no se pueden excusar con echar la culpa a los socios.

Por eso, Podemos lo tiene ahora más difícil. Ya no manda en los procesos de confluencia y, ni siquiera, en los procesos de coalición. De hecho, Izquierda Unida de Madrid ha convocado a sus socios de coalición, EQUO y Podemos, para tratar de tomar una postura conjunta respecto a Más Madrid. Lo que en esa reunión se decida, acuda quien acuda, es muy importante para la relación con Podemos, pero no determina nada respecto a Más Madrid.

Más Madrid es quien hegemoniza este proceso y, si manda, es porque esa marca es mucho más que Carmena y Errejón. Me sorprende observar cuánta gente habla de personalismo o de hiperliderazgos y, como concluyendo, de ambiciones personales al analizar lo que está ocurriendo en Madrid. Lo entiendo en el caso de periodistas y tertulianos, que son profundamente ignorantes de lo que no se halle en la superficie, a causa de su alejamiento del compromiso participativo, pero no lo entiendo en el caso de los militantes de la izquierda.

Más Madrid es hegemónico porque se nutre de una base social, del movimiento social realmente existente, el mismo que hizo posible Ahora Madrid o la las movilizaciones del 15-M. Por eso, es fuerte, es comunitario y no personalista, y es confluyente. Más Madrid no desprecia a los partidos. Al contrario, defiende el derecho a las diversas identidades. Lo que Más Madrid pone en cuestión es la forma de los partidos hasta ahora existentes, la jerarquía de su organización y de su toma de decisiones, el anteponer los intereses de partido a las necesidades de grupos sociales extensos. Pone también en cuestión las siglas de esos partidos, porque están gastadas y son rechazadas por mayorías crecientes de personas, como demuestra la abstención en Andalucía.

Me atrevo a vaticinar que Más Madrid será la forma de confluencia en la capital y en la Comunidad Autónoma, que lo es ya. Allí podrá integrarse quien lo desee, pero sin añadir guión Podemos o guión Unidas Podemos o cualquier otro guión. Eso es así ya y las encuestas dicen que la fórmula tiene futuro. Lo otro, lo que ocupa los titulares de la prensa, no es más que la crónica de la pérdida de la hegemonía de los viejos partidos de la izquierda y su resistencia al cambio.

Marcelino Flórez

Memoria de las víctimas, Historia y Política

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